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Hace 55 años, el 1 de enero de 1968, con la guerra de Vietnam en pleno apogeo y otros numerosos conflictos armados que causaban muerte y destrucción incalculables, San Pablo VI inició la primera Jornada Mundial de la Paz. Escribió: "Nos dirigimos a todos los hombres de buena voluntad para exhortarlos a celebrar 'El Día de la Paz' en todo el mundo, el primer día del año civil".

El Papa Pablo enfatizó que este día anual de la paz debería fomentar una defensa de la paz frente a las ambiciones nacionales egoístas en las relaciones entre las naciones, y debería oponerse al peligro creciente "del recurso a los terribles armamentos exterminadores de los que algunas Potencias disponen". Explicó, además, que esta jornada de la paz debería desafiar la injusticia perjudicial de destinar enormes cantidades de dinero a las armas, "cuyo dispendio es motivo de penosa reflexión ante las graves necesidades que afligen el desarrollo de tantos otros pueblos".

Después de 55 años, es muy lamentable que las urgentes palabras de advertencia de San Pablo sobre los gastos enormes en armamento a costa de las desesperadas necesidades insatisfechas de innumerables hermanos y hermanas pobres y vulnerables, todavía tengan que ser repetidas por su actual predecesor.

En su mensaje de la Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero de 2022, titulado Diálogo entre generaciones, educación y trabajo: instrumentos para construir una paz duradera, el Papa Francisco, escribe: "El presupuesto para la instrucción y la educación, consideradas como un gasto más que como una inversión, ha disminuido significativamente a nivel mundial en los últimos años. Sin embargo, estas constituyen los principales vectores de un desarrollo humano integral: hacen a la persona más libre y responsable, y son indispensables para la defensa y la promoción de la paz".

El Santo Padre añade en su desafiante mensaje que "los gastos militares, en cambio, han aumentado, superando el nivel registrado al final de la 'guerra fría', y parecen destinados a crecer de modo exorbitante".

El Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz informa que el gasto militar mundial aumentó a casi 2 millones de billones de dólares en 2020, incluso en medio de la pandemia mundial de COVID. Estados Unidos, el país que más gasta en armamento, destinó la friolera de 778,000 millones de dólares a sus fuerzas armadas (https://bit.ly/34fOueN).

Al condenar este uso tan inmoral de fondos valiosos, el Papa Francisco escribe: "…es oportuno y urgente que cuantos tienen responsabilidades de gobierno elaboren políticas económicas que prevean un cambio en la relación entre las inversiones públicas destinadas a la educación y los fondos reservados a los armamentos. Por otra parte, la búsqueda de un proceso real de desarme internacional no puede sino causar grandes beneficios al desarrollo de pueblos y naciones, liberando recursos financieros que se empleen de manera más apropiada para la salud, la escuela, las infraestructuras y el cuidado del territorio, entre otros".

¡Muy acertado, Papa Francisco!

La clásica cita atribuida al sabio escritor Robert Fulghum se ajusta muy bien a esta situación: "Será un gran día cuando nuestras escuelas tengan todo el dinero que necesitan, y nuestra fuerza aérea tenga que hacer una venta de pasteles para comprar un bombardero".

El Papa Francisco también hace hincapié en la importancia de la responsabilidad política a la hora de abordar los derechos de los trabajadores y el bien común: "…la política está llamada a desempeñar un rol activo, promoviendo un justo equilibrio entre la libertad económica y la justicia social. Y todos aquellos que actúan en este campo, comenzando por los trabajadores y los empresarios católicos, pueden encontrar orientaciones seguras en la doctrina social de la Iglesia". (https://bit.ly/55JMP_va2022, https://bit.ly/crs_recursos-ing-esp)

Al concluir su mensaje de la Jornada Mundial de la Paz 2022, el Papa Francisco ofrece esta invitación: "Que sean cada vez más numerosos quienes, sin hacer ruido, con humildad y perseverancia, se conviertan cada día en artesanos de paz. Y que siempre los preceda y acompañe la bendición del Dios de la paz".

Aceptemos la invitación del Santo Padre para convertirnos en "artesanos de la paz".

Comments from readers

Rafael María Calvo Forte - 01/31/2022 04:46 PM
Estoy convencido de que lo único que puede sacar un pueblo a flote y estabilzar su nivel de vida es invirtiendo en una educación en valores. El P. José María Vélaz S.J. en la universidad católica Andrés Bello de Caracas, creó Fe y Alegría ( donde el asfalto no llega) y con très religiosas fundaba una escuela con lo mínimo básico y aquel barrio se iba transformando poco a poco. Los padres pagaban una mínima cuota mensual y se comprometían con el mantenimiento de la escuela. De éstas, salían obreros calificados, bachilleres y hombres y mujeres aptos para un trabajo digno. En cada barrio donde está Fe y Alegría, todo se transformaba para el bien de todos. No sé, cómo estarán en estos momentos…
Carlos - 01/31/2022 02:35 PM
Entiendo el mensaje que pretende pasarnos, pero por que es siempre USA quien recibe todos los comentarios negativos. Rusia, China, India y los paises musulmanes no son cristianos, por lo que los mensajes del Santo Padre no los recibirán y mucho menos los seguirán. "Si quieres paz, preparate para la guerra". Nosotros a orar y las fuerzas armadas a protegernos. Gracias !!
Antonio - 01/31/2022 12:10 PM
Lots of talk and criticism at USA Military but no mention on communist China and their gigantic military spending. History shows us evil anti Christian communist regimes are the real threat to world peace, not America. Blogger seems one sided and modernist, left leaning based on other articles he has posted. I encourage him to opine on Chinas military and the regimes repression of the Catholic church.
Jose Jimenez - 01/31/2022 11:20 AM
Thank you for this article. Catholics should agree that the objective is peace, and that the best environment for societies to develop a culture of Christian charity is when we are not at war so we can focus on brining souls to Christ through His Church. We should not discount the proven effectiveness of peace through strength. Societies with the ability to defend their borders and protect their citizen´s interests from foreign military or economic attacks are best suited to maintain peace. The converse is also true: weak societies are vulnerable and often the target of aggressors that oftentimes impose dictatorships that can only maintain control by suppressing the Church, persecuting believers, and establishing a culture that depends entirely on the centralized government power. Military spending can be good and even necessary to protect and defend the individual rights and freedoms that permit their citizens to develop to their potential on materially and spiritually. When military spending is driven by greed, arrogance, or destructive obsessions, then better options should be considered to develop a society that is worth protecting for the greater glory of God.

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