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Un pastor que apacentó su rebaño por más de 60 años

Homilía del Arzobispo Wenski en el funeral del Arzobispo Tulio Manuel Chirivella

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El Arzobispo Thomas Wenski predicó esta homilía el 16 de abril de 2021 en la iglesia Our Lady of Guadalupe, en Doral, durante la Misa fúnebre por el Arzobispo Tulio Manuel Chirivella, emérito de Barquisimeto.

Queridos hermanos y hermanas,

Acabamos de celebrar con fe y alegría la Resurrección del Señor, el paso de las tinieblas a la luz, el triunfo del amor incondicional de Dios sobre el poder del mal, de la muerte y del pecado. Inundados de este gozo pascual, nos reunimos para dar gracias una vez más por todas sus bendiciones y porque, en su infinita misericordia, quiso derramar su sangre por nosotros sobre el madero de la cruz, y así alcanzarnos salvación y vida en abundancia.

En este tiempo de gozo pascual, fueron al encuentro del Padre de las Misericordias tres obispos eméritos de la Iglesia hermana en Venezuela: Monseñor Cesar Ramon Ortega Herrera (Barcelona) y Monseñor Helimenas de Jesús Rojo Paredes (Calabozo) y Mons. Tulio Manuel Chirivella Varela (Barquisimeto). Monseñor Tulio entrego su alma al Señor la víspera de la fiesta de la Divina Misericordia a la edad de 88 años, aquí en Miami, y por cuyo eterno descanso estamos ofreciendo esta Eucaristía. Es esa vida que no tiene fin la que está disfrutando ya Mons. Tulio Manuel Chirivella Varela con estos dos hermanos obispos venezolanos. 

Y qué ocasión tan providencial para que en la víspera de la Divina Misericordia fuera al encuentro del Padre de las Misericordias, un pastor que entregó su vida por más de 60 años apacentando su rebaño, como presbítero primero y luego como obispo, hasta su retiro en el año 2007. Pastor cercano a su pueblo, siguiendo el modelo que hoy nos ofrece el Salmo Responsorial, fue amante de la libertad y la justicia, dispuesto a escuchar y a servir, mostrando siempre a su paso el rostro amable de Jesús, Buen Pastor.

Nacido en Aguirre, Estado de Carabobo, un 14 de noviembre de 1932, recibió la ordenación sacerdotal a los 24 años, el 11 de noviembre de 1956. Siendo designado Obispo de Margarita en 1974, en 1982 fue nombrado arzobispo de Barquisimeto, tarea que asumió por 25 años, junto a otras tantas dentro de la Conferencia Episcopal Venezolana, de la que llegó a ser su presidente en 1996.

Por otra parte, y desde su preocupación pastoral en defensa de la dignidad de la persona, dirigió importantes iniciativas en favor del respeto a los derechos humanos desde el compromiso social de la Iglesia.

Según esta doctrina social de la Iglesia, Dios nos creó como fruto de su amor infinito; por lo tanto, vivir de acuerdo con su voluntad es el camino para encontrar nuestra verdadera identidad, y la verdad de nuestro ser — mientras que, separados de Dios, estamos alienados de nosotros mismos y arrojados al vacío.

La obediencia de la fe es la libertad verdadera, la redención autentica que nos permite unirnos al amor de Jesús y en su determinación de conformarse totalmente a la voluntad del Padre. Así, se entienda el sentido profundo de su lema episcopal que marcó y animó todo su ministerio pastoral: “Me gastaré y desgastaré para la Gloria de Dios”.

Pues, "Cuando se excluye a Dios de nuestras vidas, el mundo se vuelve un lugar hostil para el hombre y frustra la vocación verdadera de la creación que es ser un espacio para la alianza, para el Sí al amor entre Dios y la humanidad". (Papa Benedicto XVI, Santiago de Cuba 2012)

Jesucristo cumple el deseo del corazón humano que es que el mundo se convierta en un hogar digno de la humanidad. Para que el mundo se convierta en un hogar digno del hombre no puede cerrarse a la transcendencia, no puede cerrarse a Dios y a la vocación que cada hombre y cada mujer tiene que vivir con Dios y no solamente en el momento presente, pero para toda la eternidad.

De eso precisamente nos habla hoy la Palabra de Dios; de entrega, de gastar la vida por los otros, de morir a uno mismo para ganar la vida que no tiene fin: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto." (Jn 12, 23-24). Palabras de Jesús pronunciadas poco antes de su pasión y muerte, anunciando a sus discípulos que había llegado su hora; la hora de ser glorificado y de ofrecer su propia vida por la salvación del mundo. 

A la luz de la vida y entrega de Jesús, nuestra vida cristiana podrá adquirir verdadera plenitud y sentido, en la medida en que la entreguemos sin reservas en servicio y beneficio de nuestros hermanos. Sólo con Jesús como maestro y modelo seremos capaces de renunciar al egocentrismo como norma de vida, y al egoísmo estéril que cierra los corazones a las necesidades de los otros. A los que están embriagados por el amor al poder, que demos, como Iglesia, un testimonio de esperanza; un testimonio que quiere proponer al mundo y al pueblo venezolano el poder del amor.

Al clero y al pueblo de Dios de Barquisimeto y a todos los venezolanos dondequiera que se encuentran, mis más profundos pésames. Que nuestra Madre celestial, la divina pastora, los consuele desde su santuario en Santa Rosa.

Como el grano de trigo, que sólo muriendo puede dar frutos, sepamos ofrecernos a Dios y a los hermanos según nuestra propia vocación y misión, a ejemplo de Mons. Tulio Manuel y de tantos buenos pastores que Dios ha dado a su pueblo.

Que la simiente de amor y esperanza que sembró en tantos corazones a lo largo de su prolongado ministerio produzca abundantes frutos de fe y de justicia en medio del querido pueblo venezolano, que ahora vive momentos de angustia, carencias y falta de libertad.

Que, purificado de sus faltas, Monseñor Tulio Chirivella ocupe el lugar que tiene reservado el Buen Pastor para quienes han servido fielmente a su rebaño.

Concédele, Señor, el descanso eterno, y que brille para él la luz perpetua. Descanse en paz. Amen.

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