By Archbishop Thomas Wenski - The Archdiocese of Miami
Archbishop Wenski's homily at Mass for the dedication of the new altar at Our Lady of Mercy Mission at Corpus Christi. Oct. 24, 2026.Hoy nos reunimos con el corazón rebosante de júbilo para realizar uno de los actos más solemnes y profundos de la vida de la Iglesia: la dedicación de este nuevo altar en la Misión de Nuestra Señora de la Merced. Al contemplar este espacio sagrado, nos damos cuenta de que cada detalle, cada arco y cada rincón de esta misión no son mero adorno. Aquí, la belleza está estrictamente al servicio de la evangelización).
La belleza estética de este templo es una vía, una via pulchritudinis, que abre las ventanas del alma para que la gracia de Dios pueda entrar. La belleza de la misión prepara el corazón del hombre para el encuentro con el Evangelio, recordándonos que la fe no solo se comprende con el intelecto, sino que se contempla y se saborea con el corazón.
This mission was initiated in 2005 under long-time pastor Father José Luis Menéndez to serve as a cultural legacy and an Andean embassy built by Hispanic immigrant communities.
The Mission La Merced features hand-carved cedar wood altars by Bolivian craftsmen and 23-karat gold leaf lamination applied using traditional polychrome techniques by Cuban conservation specialists and houses over 130 Latin American colonial paintings and sculptures from Peru, Bolivia, Ecuador, Mexico, and Colombia, including Cuzco School works.
Today’s gospel reading announces that a pivotal, appointed moment (kairos) has arrived in human history. The Kingdom is Near, that is: God's rule and presence have come close to humanity in the person of Jesus.
People are called to change their hearts and minds (metanoia), and to trust the good newsToday, the altar upon which Mass will be celebrated, is consecrated. It is a sacred place set apart from profane uses. As we contemplate this sacred space, we realize that every detail, every arch, and every corner of this mission is not merely decorative. Here, beauty is strictly at the service of evangelization.
But let us remember that we too have been set apart as were those first disciples to become fishers of men announcing to them the good news of salvation in Christ.The fact that this altar is dedicated under the patronage of Our Lady of Mercy adds immense depth to our evangelizing mission. Historically, the invocation of Our Lady of Mercy evokes the liberation of captives and the consolation of the afflicted. The beauty of this mission evangelizes us from within, filling us with peace, so that we may become the living beauty of evangelization directed outward—through the witness of charity, justice, and solidarity with the poorest.
El centro de gravedad de toda esta belleza es el altar que hoy consagramos. Los ritos solemnes que estamos por realizar imitan de manera sorprendente los sacramentos de nuestra propia iniciación cristiana. Este altar es lavado con agua bendita, es ungido generosamente con el Santo Crisma, es perfumado con el humo del incienso y finalmente es revestido con manteles blancos y encendido con la luz de Cristo.
El altar representa a Cristo mismo, la Piedra Angular, y se levanta en medio de este templo hermoso como el trono de la Misericordia y de la Verdad.
Que este altar esté dedicado bajo el amparo de Nuestra Señora de la Merced añade una profundidad inmensa a nuestra misión evangelizadora. Históricamente, la advocación de la Merced evoca la liberación de los cautivos y el consuelo de los afligidos.
En esta misión, que es casa y refugio para tantos que han dejado sus tierras natales en busca de paz y dignidad, este altar proclama con firmeza que aquí hay un lugar para todos. No importa de dónde vengamos; al acercarnos a esta mesa santa nos descubrimos como un solo cuerpo, un solo espíritu, reconciliados y unidos en la comunión del amor de Dios.
Esta experiencia litúrgica nos conecta directamente con el Evangelio de san Marcos (1, 14-20) que acabamos de proclamar. Escuchamos hoy las primeras palabras de Jesús al iniciar su ministerio público: «Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio». Jesús pronuncia este anuncio caminando a lo largo del mar de Galilea, invitando a Simón, Andrés, Santiago y Juan con un mandato radical: «Síganme y los haré pescadores de hombres».
Hoy, este hermoso altar es la orilla de nuestro propio mar de Galilea. Aquí es donde Jesús nos sale al encuentro en medio de nuestras fatigas, nuestros anhelos y nuestros cansancios.
Nos llama en medio de la belleza de este templo para enviarnos a la crudeza de la realidad exterior. Ser "pescadores de hombres" bajo el amparo de Nuestra Señora de la Merced significa que la fracción del pan que realizaremos sobre este altar debe impulsarnos a salir a los mares de nuestro mundo a rescatar a quienes están naufragando. Pescar, en el sentido evangélico, no es atrapar, sino sacar a flote; es liberar a los que están hundidos en las aguas del desespero, de la soledad, de la falta de oportunidades o de la opresión del pecado.
La belleza de esta misión nos evangeliza hacia adentro, llenándonos de paz, para que nosotros nos convirtamos en la belleza viva de la evangelización hacia afuera mediante el testimonio de la caridad, la justicia y la solidaridad con el más pobre.
Los discípulos dejaron las redes inmediatamente. Que la consagración de este altar encienda en nuestros corazones esa misma santa urgencia. Alimentados por la Eucaristía que por primera vez se ofrecerá sobre esta piedra santa, convirtámonos en continuadores de esa marcha de Galilea, llevando la merced, la misericordia y la verdadera libertad de Cristo a todos los rincones de nuestra sociedad.
In a culture of "my truth versus your
truth," direct intellectual arguments or moral commands can provoke
defensiveness. Beauty acts as a non-threatening entry point that captures the
heart first. The Via Pulchritudinis “Way of Beauty” is a pathway for
Evangelization; for beauty is a bridge to faith. As Pope Benedict XVI
frequently stated that the most convincing defense of Christianity comes down
to two things: the lives of the saints
and the art produced by faith.