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Durante el mes de enero, celebramos la fiesta de la Epifanía, cuando los Reyes Magos siguieron la estrella de Belén para encontrar al Niño Jesús y presentarle sus regalos. Pensemos en lo disciplinados y motivados que debieron estar durante su largo viaje. Si no se hubieran fijado en la estrella, los Reyes Magos no habrían encontrado a nuestro Señor esperándoles en el pesebre, para llegar y presentarle sus regalos. Para los Reyes Magos, la estrella era el centro de atención. En este nuevo año, ¿qué vamos a elegir como centro de atención?

Hace unas semanas, se me recordó la importancia de poner mi atención en el lugar correcto. Mientras daba un paseo por nuestro vecindario y me sentía renovada al respirar el aire fresco, me encontré en el camino de un ciclista que estaba mirando en otra dirección, obviamente distraído por algo. No estaba concentrado en su camino. Si no me hubiera echado a un lado y apartado del rumbo, la tarde hubiera terminado de manera distinta para ambos. El ciclista tenía la atención puesta en el lugar equivocado.

Este incidente me hizo reflexionar sobre cuál será nuestro enfoque en el nuevo año. Año tras año nos dedicamos a buscar maneras de superación personal, planificando nuevas experiencias y otros objetivos mundanos, centrándonos principalmente en nosotros mismos, lo cual está bien. Sin embargo, considero que hay algo o alguien más grande en quien debemos poner nuestra atención.

Una vez escuché a un sacerdote decir en una homilía que lo más importante en la vida es nuestra relación con el Señor. Como cualquier relación que tengamos, cuanto más tiempo pasemos con una persona, más la conoceremos y crecerá nuestro amor por ella; y si tiene virtudes, puede que incluso nos inspire a imitarla. 

¿Cuánto tiempo dedicamos a nuestra relación con el Señor? ¿Cuán motivados o disciplinados estamos cuando se trata de crecer en nuestra relación con el Señor? Pienso en el ciclista que prestaba más atención a una distracción en lugar de permanecer concentrado en lo que era más importante: hacia dónde se dirigía.

¿Hacia dónde vamos en este nuevo año? ¿Dirigiremos nuestra atención a pasar más tiempo con el Señor, o nos ocuparemos en la multitud de distracciones mundanas que se nos ofrecen?

Nuestro Dios está interesado en cada elemento de nuestras vidas y en todo lo que experimentamos. Uno de los mayores regalos que nos ofrece es su amistad y compañía. Él camina con nosotros y espera escucharnos. Hablar con el Señor y esperar su respuesta en la quietud de nuestros corazones puede ser nuestro enfoque en el nuevo año.

Si nos esforzamos por fijarnos en la relación con el Señor, llegaremos a conocerlo mejor y a amarlo más para poder imitarlo y/o ser un mejor reflejo suyo para familiares, amigos y otras personas que se crucen en nuestro camino. Una vida centrada en el Señor nos llevará a una transformación personal, lo que a su vez puede llevar a la transformación de los demás.

Al comenzar el nuevo año, enfoquémonos en construir y mejorar nuestra relación con el Señor. El Espíritu Santo será nuestra bicicleta que nos llevará por el camino que el Señor ha preparado para que cada uno de nosotros ayude a crear un mundo que refleje el amor de Dios.

Pensemos en los tres Reyes Magos y en cómo fijaron su atención en esa estrella tan importante, la que los llevó hasta el Niño Jesús. ¿Haremos del Señor el centro de nuestras vidas? ¿Qué regalo le daremos al Señor este año? Él está esperando.

Comments from readers

Josefina Bona - 01/04/2022 01:52 PM
Es cierto, si no tenemos a Nuestro Señor como guía no podríamos vivir. Gracias, Sra Dolores por ayudarnos a recordar quien es nuestro eje para que nuestro caminar sea ejemplo para los demás, agarrados de El. Muchas gracias, que Dios le bendiga grandemente.
Rafael Maria Calvo Forte - 01/03/2022 04:00 PM
Si no hay vida de oración, perdemos el rumbo o nunca lo hemos tenido.
Valli Leone - 01/03/2022 02:17 PM
Thank you, Dolores, for the inspiring and thought-provoking article. It certainly is a New Year challenge, as we stay in the Word and in the Eucharist, to draw closer to Jesus day by day. There is no greater gift than to know that He is not only my Savior and Lord, but also my very best friend. I am very grateful and blessed — and praying daily for myself, for the Body of Christ and for all those who will come to believe this year. Alleluia! πŸ”†πŸ™ŒπŸΌπŸ”†

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