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'Aquí está Dios'

La experiencia de una voluntaria de Miami ayudando a los inmigrantes en la frontera con México

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Silvia Muñoz, directora de Acción Social del Instituto Pedro Arrupe, en Miami, peina a una niña inmigrante que llegó al albergue Casa Oscar Romero, en El Paso, Texas, donde Muñoz estaba trabajando como voluntaria en marzo pasado.

Fotógrafo: Courtesy of Silvia Munoz

Silvia Muñoz, directora de Acción Social del Instituto Pedro Arrupe, en Miami, peina a una niña inmigrante que llegó al albergue Casa Oscar Romero, en El Paso, Texas, donde Muñoz estaba trabajando como voluntaria en marzo pasado.

Silvia Muñoz (de rosado), directora de Acción Social del Instituto Pedro Arrupe, de Miami, posa con otros voluntarios que trabajaron con ella en el albergue para inmigrantes Casa Oscar Romero, en El Paso. Desde la izquierda, Reynaldo, un novicio Jesuita, Muñoz, Laura, Barry y la Hna. Mary Catherine Sack, de la congregacion de St. Joseph en Wichita, Kansas.

Fotógrafo: Courtesy of Silvia Munoz

Silvia Muñoz (de rosado), directora de Acción Social del Instituto Pedro Arrupe, de Miami, posa con otros voluntarios que trabajaron con ella en el albergue para inmigrantes Casa Oscar Romero, en El Paso. Desde la izquierda, Reynaldo, un novicio Jesuita, Muñoz, Laura, Barry y la Hna. Mary Catherine Sack, de la congregacion de St. Joseph en Wichita, Kansas.


Silvia Muñoz, directora de Acción Social del Instituto Pedro Arrupe, de Miami, carga a un bebé mientras la madre pasa el control de documentos en el aeropuerto de El Paso. Muñoz los acompañó mientras trabajaba como voluntaria en el albergue para inmigrantes Casa Oscar Romero, en marzo pasado.

Fotógrafo: Courtesy of Silvia Munoz

Silvia Muñoz, directora de Acción Social del Instituto Pedro Arrupe, de Miami, carga a un bebé mientras la madre pasa el control de documentos en el aeropuerto de El Paso. Muñoz los acompañó mientras trabajaba como voluntaria en el albergue para inmigrantes Casa Oscar Romero, en marzo pasado.

MIAMI | Silvia Muñoz, directora de Acción Social del Instituto Jesuita Pedro Arrupe y voluntaria del programa de las “clínicas” informativas Conozca sus Derechos, de Catholic Legal Services, en Miami, no imaginó que ayudar a las personas que están llegando a la frontera sur le recordaría uno de los momentos más dolorosos de su vida.

En marzo pasado, por dos semanas sirvió como voluntaria en la Casa Óscar Romero, en El Paso, Texas, un albergue para inmigrantes que son liberados por el Departamento de Seguridad Nacional, ICE, mientras se está procesando su situación legal en el país. Fue acompañada de una religiosa de la congregación de St. Joseph porque hablaba español.

Desde su llegada al albergue, Muñoz se puso a trabajar casi inmediatamente, ya que también llegó un autobús con 30 inmigrantes que necesitaban nueva ropa, comida y atención médica, pues algunos llegan enfermos y necesitan bañarse y descansar.

Los voluntarios ayudan en todo eso y además recopilan la información personal de los inmigrantes para después llamar a sus familiares, que ya están dentro de Estados Unidos, para que les envíen los pasajes aéreos o de autobús y se puedan reunir con ellos.

También los acompañan a la terminal de autobuses o al aeropuerto, para ayudarlos en el procedimiento de embarque, ya que muchas de esas personas nunca han viajado en un avión.

Dejarlos en el aeropuerto “me partía el alma”, dijo Muñoz. Veía el miedo en el rostro de esas personas que en su mayoría no sabían leer español, y mucho menos inglés; pero las tenía que dejar en la puerta de embarque sin teléfono, sin dinero, sólo con una bolsa de comida.

