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Columns | Sunday, April 24, 2022

'Patria y Vida': la visión de Monseñor Agustín Román

Columna del Arzobispo Wenski para la edición de abril de La Voz Católica

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El 11 de abril fue el décimo aniversario de la entrada a la vida eterna del venerado Obispo Auxiliar de Miami Agustín Román. Se le recuerda como un santo sacerdote, un gran eclesiástico y un patriota cubano. El pasado 11 de julio en Cuba, cuando miles protestaron contra una dictadura intransigente, la consigna que los unió fue “Patria y Vida”, una respuesta a la tan repetida consigna “Patria o Muerte”, de Fidel Castro.

“Patria y Vida”, me atrevería a decir, también podría describirse como la visión rectora de la vida y el ministerio del obispo Román. La patria es el patrimonio común de todos los ciudadanos y como tal impone un deber serio. Al igual que Varela, quien dijo: "No hay patria sin valores", Monseñor Román comprendió que no era menos patriota por ser católico ni tampoco menos católico por ser patriota. Esta síntesis Vareliana de la fe religiosa y del deber cívico también explica la importancia de la Ermita para la Diáspora cubana — y la importancia del trabajo que Monseñor Román hacia allí. Monseñor Román era el Félix Varela de nuestros tiempos.

Podríamos decir que el Santuario fue construido como un reproche a la mentira del leninismo marxista que esclavizó a Cuba hace 63 años. El materialismo ideológico pretendió que Dios no existía y trató de borrar toda huella de Dios en la historia de Cuba y de destruir la identidad religiosa de la nación cubana. El mural que adorna el santuario de la Ermita cuenta la historia verdadera de Cuba - una historia que reconoce las contribuciones de hombres y mujeres de fe en la vida e identidad de la nación cubana. Pero también Monseñor Román vio a la Ermita como un antídoto para el materialismo práctico, que pone en peligro la vida de fe, aun en esta tierra de grandes libertades y oportunidades. Este materialismo práctico, que valora a las personas por lo que tienen y no por lo que son, pretende que Dios no importa.

La vida de Monseñor Román fue un testimonio coherente de que Dios sí importa. Y porque Dios importa también importan las criaturas hechas a su imagen y semejanza, no obstante su vulnerabilidad o su debilidad. Monseñor Román no se cansaba de poner ante nosotros las palabras de María, dirigidas a los sirvientes en las bodas de Caná: "Haced lo que él (Jesús) os diga". Y el obispo Román siempre insistió en que para ser devoto de María había que imitarla en su confianza y su obediencia.

El Papa, San Juan Pablo II, en su libro, "Memoria e Identidad," afirmó la diferencia entre un patriotismo constructivo y un nacionalismo destructivo. "El patriotismo es el amor por todo lo relacionado con nuestra tierra: su historia, sus tradiciones, su lengua, sus características naturales. Es un amor que se extiende también a las obras de nuestros compatriotas y los frutos de su genio. Mientras que el nacionalismo implica reconocer y perseguir el bien de la propia nación sola, sin tener en cuenta los derechos de los demás, el patriotismo es un amor por la tierra natal que otorgue derechos a todas las otras naciones iguales a los reclamados por la propia. El patriotismo, en otras palabras, conduce a un amor social bien ordenado".

Monseñor Román sufrió exilio por culpa de un nacionalismo destructivo que se apoderó de su amada Cuba, pero nunca dejó de ser un patriota – ni jamás dejó de predicar sin cansancio la buena nueva de Jesucristo que nos da la vida eterna. Se dedicó totalmente a la Patria y a la Vida.

Esta columna está adaptada de una reflexión que el Arzobispo Wenski escribió para una sección en El Nuevo Herald que recordaba la figura y persona de Mons. Agustín Román en el décimo aniversario de su muerte.

Comments from readers

Arturo M. Sosa - 05/02/2022 12:42 AM
Thanks for this column honoring Bishop Roman on the tenth anniversary of his departure to the “second floor”. Unfortunately, the last paragraph is troubling because he “suffered exile DUE TO INTERNATIONAL COMMUNISM not because of nationalism”. As a matter of fact, the Castro communists immediately supplanted the Cuban flag with the red/black 26th of July flag (perhaps a variation of the anarchists’ flag?) and didn’t bring back the flag of the lonely star until they started participating in international sporting competitions/Olympics/etc. Definitely, not the typical actions of a nationalistic movement. Furthermore, such a movement would never sell the sovereignty of their nation to the Soviet Union like they did. Although, Fidel Castro was a mediocre thug dedicated to bullying people at the University of Havana; he had a great talent (perhaps bordering at the genius level) to develop and implement all sorts of evil schemes. I strongly believe that his hatred of the USA was only surpassed by his hatred of the Cuban people, who he set out to degrade and destroy gradually at the onset. Unlike General Jaruzelski who in 1981 hindered the intervention of the Soviet Union in Poland. Respectfully, Arturo M. Sosa

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