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‘El asunto es cómo el Estado protege a la población en general’

Teólogo moral, reflexiona sobre la enseñanza papal revisada sobre la pena de muerte

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La sección sobre la pena de muerte, Nº 2267, del Catecismo de la Iglesia Católica ha sido modificada por el Papa Francisco, basada en enseñanzas que se remontan a Evangelium Vitae de San Juan Pablo II.

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La sección sobre la pena de muerte, Nº 2267, del Catecismo de la Iglesia Católica ha sido modificada por el Papa Francisco, basada en enseñanzas que se remontan a Evangelium Vitae de San Juan Pablo II.

MIAMI | Cuando se le preguntó sobre los cambios anunciados recientemente a la enseñanza católica sobre la pena de muerte, el P. Alfred Cioffi , profesor asociado de biología y bioética de la Universidad St. Thomas (STU), ahondó en temas de infalibilidad papal, dignidad humana y la necesidad de proteger a la sociedad.

El Padre Cioffi tiene doctorados en teología moral y genética, y ha sido sacerdote durante 33 años. Es titular de la cátedra de Bioética Blue Cross-Blue Shield en STEM, en la Universidad St. Thomas. Sus intereses profesionales son la bioética de la vida humana, la bioética ambiental y el diálogo entre ciencia y religión. En STU, también investiga la conservación de bosques urbanos y alternativas de energía renovable para quemar combustibles fósiles.

Está asociado con el Centro Nacional de Bioética Católica, la Conferencia Católica de La Florida, la Asociación Médica Católica, los Caballeros de Colón, los Servicios de Salud Católicos, el Ministerio de Prisiones Rescate, el programa de Ministerios Laicos y el Ministerio de Respeto a la Vida, de la Arquidiócesis de Miami.

El Papa Francisco revisó el Catecismo de la Iglesia Católica para afirmar que “la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona” y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo.

El cambio fue comunicado el 2 de agosto por el Cardenal Luis Ladaria, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El P. Cioffi habló con The Florida Catholic el 4 de agosto.


P. La Iglesia en La Florida y en otros lugares ha tenido un largo compromiso con el ministerio de prisiones y los asuntos sobre la pena capital, en medio de una diversidad de diferentes opiniones públicas entre los fieles sobre la moralidad y la aplicabilidad de la pena capital. ¿Ha estado respondiendo a muchas preguntas sobre este cambio en el catecismo?

R. Como las clases en STU no comienzan hasta finales de agosto, sospecho que en los próximos días voy a estar recibiendo más preguntas y comentarios sobre el tema. Además, el Papa aquí no está hablando con infalibilidad, ya que el catecismo es parte del magisterio ordinario, y no una extraordinaria declaración infalible del Papa, como sería, por ejemplo, la Inmaculada Concepción o la Asunción de la Bienaventurada Virgen María en cuerpo y alma al cielo, ambas declaraciones infalibles.


P: ¿Ha visto de primera mano cómo se aplica la pena de muerte en La Florida y, en su opinión, es siempre la pena de muerte un elemento disuasivo de la actividad delictiva, y por qué?

R. La pena de muerte, cuando se aplica correctamente, es una extensión del principio de autodefensa a nivel colectivo, del mismo modo que un individuo tiene el derecho moral de defenderse contra un agresor injusto, incluso hasta el punto de matar al agresor, por ejemplo, en el caso de violación. Entonces el Estado tiene el derecho de defender a la población en general contra un asesino en masa. Pero en contraste con un individuo que puede renunciar a su derecho a la defensa propia y elegir el martirio en su lugar, el Estado en realidad tiene el deber de proteger a la población en general contra un asesino o contra cualquier otro criminal. Entonces, el asunto es cómo el Estado protege a la población en general. La mayoría de los países del mundo usan las cárceles para eso. Durante años, he estado involucrado en el ministerio de prisiones, incluso escuchando confesiones sacramentales de prisioneros. Pero nunca he sido testigo de la aplicación de la pena de muerte a un prisionero.

El P. Alfred Cioffi, quien tiene un doctorado en bioética y teología moral, es profesor asociado de biología y bioética en la Universidad St. Thomas, en Miami Gardens.

Fotógrafo: ISABELLA HAINLIN | FC

El P. Alfred Cioffi, quien tiene un doctorado en bioética y teología moral, es profesor asociado de biología y bioética en la Universidad St. Thomas, en Miami Gardens.


P. El texto revisado señala que “hoy está cada vez más viva la conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves”. ¿Su opinión?

R. Si bien esta “mayor conciencia” pudiera ser verdad (y no sé cómo lo está midiendo nuestro Santo Padre), la Iglesia Católica siempre ha sostenido que nuestra dignidad no se basa en nada que hagamos o dejemos de hacer, sino en el hecho objetivo de que todos los seres humanos son creados a imagen y semejanza de Dios. Por lo tanto, no podemos realmente destruir nuestra dignidad, sin importar cuánto lo intentemos; sería como tratar de deshacernos de nuestra alma, nuestra conciencia o nuestra humanidad. Por supuesto, supongo que muchas personas juzgan a los demás de acuerdo con nuestro buen o mal comportamiento, pero esta primera oración pretende resaltar nuestro valor intrínseco como hijos de Dios y creación única, destinada a la vida eterna con él. Aquí, entonces, aceptaré al pie de la letra la declaración de nuestro Santo Padre, de que actualmente hay una “mayor conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde”.


P. El nuevo texto también agrega: “Además, se ha extendido una nueva comprensión acerca del sentido de las sanciones penales por parte del Estado”.

