MIAMI | Así
es como un cantante de ópera, un jugador de fútbol americano universitario y un
policía se convierten en diáconos permanentes: “La autopista de Dios”, dijo el
Diácono Néstor Cárdenas. “Él te desvía de tu camino para poder llevarte a donde
Él quiere que estés”.
La Misa de
ordenación incluyó todo el esplendor y el ritual del catolicismo �el incienso y
los cantos, los símbolos y el silencio� durante dos emocionantes horas, no sólo
para los que estaban siendo ordenados, sino también para los cerca de 1,200
familiares, amigos y feligreses que fueron testigos de la ceremonia.
Fotógrafo: ANA RODRIGUEZ-SOTO | FC
El Arzobispo Thomas Wenski ordena al Diácono José Felipe Gómez, uno de los 13 nuevos diáconos permanentes de la Arquidiócesis de Miami.
Los nuevos
diáconos son todos casados y estaban acompañados de sus esposas, hijos y, en
algunos casos, de sus nietos. El diaconado permanente está abierto a hombres
casados, pero si son viudos no pueden casarse nuevamente. Los diáconos transitorios
son aquellos que serían ordenados sacerdotes, y por lo tanto, no se pueden
casar.
El recorrido
del Diácono Cárdenas comenzó hace muchos años, en su natal Venezuela, dijo su
esposa, Dulce Cárdenas. Cuando era niño consideró la vocación al sacerdocio.
Pero después se alejó de la Iglesia, estudió ópera y viajó por el mundo, actuando
sobre un escenario.
Incluso no
quería casarse por la Iglesia, dijo Dulce Cárdenas, y lo hizo sólo por la insistencia
de ella.
“Oré en voz
alta para que regresara a la Iglesia”, recordó Dulce Cárdenas.
Comenzó a
asistir a Misa con ella, un año después de su boda. En 1997 se mudaron de
Indiana, donde habían vivido desde 1982, al Sur de La Florida. Él comenzó a
servir como acomodador en su parroquia St. Bonaventure, en Davie.
Una
Nochebuena dijo que quería confesarse, porque quería recibir la Comunión. La
buena noticia llegó rápidamente, por medio de Dulce, a los padres de Néstor, en
Venezuela.
Finalmente,
ella le dijo al Diácono Víctor Pimentel, director del Diaconado Permanente de
la Arquidiócesis: “Creo que me excedí en mis oraciones, porque ahora quiere
convertirse en diácono”.
“Sé que su
mamá y su padre �que ya fallecieron� estarían aquí muy contentos por él y por
nosotros”, dijo Dulce Cárdenas. Ella describió los cinco años de discernimiento
y estudio en preparación para la ordenación como “el tiempo más maravilloso, no
sólo para él, sino también para nosotros, como pareja. Ver esto, sentada aquí�
Sólo puedo llorar”.
El miembro
más joven de los nuevos diáconos es John Clarke; se graduó en 1995 de
Chaminade-Madonna College Preparatory y es miembro de la Parroquia Nativity, en
Hollywood; se desempeñó como agente de la policía durante 11 años.
“Proteger y
servir es lo que soy”, dijo Clarke, padre de cinco hijos entre las edades de 7
años a 3 meses. Su esposa, Dawn, llevó el ofertorio con el bebé Willow en sus
brazos.
El Diácono
Clarke enseña actualmente artes marciales. Dijo que una experiencia cercana a
la muerte, en el 2004, lo convenció: “"Ya no
vivo yo, mas vive Cristo en mí".
“Siempre
pensé que era algo que haría más adelante en mi vida”, dijo sobre el diaconado
permanente. “Pero el llamado llegó temprano”, agregó.
Para el
Diácono Blaise Augustin, el diaconado significa hacer más de lo mismo, dijo su
esposa Algalite. Como laico, ayudó a construir la comunidad de la Misión
Haitiana de St. Joseph, en Pompano Beach. Ha participado en el ministerio de la
iglesia “desde que era un niño”, en su natal Haití, agregó.
Otro nuevo
diácono que ha tomado parte en el ministerio de la Iglesia durante toda su vida
es de origen argentino: Adrián Zapatero. Conoció a su esposa, Patricia, a través
de esa participación. Ella llegó al catolicismo desde el judaísmo; fue vicepresidenta
de la Acción Católica de la Arquidiócesis de Buenos Aires, y ahora promueve la
Acción Católica en los Estados Unidos.