“Era como estar despidiendo a un ser querido”, recordó, pero eran personas que acababa de conocer. “Me quedaba con un nudo en el corazón, y cuando iba bajando la escalera me echaba a llorar”.

Durante su cuarta vez en el aeropuerto le vino a la mente una memoria de hace 60 años. Como un “flashback” recordó que cuando tenía 14 años, en un aeropuerto de Cuba, se separó de sus padres. Ellos la enviaron sola a Estados Unidos para salvarla del régimen comunista que se estaba instaurando en su país.

“Yo de un lado, en lo que le llamábamos la pecera de cristal, y mis padres del otro”, dijo Muñoz. Al despedir a esas personas en El Paso, estaba recordando ese momento. “Entendí por qué me afectaba”.

Muñoz asoció ese recuerdo personal, su salida de Cuba y la de otros 14 mil niños solos, enviados por sus padres a Estados Unidos a través de la Operación Pedro Pan, un programa dirigido por la Iglesia Católica en Miami a inicios de los años 60, con lo que está sucediendo actualmente en la frontera con México: las familias que están llegando caminado, con sus hijos desde Centroamérica.

“Nuestros padres hicieron exactamente lo mismo. ¿Cuántos cubanos no se tiraron al agua en barcas, y se ahogaron en el proceso? Y ¿por qué? Porque estaban desesperados. Es lo mismo”, dijo Muñoz.

“Me duele oír a mis compatriotas cubanos, especialmente a los que salieron por Pedro Pan, los que salimos solos, que no entiendan por qué los padres están haciendo esto. Dicen que eso es un abuso, los están usando para poder entrar en los Estados Unidos”, dijo.

Para Muñoz, el por qué estas personas arriesgan a sus hijos de esta manera, es sencillamente “porque vienen huyendo de unas situaciones horrorosas. Nadie sale de su país, sobre todo caminado millas, por gusto. Salen porque no tienen cómo ganarse la vida, porque los están amenazando y sus gobiernos no los protegen de bandidos, de drogas, de multinacionales que les cogen las tierras y después no les dan trabajo. Es una situación horrible la que se está viviendo en Centroamérica. ¿Cómo la vamos a arreglar? Ésa es mi preocupación”.

Muñoz dice no tener una respuesta, pero sabe que “si nosotros no ayudamos a arreglar la situación en esos países, esto no va a parar. Van a seguir viniendo porque no tienen otra salida. Tienen que buscarse la vida y los hijos son los primeros que están tratando de salvar”, agregó.

Durante los 16 días que estuvo en el albergue Casa Óscar Romero, Muñoz dice: “Creo que hice de todo”, desde tomar la información de las personas, llamar a sus familiares, preparar cientos de sándwiches de mantequilla de maní y jalea, trabajar en el ropero, limpiar baños, ayudar en la lavandería, preparar bolsas para la higiene personal con jabón y pasta dental. Organizar el clóset de los pañales, entregar medicinas y curar heridas cuando no había ningún médico o enfermera en la clínica del albergue.

Un grupo de inmigrantes recién llegados al albergue Casa Oscar Romero, en El Paso, Texas, come una comida caliente, después de ser liberados por el Departamento de Homeland Security, ICE, en marzo pasado.

Fotógrafo: Courtesy of Silvia Munoz

Un grupo de inmigrantes recién llegados al albergue Casa Oscar Romero, en El Paso, Texas, come una comida caliente, después de ser liberados por el Departamento de Homeland Security, ICE, en marzo pasado.

Durante su estadía en el albergue para inmigrantes Casa Oscar Romero, en El Paso, Texas, la voluntaria Silvia Muñoz le tomó una fotografía a los zapatos de un niño que llegó con sus padres caminando desde Centroamérica.

Fotógrafo: Courtesy of Silvia Munoz

Durante su estadía en el albergue para inmigrantes Casa Oscar Romero, en El Paso, Texas, la voluntaria Silvia Muñoz le tomó una fotografía a los zapatos de un niño que llegó con sus padres caminando desde Centroamérica.

