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Cuando los colonizadores y los misioneros llegaron a �frica, concluyeron que la gente no ten�a religi�n porque no hab�a doctrinas escritas. Algunos de los primeros europeos que llegaron se preguntaban si estos nativos africanos eran humanos, si pod�an pensar o ten�an alma humana. Con el tiempo, esa clase de pensamiento chauvinista desapareci�; ahora es obvio que, por supuesto, los africanos son completamente humanos y pueden pensar. Es m�s: la gente de Occidente se ha dado cuenta de que exist�a una religi�n muy valiosa antes de que llegaran los europeos. Esta cultura fue transmitida de generaci�n en generaci�n a trav�s de historias y leyendas. Para nosotros est� claro que, para tener religi�n, la gente no necesita tener una teolog�a cuidadosamente construida y escrita. Los acad�micos de nuestros d�as ahora respetan y valoran las religiones ind�genas africanas, y lamentan la manera en que fueron reprimidas por las costumbres occidentales.

En los africanos, el cristianismo encontr� un pueblo que correspond�a con todas sus sensibilidades religiosas. Los africanos asumen la existencia de Dios. Creen en un bondadoso Creador de todo, que s�lo quiere nuestro propio bien. Si algo malo sucede en la vida de una persona, la persona debe tratar de encontrar qu� lo caus�. Para los africanos, es inimaginable que Dios pudiera desear algo malo para una persona. Por eso, la persona que sufre intenta descubrir la causa al preguntarse:
  • qui�n, en su �rea, es un brujo o un hechicero que le haya echado un maleficio;
  • si habr� hecho algo que haya molestado a los antepasados para que puedan causarle el sufrimiento.
Ir� a un curandero, una persona entrenada para ayudar a otras a discernir la causa del problema y luego recetarle un remedio, para repeler la influencia del brujo o sanar la relaci�n con sus antepasados.

Aunque los africanos ind�genas no ten�an un nombre para ello, los eruditos ahora reconocen que hab�a una rica filosof�a que guiaba su vida social. La filosof�a mezclaba las metas del individuo y la preocupaci�n por la comunidad. En la actualidad, los fil�sofos llaman Ubuntu a esa filosof�a (que entiende la humanidad como estar en una relaci�n: �Soy porque todos somos�). La Iglesia Cat�lica ha rehusado aceptar el comunismo y el capitalismo como sistemas econ�micos ideales. En la econom�a social de �frica � comunalismo � pudiera encontrar la b�squeda del ideal.

Otras creencias de los africanos tradicionales que coinciden bien con el cristianismo:
  • Son �pro vida�, a�n si no conocen el debate pro vida/pro opci�n en Occidente.
  • Siempre dan la bienvenida al visitante, aunque llegue sin ser invitado. Uno nunca le pregunta al visitante: ��Qu� puedo hacer por ti?� Quedar�a sorprendido por la rudeza. En vez, cuando llega, uno le ofrece t� y discute las noticias locales hasta que finalmente informe el prop�sito de su visita.  
  • Creen que el matrimonio dura mientras ambos c�nyuges est�n vivos y a�n si solo uno de ellos vive en este mundo. Hasta la pr�ctica de la poligamia y la herencia de la viuda, que en un principio parece inmoral para algunos en Occidente, refleja un compromiso con el matrimonio que dura para siempre, y la prioridad que dan a la procreaci�n.
  • Para ellos, el prop�sito del matrimonio es la procreaci�n. Lo asumen de tal manera, que cada persona debe traer nuevos ni�os al mundo, y no pueden imaginar una relaci�n que no tenga la procreaci�n como prop�sito. (Dos africanos bien educados me pidieron que les explicara c�mo alguien puede estar inclinado hacia la homosexualidad, porque no pueden imaginarlo.)
Los misioneros que llegaron menospreciaron la religi�n y la moral de los africanos. Podr�a llegar el d�a cuando la Iglesia tenga que acudir a las religiones africanas para encontrar qu� podemos aprender de ellas. La Iglesia siempre necesita estar en di�logo con otra cultura para poder recordar parte de su propia tradici�n que ha sido olvidada.

Regresando al punto de que los africanos ten�an una creencia intr�nseca en un Creador bueno sin una religi�n codificada, yo dir�a que la religi�n era una parte tan importante de su cultura, que la llevaban �en los huesos�. Con frecuencia me pregunto: �Est� la religi�n cristiana �en los huesos� del pueblo occidental contempor�neo? Comienzo a pensar que s�. Sugiero que las ense�anzas fundamentales del cristianismo se han convertido en una parte de la cultura occidental, que contin�an ejerciendo influencia en el conocimiento y las acciones hasta de aquellos que dicen que ya no creen en estas doctrinas.

A menudo, rezamos en el Padre Nuestro que �venga Tu reino�. Nuestra esperanza es crear una sociedad donde se cumpla la voluntad de Dios, donde todos acepten la moralidad del cristianismo. �Ser� posible que hayamos progresado en esa direcci�n m�s de lo que pensamos? Conocemos tantos que son personas de fe, de esperanza y de caridad (aunque no aceptan ning�n credo o religi�n). En vez de lamentar sobre la p�rdida del compromiso con la Iglesia, quiz�s debi�ramos regocijarnos en la medida en que tantas personas parecen verse motivadas por algunos de los elementos esenciales del conocimiento cristiano; est� �en sus huesos�.

Es decir, algunos elementos, no todos: tristemente, Occidente no acepta la moralidad sexual cristiana y se est� convirtiendo en una cultura de la muerte. En estos aspectos, �frica ha sido sabia en no haber seguido a Occidente.

Pero quiero hacer una advertencia sobre mi optimismo de que la religi�n se encuentra en los huesos de Occidente: no estoy seguro de cu�nto puede durar esta �religi�n en los huesos� cuando la estructura de la fe y el ritual no est� presente para apoyarla. Por esta raz�n, aquellos de nosotros que valoramos el credo, la moralidad y el ritual cat�licos debemos hacer todo lo posible por mantener viva a la Iglesia y ortodoxas a sus doctrinas, de manera que la Iglesia contin�e con sus credos, sus rituales y su comunidad cuando una nueva generaci�n se d� cuenta de que lo necesita. No s� si esto ocurrir� en una, dos o tres generaciones. Lo que s� s�, por la historia, es que el reavivamiento religioso ha ocurrido repetidamente dentro del mundo occidental cuando la gente estaba perdida y llevaba una vida sin prop�sito. Nosotros, la Iglesia, debemos estar preparados para responder a esa necesidad cuando reaparezca.

Mientras tanto, podemos regocijarnos por la manera en que el cristianismo ha echado ra�ces en el suelo africano, y debemos mirar hacia �frica para que nos gu�e a nuevos entendimientos sobre nuestra propia tradici�n.

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