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Recientemente, los obispos de los Estados Unidos emitieron la declaraci�n �Vivir Cada D�a Con Dignidad�, sobre el suicidio m�dicamente asistido. La declaraci�n contrasta dram�ticamente con la agresiva campa�a nacional de quienes buscan acelerar un cambio radical en nuestra actitud hacia la participaci�n en la muerte de otra persona a solicitud de �sta.

Con la manipulaci�n verbal, quienes proponen el suicidio asistido han reemplazado las palabras �suicidio asistido� con �ayuda en la muerte� para confundir y convencernos de que eso es algo bueno. Pero utilizar un lenguaje enga�oso para alcanzar un prop�sito no es algo nuevo.

Hace unos a�os, el mismo peri�dico public� historias sobre dos mujeres que solicitaban el mismo tratamiento m�dico. Una era Mary Heir, de 92 a�os de edad, quien hab�a residido en un hospital psiqui�trico por muchos a�os y recib�a alimentaci�n a trav�s de una sonda de gastrostom�a (�g-tube�). Cuando la sonda se desplaz�, su encargado solicit� autorizaci�n de la corte para que NO fuera reemplazado. La corte estuvo de acuerdo, y declar� que reemplazar el tubo ser�a �extremadamente molesto y arriesgado�.

La otra paciente era una mujer de 94 a�os a la que se le someter�a a una �cirug�a menor� para corregir un problema nutricional. Se someter�a a una cirug�a ambulante bajo anestesia local. �Qui�n era esa mujer? Rose Kennedy. �C�al era la cirug�a menor? Colocarle una sonda de gastrostom�a.

Una vida era considerada prescindible, la otra valiosa.

Nuestros juicios m�dicos sobre asuntos de vida y muerte se van sustituyendo r�pidamente por los juicios de valores.

El juicio m�dico significa que durante el proceso natural de la muerte, el paciente no puede recibir alimento y l�quidos sin que sufra da�o, por lo que se detiene la nutrici�n.

El juicio sobre el valor significa que la persona no est� muriendo, pero se estima que su calidad de vida es inaceptablemente deficiente e impone una carga sobre los dem�s, y se destruye con deliberaci�n por medio de la deshidrataci�n y el hambre. 

Por mucho tiempo, las tradiciones morales jud�as y cristianas han rechazado la idea de ayudar en el suicidio de otra persona. Hacerlo es colaborar con �una injusticia que nunca tiene justificaci�n� (Juan Pablo II, Evangelium Vitae, N�m. 66).

�Puede el sufrimiento prolongado legitimar la solicitud de la muerte? La Congregaci�n para la Doctrina de la Fe (5 de mayo de 1980), nos dice que no. Aunque la culpa del individuo pueda reducirse, la conciencia permanece en error, y esto no cambia la naturaleza del acto de matar.

Cuando tienen una enfermedad grave, las personas que intentan suicidarse pueden padecer alteraciones psicol�gicas y una disminuci�n en su responsabilidad. Su peor sufrimiento no es el f�sico, sino sentirse aisladas y sin esperanza. Su sufrimiento s�lo puede aumentar al darse cuenta de que otras personas, o la sociedad en general, pueden ver su muerte como una soluci�n aceptable y hasta deseada para sus problemas.

Muchos piensan que cuando ya no hay oportunidad para la recuperaci�n, es aceptable buscar la muerte. Juan Pablo II dice que no: �A�n en esos momentos, nuestra vida tiene un prop�sito y nosotros debemos morir en el tiempo de Dios, no en el nuestro�.

En 1997, la Corte Suprema de los Estados Unidos rechaz� con firmeza el reclamo de un derecho constitucional al suicidio asistido, y sostuvo las leyes estatales contra tal pr�ctica, como garant�as para la vida humana inocente y la integridad �tica de la medicina.

Sin embargo, tres estados � Oregon, Washington y Montana � han decidido que este es el camino a tomar para el futuro. Siguen los pasos de los Pa�ses Bajos, que ahora han decidido quitarle la vida a los adultos que nunca pidieron morir y a los ni�os por nacer que no tienen opci�n sobre el asunto, vidas consideradas sin importancia, o una carga muy costosa para la comunidad.

Cuando fallamos en proteger al m�s vulnerable, fallamos no s�lo como cristianos, sino como americanos. El gobierno fracasa en cumplir el prop�sito principal de su existencia: "La felicidad y la atenci�n a la vida humana, y no su destrucci�n, es el primer y �nico objeto del buen gobierno� (Thomas Jefferson).

En su declaraci�n m�s reciente sobre este asunto, los obispos de los Estados Unidos concluyen que �Uno no puede mantener la libertad y la dignidad humana mientras se menosprecia la vida humana. Una sociedad que deval�a la vida de algunas personas al apresurar y facilitar su muerte, terminar� perdiendo el respeto por sus otros derechos y libertad�.

Como dice el Catecismo de la Iglesia Cat�lica, (2280): �Cada uno es responsable de su vida delante de Dios, que se la ha dado. �l sigue siendo su soberano Due�o... No disponemos de ella�.

Comments from readers

Elaine M. Syfert - 07/11/2011 12:15 PM
Thank you Joan for continuing protect human life from beginning until the Lord designs. I am amazed at the amount of catholics that don't realized this concept. We need to continue educating our people, we cannot expect the world out there to understand and respect life if our own practising catholics don't know it. Good to see you still active, I still remember our good times at the old FEC. Love, Elaine M. Syfert

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