Patricia
Zapatero dijo que su esposo consideró el sacerdocio cuando era joven y que “siempre
le quedó una vocación de servicio a la Iglesia más allá del laicado”. Finalmente,
su trabajo como agente de patentes y marcas registradas trajo a la familia a
Miami, donde son miembros de la parroquia Holy Rosary-St. Richard, en Palmetto
Bay.
“Nos
preguntamos durante mucho tiempo: ¿por qué el Señor nos sacó de lo que ya
teníamos armado (en Buenos Aires)?”, dijo Patricia Zapatero. “Y hoy podemos ver
el para qué”, agregó.
El Diácono Zapatero
es el primer argentino en ser ordenado diácono para la Arquidiócesis, dijo el
Diácono Pimentel, y como tal, tiene una especie de conexión en Roma: “Su
cardenal es ahora el Papa”.
De hecho,
Patricia Zapatero recuerda haber estado presente en la ordenación episcopal del
P. Jorge Bergoglio, en Buenos Aires. Fue una doble ordenación, y “el 90 por
ciento de la iglesia estaba por el otro obispo. Nos preguntábamos, ¿quien es el
chico bajito que está al lado de Raúl (el fallecido Obispo Raúl Rossi, de Corrientes)?
Y bueno, terminó siendo Papa”.
El Papa
Francisco es la misma persona que era cuando era Arzobispo de Buenos Aires,
agregó. “Es como es. Lo único, que se ríe más”.
El Diácono
Mark Westman inició su camino hacia la ordenación en la escuela secundaria,
cuando se unió a la Asociación de Atletas Cristianos mientras jugaba fútbol
para la Escuela South Miami Senior High.
“Fue allí donde
encontré a Cristo, y permaneció [conmigo] desde allí, en Oklahoma”, dijo. Jugó
como central para el equipo de fútbol de la Universidad de Oklahoma.
Criado dentro
de una familia metodista, el Diácono Westman se convirtió al catolicismo
después de casarse con su esposa, Ileana. Atribuye a su participación en el grupo
de Emaús, en su parroquia St. Louis, en Pinecrest, el descubrir “una fuerte
vocación y el desarrollo de la Fe”.
Aumenta su
alegría el hecho de que fue asignado como diácono a la parroquia St. Augustine,
en Coral Gables, donde existe la posibilidad de que pueda servir como capellán del
Departamento de Deportes de la Universidad de Miami.
“Los atletas,
en estos días, necesitan mucha fe”, dijo el Diácono Westman, subrayando “la
necesidad de la evangelización a través de nuestros equipos deportivos”.
Después dio
voz al deseo de los nuevos diáconos, al añadir: “Soy un siervo de Cristo. Estoy
listo para trabajar”.
PARA SABER MÁS
El diaconado es un ministerio que se
recibe a través de una ordenación, junto con el sacerdocio y el episcopado (los
obispos). El diaconado es la primera orden, el sacerdocio es el segundo y con
el obispado se obtiene la plenitud de las Órdenes Sagradas.
Los
diáconos permanentes predican y enseñan, bautizan y asisten a los sacerdotes y
a los obispos en la celebración de la Eucaristía y supervisan los ministerios
de la caridad y la justicia.
Los
diáconos permanentes mantienen sus profesiones y sus empleos.
En la Arquidiócesis de Miami, el diaconado permanente está abierto tanto a
hombres casados (por lo menos siete años de matrimonio sacramental y no
segundas nupcias) y hombres solteros entre las edades de 30 a 60 años. Los
candidatos deben tener una fuerte fe Católica y una reputación y carácter
sólido.
Si un candidato es casado, el consentimiento de su esposa es necesario. Si
no está casado, tiene que estar dispuesto a prometer celibato en el momento de
su ordenación. En el caso de la muerte de una esposa, un diácono viudo no podrá
volver a casarse. Los diáconos transitorios son hombres en camino al
sacerdocio, y por lo tanto, no se les permite casarse.
Con los nuevos diáconos ordenados del 2013, el número de diáconos
permanentes en la Arquidiócesis de Miami se eleva a 164.