Morir con dignidad: dos perspectivas dr�sticamente distintas
Monday, July 11, 2011
*Joan Crown
Recientemente, los obispos de los Estados Unidos emitieron la declaraci�n �Vivir Cada D�a Con Dignidad�, sobre el suicidio m�dicamente asistido. La declaraci�n contrasta dram�ticamente con la agresiva campa�a nacional de quienes buscan acelerar un cambio radical en nuestra actitud hacia la participaci�n en la muerte de otra persona a solicitud de �sta.
Con la manipulaci�n verbal, quienes proponen el suicidio asistido han reemplazado las palabras �suicidio asistido� con �ayuda en la muerte� para confundir y convencernos de que eso es algo bueno. Pero utilizar un lenguaje enga�oso para alcanzar un prop�sito no es algo nuevo.
Hace unos a�os, el mismo peri�dico public� historias sobre dos mujeres que solicitaban el mismo tratamiento m�dico. Una era Mary Heir, de 92 a�os de edad, quien hab�a residido en un hospital psiqui�trico por muchos a�os y recib�a alimentaci�n a trav�s de una sonda de gastrostom�a (�g-tube�). Cuando la sonda se desplaz�, su encargado solicit� autorizaci�n de la corte para que NO fuera reemplazado. La corte estuvo de acuerdo, y declar� que reemplazar el tubo ser�a �extremadamente molesto y arriesgado�.
La otra paciente era una mujer de 94 a�os a la que se le someter�a a una �cirug�a menor� para corregir un problema nutricional. Se someter�a a una cirug�a ambulante bajo anestesia local. �Qui�n era esa mujer? Rose Kennedy. �C�al era la cirug�a menor? Colocarle una sonda de gastrostom�a.
Una vida era considerada prescindible, la otra valiosa.
Nuestros juicios m�dicos sobre asuntos de vida y muerte se van sustituyendo r�pidamente por los juicios de valores.
El juicio m�dico significa que durante el proceso natural de la muerte, el paciente no puede recibir alimento y l�quidos sin que sufra da�o, por lo que se detiene la nutrici�n.
El juicio sobre el valor significa que la persona no est� muriendo, pero se estima que su calidad de vida es inaceptablemente deficiente e impone una carga sobre los dem�s, y se destruye con deliberaci�n por medio de la deshidrataci�n y el hambre.
Por mucho tiempo, las tradiciones morales jud�as y cristianas han rechazado la idea de ayudar en el suicidio de otra persona. Hacerlo es colaborar con �una injusticia que nunca tiene justificaci�n� (Juan Pablo II, Evangelium Vitae, N�m. 66).
�Puede el sufrimiento prolongado legitimar la solicitud de la muerte? La Congregaci�n para la Doctrina de la Fe (5 de mayo de 1980), nos dice que no. Aunque la culpa del individuo pueda reducirse, la conciencia permanece en error, y esto no cambia la naturaleza del acto de matar.
Cuando tienen una enfermedad grave, las personas que intentan suicidarse pueden padecer alteraciones psicol�gicas y una disminuci�n en su responsabilidad. Su peor sufrimiento no es el f�sico, sino sentirse aisladas y sin esperanza. Su sufrimiento s�lo puede aumentar al darse cuenta de que otras personas, o la sociedad en general, pueden ver su muerte como una soluci�n aceptable y hasta deseada para sus problemas.
Muchos piensan que cuando ya no hay oportunidad para la recuperaci�n, es aceptable buscar la muerte. Juan Pablo II dice que no: �A�n en esos momentos, nuestra vida tiene un prop�sito y nosotros debemos morir en el tiempo de Dios, no en el nuestro�.
En 1997, la Corte Suprema de los Estados Unidos rechaz� con firmeza el reclamo de un derecho constitucional al suicidio asistido, y sostuvo las leyes estatales contra tal pr�ctica, como garant�as para la vida humana inocente y la integridad �tica de la medicina.
Sin embargo, tres estados � Oregon, Washington y Montana � han decidido que este es el camino a tomar para el futuro. Siguen los pasos de los Pa�ses Bajos, que ahora han decidido quitarle la vida a los adultos que nunca pidieron morir y a los ni�os por nacer que no tienen opci�n sobre el asunto, vidas consideradas sin importancia, o una carga muy costosa para la comunidad.
Cuando fallamos en proteger al m�s vulnerable, fallamos no s�lo como cristianos, sino como americanos. El gobierno fracasa en cumplir el prop�sito principal de su existencia: "La felicidad y la atenci�n a la vida humana, y no su destrucci�n, es el primer y �nico objeto del buen gobierno� (Thomas Jefferson).
En su declaraci�n m�s reciente sobre este asunto, los obispos de los Estados Unidos concluyen que �Uno no puede mantener la libertad y la dignidad humana mientras se menosprecia la vida humana. Una sociedad que deval�a la vida de algunas personas al apresurar y facilitar su muerte, terminar� perdiendo el respeto por sus otros derechos y libertad�.
Como dice el Catecismo de la Iglesia Cat�lica, (2280): �Cada uno es responsable de su vida delante de Dios, que se la ha dado. �l sigue siendo su soberano Due�o... No disponemos de ella�.

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