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El suelo está parejo

El Papa Francisco no promueve el matrimonio homosexual

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El Papa Francisco saluda a los asistentes, en número limitado, de la audiencia general del miércoles 28 de octubre, en el Salón Pablo VI, en el Vaticano.

Fotógrafo: Vatican Media/CNA

El Papa Francisco saluda a los asistentes, en número limitado, de la audiencia general del miércoles 28 de octubre, en el Salón Pablo VI, en el Vaticano.

“¿Por qué tanto brinco, si el suelo está parejo?", es un refrán que se utiliza en el idioma español, para decirle a alguien que no alborote con un contrasentido. O, en otros casos, sirve para advertir cuando alguien quiere conmocionar a un grupo, que avanza informado y con ideas claras.

Este antiguo refrán bien podría aplicarse al documental titulado "Francesco" y que el cineasta estadounidense-israelí, Evgeny Afineevsky, estrenara a mediados de octubre con una amplia estrategia de prensa, en la que destacaban unas desconocidas opiniones del Papa Francisco sobre los homosexuales.

Fue así que, después de un prudente espacio de tiempo —a lo vaticano, donde no suelen tener acciones reactivas—, los obispos del mundo recibieron la posición oficial de la Santa Sede acerca de las susodichas declaraciones. De este modo, se dejó el piso parejo para quienes se preguntaron, si acaso el lider de los católicos habría cambiado la doctrina acerca de la familia...

 

AMA Y HAZ LO QUE QUIERAS

La primera referencia que hace la mencionada carta vaticana del 2 de noviembre último, escrita con el fin de dar "elementos útiles a una adecuada comprensión en relación a algunas afirmaciones" del mencionado documental, fue para aclarar que hace más de un año, el Papa dio respuesta a dos preguntas distintas, en dos momentos diferentes de una entrevista a un medio de comunicación.

Como el director del documental las ha unido en una sola respuesta, esto ha causado alguna confusión que la carta lo explica con claridad.

En referencia a las primeras declaraciones, en el sentido de que, dentro de la familia, los hijos con orientación homosexual no deben ser jamás discriminados y menos echados de la familia, la carta trae a la memoria lo señalado en la exhortación apostólica “Amoris laetitia” del Papa Francisco, que en el numeral 250 dice a la letra: "Por lo que se refiere a las familias (..) se trata por su parte de asegurar un respetuoso acompañamiento, con el fin de que aquellos que manifiestan una tendencia homosexual puedan contar con la ayuda necesaria para comprender y realizar plenamente la voluntad de Dios en su vida”.

Como puede verse, esta actitud para con los de la propia familia, forma parte de la columna vertebral de la caridad cristiana, que se ejerce en ocasiones con auxilio de lo sobrenatural. Esto debido a que, cuando la razón no puede comprender todo, se debe apelar a los motivos del corazón. Allí es donde se anida y crece el amor de Dios, especialmente en los padres de familia.

 

AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR

En relación al segundo grupo de declaraciones incluidas en el documental, en estas se escucha al Papa abogar por una figura legal de "convivencia social", referido a lo que sugirió al punto, en su país natal. Esto lo habría manifestado diez años atrás en medio de un debate de tipo legislativo, acerca de las personas del mismo sexo que habían establecido una relación vinculante por el tiempo y la costumbre.

La carta vaticana explica que lo dicho fue una propuesta del Papa en el ámbito civil argentino, como respuesta de oposición a una ley local sobre "matrimonios igualitarios de parejas del mismo sexo", la cual en su momento fue calificada por el entonces arzobispo de Buenos Aires como "incongruente".

Sin embargo, ante una realidad patente en que los estados laicos quieren justificar tales uniones civiles para regular aspectos económicos como una herencia o para garantizar la asistencia sanitaria, el Papa Bergoglio, ya en su condición de sucesor de Pedro, indicó en otra entrevista que "sería necesario ver los diferentes casos y valorarlos en sus variedades".

Es evidente, concluye la carta de la Santa Sede, que el Santo Padre "se ha referido a determinadas disposiciones estatales, no ciertamente a la doctrina de la Iglesia, numerosas veces confirmada en el curso de los años".


MATRIMONIO Y MORTAJA, DEL CIELO BAJA

Está claro que las declaraciones del Papa estuvieron referidas a la misión de la familia, como escuela de humanidad, que debe acoger en su seno a quienes han sido fruto del amor: los hijos. Y de modo subyacente, se ha referido a la Iglesia, que en su condición de entidad propositiva en medio de la sociedad donde le toque desarrollarse, velará siempre para que los Estados hagan el mayor bien posible a sus ciudadanos y no haya exclusiones que acarreen más dolor.

Independiente de ello y, para quienes conocen la moral católica, es evidente que en esta no cabe el “matrimonio igualitario” o para personas del mismo sexo. Esto es algo que la Iglesia no podrá ni siquiera reconsiderar, pues el origen del matrimonio entre un hombre y una mujer, biológicamente diferenciados, abiertos y capaces de crear vida de modo natural, hunde sus raíces en el relato bíblico del Génesis.

A este deseo naciente —ley divina o ley natural, como se tipifica—, se le sumó luego la exégesis de los padres de la Iglesia y la posterior teología y el magisterio pontificio hasta nuestros días. No se ve posible por lo tanto, que la Iglesia pueda desarmar una base tan sólida como es la familia en mención, que en todo momento se ha alentado construirla sobre bases de fidelidad, legalidad y pasión.

Con el fin de advertir sobre el riesgo de que este fundamento se altere, el Papa Francisco escribió así en el numeral 251 de “Amoris laetitia”: “Es inaceptable que las iglesias locales sufran presiones en esta materia y que los organismos internacionales condicionen la ayuda financiera a los países pobres a la introducción de leyes que instituyan el ‘matrimonio’ entre personas del mismo sexo”.

Pareciera que con esto último, el Santo Padre hubiera querido parafrasear el conocido refrán: “Guerra avisada, no mata gente”.


Una versión de este artículo fue publicada originalmente en la edición de Noviembre de La Voz Católica.


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