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Por John Knebels, OSV News
(OSV News) -- Fernando Mendoza habla a menudo sobre la importancia de tener claras sus prioridades.
En la noche más importante de su carrera de fútbol americano, lo demostró.
Mendoza --un católico comprometido, ganador del Trofeo Heisman en 2026 y el mariscal de campo (quarterback) que llevó a la Universidad de Indiana a su primer campeonato nacional de la División I de la NCAA-- se convirtió en la selección número uno global del draft de la NFL el 23 de abril, elegido por los Raiders de Las Vegas.
Sin embargo, mientras el mundo del fútbol americano se congregaba en Pittsburgh, la ciudad anfitriona del "draft", Mendoza optó por no asistir. En su lugar, permaneció en su hogar en Miami, rodeado de su familia y cerca de la persona que más lo ha forjado: su madre.
Después de que el comisionado de la NFL, Roger Goodell, anunciara la selección, Mendoza no estuvo disponible para conceder entrevistas. Esa ausencia habló por sí sola.
"Quería quedarme y crear ese recuerdo junto a todos aquellos que se entregaron de lleno a mi trayectoria en el fútbol americano", comentó Mendoza en "The Rich Eisen Show" el 20 de abril. "Mentores, entrenadores, familiares, amigos... Poder compartir ese momento con todos ellos será el mejor recuerdo que pueda atesorar, en lugar de limitarlo a 10 o 12 personas en Pittsburgh".
Fotógrafo: Kirby Lee
El exmariscal de campo de los Hoosiers de Indiana, Fernando Mendoza, aparece proyectado en la pantalla durante el draft de la NFL en Pittsburgh desde el suburbio de Coral Gables, en Miami, el 23 de abril de 2026. Esa noche fue seleccionado por los Raiders de Las Vegas como la primera selección del Draft de la NFL 2026 en el Acrisure Stadium de Pittsburgh. (Foto OSV News/Kirby Lee-Imagn Images vía Reuters)
Para Mendoza, aquello no fue simplemente un hito profesional; fue un momento de gratitud y de plena presencia.
En el centro de esa decisión se encontraba su madre, Elsa, quien lleva mucho tiempo luchando contra la esclerosis múltiple, una enfermedad autoinmune que afecta al sistema nervioso central y la ha confinado a una silla de ruedas. El desgaste físico y la logística de los viajes hicieron que la decisión resultara práctica.
"Es mucho más sencillo para nosotros dada nuestra situación familiar", comentó.
Pero el razonamiento es más profundo.
"La veo luchar día tras día, y siempre con una sonrisa en el rostro", le dijo Mendoza a Eisen. "Por eso, no tengo excusa alguna para tener un mal día, realizar una mala jugada o jugar un mal partido. Siempre trato de mantener una actitud optimista, dar lo mejor de mí y servir de la mejor manera a mis compañeros de equipo".
El cimiento de su vida
Esa perspectiva --moldeada no por las jugadas más destacadas, sino por el testimonio cotidiano-- constituye el cimiento de su vida. Es inseparable de su fe católica, la cual practica de manera abierta y constante.
Entre las anécdotas en el terreno de juego que definen a Mendoza, destaca una ocurrida el pasado 19 de enero en el Hard Rock Stadium de Miami Gardens, cuando protagonizó uno de los momentos más emblemáticos de la historia reciente del fútbol americano universitario. En la cuarta jugada y con cuatro yardas por avanzar en la línea de 12 yardas durante el partido por el campeonato nacional, se lanzó contra un muro de defensores, soportó múltiples impactos y se arrastró hasta cruzar la línea de la zona de anotación para anotar un "touchdown" que contribuyó a asegurar una victoria de 27-21 y a coronar una temporada perfecta con un récord de 16-0.
Momentos después, en medio de la celebración, desvió el foco de atención hacia otro lugar.
"Este momento es más grande que yo", afirmó el joven de 22 años, de raíces cubanas. "En primer lugar, quiero dar gracias a Dios".
No fue un sentimiento pasajero.
En la ceremonia del Trofeo Heisman, celebrada el 13 de diciembre en la ciudad de Nueva York, Mendoza volvió a poner la fe en primer plano.
"Antes que nada, quiero darle gracias a Dios por permitirme perseguir un sueño que durante mucho tiempo sentí inalcanzable", dijo Mendoza, visiblemente emocionado.
Entonces se volvió hacia su madre.
"Mami, este trofeo es tan tuyo como mío", dijo. "Siempre fuiste mi mayor fan. Eres mi luz. Eres mi ‘porqué’. Eres mi mayor apoyo. Tu sacrificio, tu valentía, tu amor fueron mi primer manual de juego, y el que voy a llevar conmigo a lo largo de toda mi vida".
"Me enseñaste que la fortaleza no necesita imponerse ni hacerse notar; puede ser silenciosa y firme. Es elegir la esperanza y creer en uno mismo, incluso cuando el mundo no da demasiadas razones para hacerlo", dijo.
Esas palabras reflejan un camino forjado por la paciencia y la resiliencia. Mendoza fue un recluta de dos estrellas proveniente de la Christopher Columbus High School en Miami, una escuela católica dirigida por los Hermanos Maristas.
Sus inicios universitarios
Tras comenzar su carrera universitaria en la Universidad de California, Berkeley, Mendoza se trasladó a Indiana, donde se convirtió en la pieza central de una notable transformación. Apenas dos años después de haber registrado una temporada con un balance de 3 victorias y 9 derrotas, los Hoosiers se alzaron con el campeonato nacional bajo el liderazgo de Mendoza.
Su llegada a la NFL conlleva expectativas similares. Los Raiders han tenido dificultades para lograr estabilidad en la posición de mariscal de campo. Mendoza irrumpe en ese escenario de incertidumbre como un potencial pilar fundamental: un jugador del que se espera que devuelva el rumbo a una franquicia que lo busca afanosamente.
Fotógrafo: Kirby Lee
Sin embargo, a pesar de toda la presión que conlleva ser la primera elección del "draft", la identidad de Mendoza permanece inalterable.
Quienes lo conocen de cerca describen una fe firme y vivida. Según se cuenta, reza el rosario todos los viernes, escucha la Misa antes de los partidos y evita la música estridente para mantener la concentración. Asiste a Misa con regularidad y vive los sacramentos no como una mera rutina, sino como un anclaje espiritual.
El padre dominico Patrick Hyde, párroco del Centro Católico St. Paul en la Universidad de Indiana, ha sido testigo directo de esa coherencia.
"Fernando respalda con hechos lo que dice en televisión, dando gloria a Dios en la Misa dominical", escribió el padre Hyde en X. "Asiste por amor a Dios, no en busca de la alabanza humana".
En Nochebuena, Mendoza llevó su Trofeo Heisman al Centro Católico St. Paul; no para exhibirlo, sino como un acto de gratitud.
Semanas más tarde, tras el campeonato nacional, volvió a pisar el terreno de juego --con el confeti cayendo y la historia ya escrita-- y abrazó a su madre. Ambos lloraban.
"Quiero dar toda la gloria y las gracias a Dios", dijo.
En una era definida por el espectáculo y la autopromoción, la elección de Mendoza en la noche del "draft" supuso un discreto contraste.
Sin escenario. Sin focos.
Solo el hogar.
---John Knebels escribe para OSV News desde los suburbios de Filadelfia.