By Jim Davis - Florida Catholic
Fotógrafo: Courtesy of Franciscan Sisters of Perpetual Adoration
La Hna. Thea Bowman,cuya canonización ha sido propuesta por la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos.
MIAMI | Los obispos de la nación se pronunciaron dos veces contra el racismo en su asamblea plenaria anual de otoño, condenando la práctica en una carta conjunta, y apoyando la causa de la santidad de una monja afroamericana.
Basándose en el trabajo de un año de su comité de diversidad cultural, la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos aprobó el 14 de noviembre el documento “Open Wide Our Hearts: The Enduring Call to Love”, (Abramos nuestros corazones: La llamada continua al amor), su primera declaración formal sobre el racismo en casi cuatro décadas.
Los obispos también ofrecieron un apoyo unánime al esfuerzo para canonizar a la Hna. Thea Bowman, miembro de las Hermanas Franciscanas de la Adoración Perpetua, que pasó sus 52 años promoviendo la educación entre los negros y elevando su presencia en la Iglesia de los Estados Unidos.
La carta sobre el racismo fue aprobada por una abrumadora mayoría de 241 votos a favor, 3 en contra y una abstención. El Obispo Shelton J. Fabre, presidente del Comité Ad Hoc contra el racismo, dijo que la declaración conjunta era necesaria “después de presenciar el deterioro del discurso público, y los episodios de violencia y animosidad con tintes raciales y xenófobos, que han resurgido en la sociedad estadounidense en los últimos años”.
“Las cartas pastorales de todo el pleno de obispos son raras, son pocas y poco frecuentes”, dijo en una declaración el Obispo Fabre, de Houma-Thibodaux.
“Pero en momentos clave de la historia, los obispos se han reunido para hacer importantes pronunciamientos, prestando atención a un tema particular y con la intención de ofrecer una respuesta cristiana, llena de esperanza, a los problemas de nuestro tiempo. Éste es un buen momento”.
La redacción de la carta fue uno de los principales objetivos del comité ad hoc cuando los obispos lo formaron en agosto de 2017. Otros objetivos eran abordar el pecado del racismo en la sociedad y en la Iglesia, y animar a la sociedad a unirse para encontrar soluciones.
Entre los puntos de la carta están:
- Todos los seres humanos son hermanos y hermanas, todos igualmente hechos a la imagen de Dios. El racismo es, por lo tanto, un problema moral y teológico que se manifiesta institucional y sistemáticamente.
- Sólo la conversión individual de los corazones, que luego se multiplica, obligará al cambio y a la reforma de las instituciones y de la sociedad. Es imperativo hacer frente a las causas profundas del racismo y a la injusticia que éste produce.
- El amor de Dios nos une y debe desbordarse en las relaciones entre todas las personas. Los cambios necesarios para superar el racismo requieren un encuentro profundo con Dios a través de Cristo, que puede sanar toda división.
“Abramos nuestros corazones: El llamado continuo al amor”, se basa en la declaración colectiva hecha por los obispos en 1979, “Nuestros hermanos y hermanas: Una carta pastoral sobre el racismo en nuestros días”. Ese documento declara: “El racismo es un pecado: un pecado que divide a la familia humana, borra la imagen de Dios entre los miembros específicos de esa familia, y viola la dignidad humana fundamental de aquellos llamados a ser hijos del mismo Padre”.
El texto completo, así como muchos de los materiales pastorales que lo acompañan, están publicados en http://www.usccb.org/racism. Los materiales incluirán insertos para boletines, ayuda para las homilías, materiales de oración, información básica sobre el racismo sistémico y actividades para las aulas de educación primaria, secundaria y superior.
Esa misma tarde, los obispos aprobaron la campaña para canonizar a la Hna. Thea, la única afroamericana integrante de las Hermanas Franciscanas de la Adoración Perpetua. Su voto unánime a favor de la causa a nivel diocesano fue a petición del Obispo Joseph R. Kopacz, de Jackson, Mississippi.
La Hna. Thea Nació en 1937 como Bertha Elizabeth Bowman; era nieta de esclavos y fue la única hija de padres de mediana edad, el Dr. Theon Bowman, médico, y Mary Esther Bowman, maestra.
Se convirtió de niña al catolicismo por la inspiración de dos órdenes religiosas �las Hermanas de la Adoración Perpetua y los Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad� quienes fueron sus maestros y pastores en la iglesia y escuela del Divino Niño Jesús, en Canton, Mississippi.
Aprendió de niña sobre la cultura y la espiritualidad afroamericanas a través de la historia, relatos, canciones, oraciones, costumbres y tradiciones. A la edad de 15 años, anunció su intención de unirse a las Hermanas Franciscanas de la Adoración Perpetua.
Dejó su casa y viajó a LaCrosse, Wisconsin, donde era la única afroamericana miembro de su comunidad religiosa. En su profesión religiosa, se le dio el nombre de Hna. Mary Thea, en honor a la Santísima Madre y a su padre, Theon.
La joven monja fue entrenada para ser maestra y enseñó en todos los grados. Obtuvo un doctorado en inglés de la Universidad Católica de América, en Washington, D.C., y luego enseñó en la Universidad Católica y en la Universidad de Xavier, en Nueva Orleáns.
Sin embargo, en 1984, le diagnosticaron cáncer de mamas. A pesar de las noticias devastadoras, la Hna. Thea juró “vivir hasta que muera”. La enfermedad causó dolor y metástasis en sus huesos, y la quimioterapia hizo que perdiera el cabello. Sin embargo, continuó con un riguroso programa de charlas, movilizándose en silla de ruedas, vistiendo la vestimenta tradicional africana y una sonrisa.
Su determinación la llevó a la reunión de primavera de los Obispos de Estados Unidos en 1989, en la Universidad de Seton Hall, en East Orange, Nueva Jersey. La Hna. Thea les habló a los obispos como una hermana conversa de “corazón a corazón” con sus hermanos.
Les habló sobre la historia y la espiritualidad afroamericana. Los exhortó a continuar evangelizando entre los negros y a encontrar maneras para ayudarlos a ser parte de la vida de la Iglesia. Finalmente, invitó a los obispos a cantar “We Shall Overcome” (Venceremos).
La Hna. Thea murió en 1990, a la edad de 52 años, pero las ondas de su vida todavía se están extendiendo. Varias instituciones llevan su nombre, incluyendo varias escuelas, una fundación educativa para estudiantes de bajos recursos, unidades de vivienda para pobres y ancianos, y una clínica de salud.
También es protagonista de libros, artículos y una obra de teatro, así como de estampas con oraciones, estatuas y vitrales.