By Archbishop Thomas Wenski - The Archdiocese of Miami
Fotógrafo: ANA RODRIGUEZ-SOTO | FC
El arzobispo Thomas Wenski predica la homil�a durante la misa por el alma de Mons. Agust�n Rom�n.
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La imagen de la Virgen de la Caridad enmarca el f�retro de Mons. Agust�n Rom�n.
Perm�tanme comenzar por saludar a Su Excelencia, el Arzobispo Carlo Mar�a Vigan�, el Nuncio Apost�lico en los Estados Unidos. Esta Iglesia de Miami le da la bienvenida y le damos las gracias por representar al Santo Padre hoy en el funeral de Monse�or Rom�n y, por supuesto, el Papa Benedicto est� doblemente representado hoy con la presencia tambi�n del Nuncio Apost�lico en Hait�, Monse�or Bernardito Auza.
Saludo, asimismo, al arzobispo John Favalora y a mis hermanos en el episcopado de la provincia eclesi�stica de la Florida, as� como al arzobispo Dionisio Garc�a de Santiago de Cuba, a Monse�or Mario Mestril de Ciego de �vila, y al obispo de Holgu�n, Monse�or Emilio Aranguren, que est�n aqu� en representaci�n de la Iglesia de Cuba . Su solidaridad con nosotros en este d�a es un testimonio vivo del tema del Jubileo del 400 aniversario del hallazgo y de la presencia de la Virgen de la Caridad en Cuba: A Jes�s por Mar�a, La Caridad Nos Une.
Al hermano de Monse�or Rom�n y a sus hermanas, sus sobrinos y sobrinas, les expresamos nuestro m�s sentido p�same. Para los muchos sacerdotes aqu�, el obispo fue tambi�n un hermano y un padre. Esta comunidad entera - los cat�licos y no cat�licos, los cubanos y no cubanos - todos nos sentimos hoy un poco hu�rfanos - no s�lo los cientos que estamos reunidos aqu� en la Catedral de St. Mary para rezar por su hermano, sino tambi�n los miles m�s que visitaron la Ermita el jueves y el viernes, as� como aquellos que est�n siguiendo esta misa por televisi�n o por radio en todos los Estados Unidos, Am�rica Latina y Cuba. La pena de haber perdido a un ser querido es una cruz muy dif�cil de llevar pero ustedes � nosotros � no la llevamos solos.
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Visiblemente emocionado, el arzobispo Thomas Wenski llega al santuario de la catedral para comenzar la misa.
Monse�or Rom�n vivi� estos d�as con esa alegr�a que brota de la fe. Estaba convencido que la visita pastoral del Santo Padre traer�a grandes frutos para Cuba y su Iglesia como lo hizo la visita del Papa Juan Pablo II hace 14 a�os. Y, por supuesto, la Semana Santa, como es siempre para todos los cristianos , fue una semana de gracia, y para el obispo Rom�n, la Semana Santa tambi�n fue una semana llena de a�n m�s oportunidades para predicar, ense�ar, confesar: en una palabra, para evangelizar.
El domingo de Pascua, los "aleluyas", cantados para anunciar la Resurrecci�n de Nuestro Se�or se hicieron a�n m�s gozosos por el anuncio de que el Papa hab�a declarado al Padre F�lix Varela "venerable".
Nosotros, por supuesto, todav�a estamos en la octava de Pascua: estos ocho d�as se celebran como si fueran un solo d�a de la Pascua. Y fue durante esta octava de Pascua, con su alegr�a de un nuevo renacer y esperanzas renovadas, que Dios en sus caminos inescrutables llam� a Monse�or Rom�n a su casa celestial despu�s de una vida de servicio dedicado y desinteresado, tanto a la Iglesia como a la naci�n cubana. Cuando me enter� de la muerte de Monse�or en la noche del mi�rcoles, dije: �La Arquidi�cesis de Miami ha perdido a un gran evangelizador, que predic� la buena nueva a todos sin tregua. Y la naci�n cubana ha perdido a un gran patriota. Monse�or Rom�n era el F�lix Varela de nuestros tiempos.
En su libro, "Memoria e Identidad," el Beato Juan Pablo II afirm� la diferencia entre un patriotismo constructivo y un nacionalismo destructivo. "El patriotismo es el amor por todo lo relacionado con nuestra tierra: su historia, sus tradiciones, su lengua, sus caracter�sticas naturales. Es un amor que se extiende tambi�n a las obras de nuestros compatriotas y los frutos de su genio. Mientras que el nacionalismo implica reconocer y perseguir el bien de la propia naci�n sola, sin tener en cuenta los derechos de los dem�s, el patriotismo es un amor por la tierra natal que otorgue derechos a todas las otras naciones iguales a los reclamados por la propia. El patriotismo, en otras palabras, conduce a un amor social bien ordenado".
