Prevenci�n del abuso infantil: los buenos, los malos y lo alarmante
Monday, April 9, 2012
*Jan Rayburn
Los buenos
Con frecuencia, se repite en la misa dominical: Por favor, ofrezcan su �tiempo, talento y tesoro� por el bien de su parroquia. (�Contin�en leyendo, que no estoy pidiendo dinero!)
En efecto, la construcci�n de la Iglesia se logr� por la buena obra de feligreses que ofrec�an su tiempo y talento: desde los ministros extraordinarios de la Santa Comuni�n, los catequistas y las madres, a los animadores en los carnavales y los cocineros en las ventas de pescado frito durante la Cuaresma, a veces hasta colocando los ladrillos y la mezcla. Mi esposo a�n conserva el pisapapeles en forma de un edificio que recibieron sus padres cuando ayudaron a construir la iglesia de St. Monica en 1961.
Nuestras instalaciones arquidiocesanas no existir�an sin la gran dedicaci�n de nuestros voluntarios, mucho menos sin el gran sentido de comunidad y actividad espiritual que demuestran en la actualidad. Por eso entiendo que los voluntarios buenos y fieles se hayan perturbado ante el requisito de cumplir con la pol�tica de Ambiente Seguro de la Arquidi�cesis.
La pol�tica requiere que todos los empleados y quienes realizan trabajo voluntario con ni�os o adultos vulnerables, sean aprobados tras una verificaci�n de antecedentes y reciban entrenamiento en Virtus. Adem�s, los empleados deben firmar un C�digo de Conducta y un affid�vit de Buena Solvencia Moral. Los voluntarios tambi�n deben firmar un C�digo de Conducta y un affid�vit de Buena Solvencia Moral, adem�s del Acuerdo de Voluntarios.
Entiendo el proceso mental: �Por supuesto que necesitamos una pol�tica, pero soy miembro fundador de esta parroquia, todo el mundo me conoce, he sido voluntario por a�os, y estoy seguro de que esto no me aplica�. Sin embargo, consideren lo siguiente: Como buenos administradores de nuestra fe, estamos llamados a trav�s del bautismo a cuidarnos unos a otros. Los necesitemos m�s que a los dem�s; necesitamos que los buenos sean ejemplo para los dem�s. Necesitamos que los buenos cumplan con los requisitos para que podamos distinguir a uno malo que se encuentre entre nosotros. M�s importante a�n: necesitamos que los buenos se entrenen para reconocer los patrones y comportamientos de este terrible mal epid�mico en nuestra sociedad.
Los malos
A trav�s del pa�s, m�s de 39 millones de adultos fueron v�ctimas de abuso sexual infantil, sin distinguir su estilo de vida, la procedencia �tnica y cultural, las condiciones socioecon�micas y la afiliaci�n religiosa. La realidad es que este n�mero puede ser mucho mayor, pues son muchas las v�ctimas que nunca reportaron este crimen. Una de cada cuatro mujeres y uno de cada seis hombres reportan haber sido abusados sexualmente cuando eran ni�os. De manera similar, los depredadores provienen de todos los estilos de vida. Las estad�sticas demuestran que 89 por ciento de los depredadores son conocidos por las v�ctimas. Fragmentado, 29 por ciento del abuso sexual es cometido por familiares, y 60 por ciento es cometido por alguien que la v�ctima conoce y en quien conf�a. Algo que todos los depredadores tienen en com�n es que se empe�an en trabajar o ser voluntarios con los ni�os.
Lo alarmante
El abuso sexual es un flagelo en la sociedad. Es el secreto sucio y feo del que nadie quiere hablar. Pero ese mismo silencio es lo que permite que el crimen contin�e. A veces, el abuso puede extenderse por a�os. Durante el pasado a�o, hemos conocido casos de notoriedad a nivel nacional. Lo bueno es que el tema se discute ahora m�s que antes, a pesar de ser algo tan horroroso. Juntos podemos arrancarle al depredador su arma m�s poderosa: el silencio.
La Iglesia Cat�lica ha tomado la iniciativa, tanto en la respuesta a este crimen como en la educaci�n para la prevenci�n del crimen, a trav�s de los mandatos establecidos en la Carta para la Protecci�n de los J�venes y los Adultos Vulnerables, de los obispos cat�licos de los Estados Unidos. Al escuchar sobre los casos de abuso sexual, siempre nos viene a la mente un pensamiento que con frecuencia se atribuye a Edmund Burke, un fil�sofo pol�tico ingl�s del siglo 18, mejor parafraseado en la adaptaci�n al cine del libro �La Guerra y la Paz�, de Le�n Tolst�i: �Lo �nico que el mal necesita para triunfar, es que los hombres buenos no hagan nada�.
Esto nos lleva de nuevo al bienestar de nuestra comunidad cat�lica. Les pedimos que, como cat�licos, como seres humanos, se unan a los esfuerzos de la Iglesia para proteger a los m�s vulnerables entre nosotros: nuestros ni�os. Para m�s informaci�n, visiten nuestro website, www.miamiarch.org, y opriman el bot�n �Protecting God�s Children ministry�. Luego opriman el anuncio �National Child Abuse Prevention Month� para obtener m�s informaci�n y sugerencias para la prevenci�n del abuso. Tambi�n oprima el anuncio de Virtus. Es un programa que merece la pena y la atenci�n de cualquier persona que tenga ni�os, y les sugiero que asistan a una sesi�n, a�n cuando nuestra pol�tica no requiera que ustedes tengan que hacerlo.

Comments from readers
Thank you! Most especially for your powerful reminder: "Together we can take away the predator's greatest weapon: our silence." Thank you for reminding us that this isn't merely a "we have to" but a "we get to" ... be able to participate in the battle against sexual abuse of children through this comprehensive training program. You are a blessing to us!