Destacó la labor y la generosidad de los otros voluntarios, como un joven con cáncer que entre sus tratamientos pasó dos semanas ayudando a otros, que no son sus compatriotas, ni hablan su misma lengua materna. Le entristeció haber sido la única voluntaria de origen hispano durante el tiempo que estuvo allá.

Los voluntarios son de todas las religiones; la mayoría católicos y religiosas. Regularmente llegaban grupos de misioneros mormones, de la Iglesia Protestante y de la misma gente que vive en El Paso, todos dispuestos a ayudar en lo que fuera.

El trabajo de los voluntarios en el albergue es intenso, dijo Muñoz. Alrededor de 10 voluntarios atienden diariamente a un promedio de 120 personas. Pero los mismos inmigrantes ayudan en todo lo que se les pida, indicó.

La mayoría son de Guatemala, el 70 por ciento aproximadamente, y muchos de ellos de origen indígena, que no hablaban bien el español. También hay gente de El Salvador y Honduras, pequeños grupos de brasileros, algunos cubanos e incluso algunos nicaragüenses. Todos con niños, por lo menos uno o dos que algunas veces les faltaba ropa para ellos. Pero “yo decía: aquí está Dios, porque cuando tú necesitabas, lo que necesitabas allí llegaba”, indicó Muñoz.

Los inmigrantes, después de ser detenidos y procesados por ICE, son llevados a instituciones religiosas y caritativas como la Casa Óscar Romero, uno de los muchos albergues para inmigrantes de Annunciation House.

Annunciation House es una organización sin fines de lucro que empezó hace 40 años con un grupo de jóvenes que buscaban la manera de vivir su fe ayudando al inmigrante. Se sostiene a través de donaciones; no recibe fondos del gobierno, “pero tienen el contrato con el gobierno de que ningún inmigrante duerma en la calle”, indicó Muñoz.

Annunciation House tiene albergues abiertos en diferentes lugares de la ciudad. En colegios, conventos, iglesias católicas, iglesias protestantes y en hoteles baratos que les rentaban un par de pisos.

Muñoz dijo que las historias de los inmigrantes que conoció en la Casa Óscar Romero la han impactado, y desde que regresó no puede dejar de pensar en ellas.

“Esta experiencia me ha cambiado completamente. Ver cara a cara a la gente me impactó”, dijo Muñoz; y agregó: “Me he encontrado con el Cristo crucificado y me alegro de que haya sido en Cuaresma, porque ha sido la Cuaresma más vivida de mi vida”.

Comments from readers

Silvia M Munoz - 06/04/2019 06:00 PM
José Amaro, you are right in thinking I was generalizing. I apologize, I am not. I know some Pedro Pan members that are totally committed to social justice and in favor of immigration reform, and we share the same ideas. However, I also know many Cubans, some them who came through Pedro Pan, that have told me what was stated in the article.
María Elena Larrea OSF - 06/03/2019 10:16 PM
Silvia, I understand very well what you went through there since I am a political refugee from Cuba and expended two weeks in El Paso, TX at the Annunciation House and welcoming all these victims that are looking for a better life. Now we have to do the same here in Florida, especially with the unaccompanied minors in Homestead and Miramar. Thank you for the article and your commitment.
Jose Amaro - 06/01/2019 11:46 AM
As a Pedro Pan, I must object to Mrs. Muñoz' characterization of the Pedro Pan community's views on the current immigration crisis (“It hurts me to hear my fellow Cubans, especially those who left via Pedro Pan, those of us who left by ourselves, (say) they don’t understand why these parents are doing this. They call it abuse, saying they are using the children to be able to get into the U.S.”). In my estimation, she is overgeneralizing, and, by doing so, she's misrepresenting and distorting the point of view of a great many Pedro Pans. It is in fact a disservice to the Pedro Pan community's diversity of opinion on this matter.

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