La patria es el patrimonio com�n de todos los ciudadanos y como tal impone un deber serio. Al igual que Varela, quien dijo: "No hay patria sin valores", Monse�or Rom�n comprendi� que no era menos patriota por ser cat�lico ni tampoco menos cat�lico por ser patriota. Esta s�ntesis Vareliana de la fe religiosa y del deber c�vico tambi�n explica la importancia de la Ermita para la Di�spora cubana - y la importancia del trabajo que Monse�or Rom�n hacia all�.
Podr�amos decir que el Santuario fue construido como un reproche a la mentira del leninismo marxista que esclaviz� a Cuba hace 53 a�os. El materialismo ideol�gico pretendi� que Dios no exist�a y trat� de borrar toda huella de Dios en la historia de Cuba y de destruir la identidad religiosa de la naci�n cubana. El mural que adorna el santuario del la Ermita cuenta la historia verdadera de Cuba - una historia que reconoce las contribuciones de hombres y mujeres de fe en la vida e identidad de la naci�n cubana.
Pero tambi�n Monse�or Rom�n vio la Ermita como un ant�doto para el materialismo pr�ctico, que pone en peligro la vida de fe, aun en esta tierra de grandes libertades y oportunidades. Este materialismo pr�ctico, que valora a las personas por lo que tienen y no por lo que son, pretende que Dios no importa.
Hace unos meses, un amigo de Monse�or me cont� que el obispo hab�a cambiado el curso de su vida. Cuando comenz� su carrera m�dica, por lo que �l pens� que ser�a un buen negocio, �l permiti� que algunos m�dicos hicieran abortos en sus cl�nicas. El Padre Rom�n se enter� - y fue a visitarlo. "�Crees en Dios?", el padre Rom�n le pregunt�. "S�", respondi�. Y entonces el padre Rom�n - que encarn� al mismo tiempo una profunda humildad y un coraje ardiente - le dijo: "ni uno m�s, ni uno m�s". Y no hubo m�s.
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El di�cono Manolo Perez, que sirvi� como maestro de ceremonias de Mons. Agust�n Rom�n durante 28 a�os, se prepara para leer el evangelio durante la misa.
�En la Vigilia Pascual, la noche de la nueva creaci�n, la Iglesia presenta el misterio de la luz con un s�mbolo del todo particular y muy humilde: el cirio pascual. Esta es una luz que vive en virtud del sacrificio. La luz de la vela ilumina consumi�ndose a s� misma. Da luz d�ndose a s� misma. As�, representa de manera maravillosa el misterio pascual de Cristo que se entrega a s� mismo, y de este modo da mucha luz. Otro aspecto sobre el cual podemos reflexionar es que la luz de la vela es fuego. El fuego es una fuerza que forja el mundo, un poder que transforma. Y el fuego da calor. Tambi�n en esto se hace nuevamente visible el misterio de Cristo. Cristo, la luz, es fuego, es llama que destruye el mal, transformando as� al mundo y a nosotros mismos".
Santa Catalina de Siena una vez dijo: "Si uno es lo que debe ser, va a configurar todo el mundo en llamas". Monse�or Rom�n vivi� las �ltimas horas de su vida de la misma manera que �l las pas� toda su vida: evangelizando, predicando la buena nueva. �l fue lo que debi� haber sido: un amigo de los pobres, de los enfermos, los encarcelados, los exiliados y los inmigrantes. �l fue un amigo para todos nosotros - porque �l fue ante todo y sobre todo un amigo de Jes�s. �l era luz, era fuego. En su pasi�n por evangelizar, por catequizar, nunca trat� de hacer que la gente se convirtiera en sus fan�ticos. Solo le interesaba llevarles a Cristo.
En el idioma haitiano, la palabra "santo" se traduce simplemente "Zanmi Bondye", un amigo de Dios. Agust�n Rom�n era un hombre santo y un sacerdote totalmente entregado - era un "amigo de Dios". Trabaj� sin descanso para que nosotros fu�ramos "Zanmi Bondye".
Ruega por nosotros Santa Mar�a Madre de Dios.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Se�or Jesucristo.
�Virgen de la Caridad, ruega por nosotros! �Virgen de la Caridad, salva a Cuba!
Comments from readers
Desde el cielo est� bendiciendo a esa tierra que tanto quiso y a la que nunca volvi�, Monse�or nosotros los cubanos que estamos diseminados por todo el mudo no lo olvidaremos ni tampoco olvidaremos lo que hizo por muestros hermanos cada vez que se ha presentado una cr�sis y ha sido requerida su presencia, hoy descansa junto al Padre....que El lo bendiga siempre.Amen