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Columns | Saturday, January 17, 2026

‘Oración en comunidad’: Un llamado a la unidad cristiana

Columna del Arzobispo Wenski para la edición de enero de 2026 de La Voz Católica

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La Octava de Oración por la Unidad de los Cristianos (también conocida como la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos) de 2026 se celebra del 18 al 25 de enero, siguiendo las fechas tradicionales desde la Fiesta de la Cátedra de San Pedro hasta la Conversión de San Pablo.

Tras el Concilio Vaticano II, se avanzó mucho en la unión de los católicos con aquellos a quienes el Concilio llamó nuestros "hermanos separados". Lamentablemente, gran parte del entusiasmo inicial por las reuniones y el diálogo interreligiosos y ecuménicos se ha desvanecido. Sin embargo, con el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica se comprometió firmemente a promover una mayor unidad entre las iglesias cristianas y las comunidades eclesiales, y a ayudar a sanar algunas de las heridas que nuestra división ha causado al Cuerpo de Cristo. Nuestra desunión como cristianos representa una traición a Cristo y, en ese sentido, sigue siendo un escándalo: un obstáculo en nuestro mundo para muchos que buscan la unidad y la esperanza en Jesús, nuestra paz, como fuente de unidad. La labor del Consejo para promover una mayor comprensión y cooperación entre los cristianos de todas las denominaciones debe continuar en el siglo XXI.

Reconocemos que es la voluntad de Cristo que seamos uno. Ut unum sit, esta fue la oración de Jesús por sus discípulos la víspera de su muerte, la noche de su traición. Debemos hacer de la oración de Jesús nuestra oración y buscar oportunidades para orar juntos sin ocultar las diferencias que aún nos dividen.

La celebración del aniversario 1,700 del Credo de Nicea, en noviembre pasado en Turquía, reunió a líderes católicos, ortodoxos y protestantes cuyas iglesias y comunidades eclesiales profesan este antiguo Credo (que los católicos recitamos en la Misa todos los domingos). Y aquí en Miami, nuestra universidad arquidiocesana, la Universidad de St. Thomas, patrocinó un diálogo ecuménico sobre el Credo Niceno entre un teólogo católico y uno ortodoxo.

También debemos buscar oportunidades para colaborar con cristianos no católicos en lo que podríamos llamar el ecumenismo de la caridad, del amor. Vemos cuánto se puede lograr cuando hombres y mujeres de fe trabajan juntos. Los esfuerzos de diversas congregaciones por trabajar juntos para abordar temas de interés comunitario y justicia, sirven como testimonio de la unidad fundamental de todos los que invocan el nombre de Jesús. Organizaciones religiosas como PACT y BoldJustice unen a personas de diferentes congregaciones en el espíritu de Unidad que Jesús pide al Padre por nosotros y exige de nosotros. El movimiento provida también es un esfuerzo ecuménico.

Sin duda, existen grandes diferencias en nuestra comprensión de lo que Cristo nos pide —diferencias de teología y política eclesial— y estas diferencias no pueden pasarse por alto ni minimizarse. Estas diferencias son temas adecuados para el diálogo mientras buscamos comprendernos mejor. Sin embargo, si bien estas diferencias son reales y sustanciales, muchas de las tensiones, muchas de las dificultades, gran parte del dolor experimentado entre personas de diferentes comunidades cristianas o entidades eclesiales, no provienen tanto de estas diferencias, sino de las fallas humanas y el pecado del orgullo. Por eso, la oración —orar juntos— puede sanar eficazmente esos malos sentimientos y aliviar esas tensiones, ya que la oración puede ayudar a lograr una purificación de la mente y el corazón, esa “conversión interior” sin la cual no puede haber verdadero ecumenismo.

El tema de la celebración de la Semana de la Unidad Cristiana de este año es: “Un solo cuerpo y un mismo espíritu, pues ustedes han sido llamados a una misma vocación y una misma Esperanza”. (Efesios 4:4). Este tema nos recuerda que, como cristianos, pertenecemos únicamente a Cristo. Debemos avanzar hacia una mayor unidad, a pesar de las tensiones y dificultades que inevitablemente nos acompañan. Debemos anteponer la primacía de Jesús. Porque ya sea que nos llamemos católicos, metodistas, episcopales, bautistas o de cualquier otra forma, mientras nos llamemos cristianos, reconocemos que la Iglesia es suya, no nuestra. Si aceptamos esto, entonces Aquel que es el arquitecto y fundamento de la Iglesia nos unirá y nos ayudará, mediante la gracia de nuestro bautismo común, a superar las diferencias históricas, culturales o la simple falta de conocimiento y comprensión mutua que a menudo erigen barreras que nos separan.

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