R. Esto podría ser una referencia a  señalar que, en algunos países, el Estado pone mucho énfasis y recursos en reformar y reintegrar a los prisioneros a una vida saludable en la sociedad, como en Escandinavia, por ejemplo. Pero estos son los mismos países escandinavos que legalizaron no sólo el suicidio asistido por un médico sino la eutanasia real, incluido el comienzo de la eutanasia involuntaria. En contraste, algunos otros países ni siquiera tienen prisiones, porque les cortan la mano a los ladrones, como en Irán, y por lo tanto el reinado de la intimidación mantiene a la gente “en el buen camino”. ¿Es esto “una nueva comprensión acerca del sentido de las sanciones penales”? Realmente, no sé a qué se refiere esta segunda frase, a menos que sea una ilusión, o limitada a algunos países del mundo.


P. La nueva sección continúa con esta afirmación de mejoras incrementales en el sistema penal global: “En fin, se han implementado sistemas de detención más eficaces, que garantizan la necesaria defensa de los ciudadanos, pero que, al mismo tiempo, no le quitan al reo la posibilidad de redimirse definitivamente”. Usted compara eso con las palabras de Juan Pablo II en Evangelium Vitae, publicadas en marzo de 1995.

R. Quiero concentrarme en una oración crucial de San Juan Pablo II, donde dice: “Hoy, sin embargo, como resultado de mejoras constantes en la organización del sistema penal, estos casos son muy raros, si no prácticamente inexistentes”. Este sentimiento se repite en la declaración del Papa Francisco: “En fin, se han implementado sistemas de detención más eficaces, que garantizan la necesaria defensa de los ciudadanos…” Pero hasta el día de hoy recuerdo claramente que, en enero de 1995, seis presos condenados por asesinato escaparon de una prisión de alta seguridad en La Florida rural, con el simple y viejo truco de cavar un túnel bajo el alambre de púas, hacia la libertad. Todos los fugitivos finalmente fueron atrapados, pero tomó casi tres años atrapar al último. Sería interesante investigar si, mientras huían, estos asesinos mataron a alguien más, lo que representa un caso muy gráfico a favor de la pena de muerte.


P. ¿Cómo se puede conciliar que la vida humana debe protegerse en forma absoluta y aun así permitir la pena de muerte? Sabemos que hay diferencias en los textos del Catecismo cuando se habla de una vida inocente tomada a través del aborto y de un asesino convicto. ¿Es esta revisión infalible?

R. La nueva declaración papal no es infalible, ya que no es ex-cátedra (“desde la Cátedra de Pedro”). Por lo tanto, existe la posibilidad de disensión respetuosa, tener razón grave para hacerlo como una cuestión de conciencia. Yo, personalmente, estoy en contra de la pena de muerte aquí en los Estados Unidos, pero por diferentes razones a las del Papa Francisco. Me opongo a la pena de muerte en los Estados Unidos porque estoy convencido de que la mayoría de la gente en nuestra sociedad la ve como una forma de venganza o retribución: Tú mataste, por lo tanto, hay que matarte. Sin embargo, por más que se mate al asesino, la víctima no resucitará. Además, matar al asesino por haber matado pertenece a la antigua ley del “ojo por ojo”, que fue reemplazada por Cristo cuando dijo: “… pero yo les digo, amen a sus enemigos, oren por quienes les persiguen” (Mt. 5: 44). La manera cristiana, para un asesino convicto, quizás es la cadena perpetua, lo que le ofrece al prisionero todas las oportunidades de arrepentirse y buscar el perdón. Y la manera cristiana es, ciertamente, perdonar a un pecador arrepentido.


P. ¿Quiere aportar alguna otra consideración?

R. En vista del hecho de que el Papa Francisco menciona “… la determinación para la abolición [de la pena de muerte] en todo el mundo”, yo pudiera estar a favor de la pena de muerte en ciertos países del mundo donde el Estado es aún menos capaz de encarcelar a un asesino a perpetuidad y sin posibilidad de escape, dada la corrupción masiva, junto con sistemas penitenciarios ineficientes, y carteles extremadamente bien armados en lugares como Colombia, México, Venezuela y Brasil, para nombrar unos pocos. En estos lugares, bien pudiera ser que la única forma en que el Estado proteja realmente a su ciudadanía de más crímenes violentos, es ejecutando a criminales violentos. Mi única esperanza, entonces, es que esta última declaración de nuestro Santo Padre no sea contraproducente, y termine lastimando más a las mujeres, los pobres, los niños, los desfavorecidos, los privados de sus derechos, los débiles, los adictos, los desamparados, y todos aquellos a quienes nuestro Santo Padre evidentemente trata de proteger y de promover, ya que éstas serían las víctimas más probables de los asesinos condenados y fugitivos.


Comments from readers

Steven M Lee - 08/18/2018 12:37 PM
Excellent article by Fr. Cioffi, thank you. I am troubled by the "increasing awareness" and the "new understanding" language promulgated by Pope Francis as the alleged justification for this "change" in Church teaching. It seems to adopt a relativistic approach, which could undermine all Church teaching. I hope we don't see "increasing awareness" and "new understanding" used to try and "change" other moral teachings of the Church, such Church teaching on contraception, sex outside of marriage, etc.
David Silva - 08/10/2018 08:17 AM
Retributive Justice and Restorative Justice. Both / And. Divine Law, which instituted Capital Punishment, cannot be unjust nor dare man abrogate it: Gen 6:9; Num 35:29-34; Jn 19:10-11; Lk 23:39–4; Rom 13:1-4. Pax Christi
Miguel Dotres - 08/09/2018 12:47 PM
personally supported the theory of the father, I am convinced that most people in our society see it as a form of revenge or retribution: You killed, therefore you need to be killed, And the Christian way is certainly to forgive repentant sinner

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