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Homilies | Tuesday, February 17, 2026

Cada vez que celebraba la Eucaristía, se ofrecía a si mismo

Homilía del Arzobispo Thomas Wenski por la Misa funeral del Padre Raúl Angulo

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Homilía del Arzobispo Thomas Wenski por la Misa funeral del Padre Raúl Angulo en Mother of Christ Catholic Parish, Miami, FL. martes, 17 de febrero de 2026.  

Hermanos y hermanas:

Nos reunimos hoy con el corazón apretado por la despedida, pero lleno de una gratitud profunda. Estamos aquí para entregar al Padre a nuestro hermano, Padre Raúl Angulo.

San Agustín decía que el sacerdote no se pertenece a sí mismo, sino que pertenece a Dios y a su pueblo. Al mirar este féretro, no solo vemos el final de una vida humana, sino la culminación de una entrega total. Sus manos, que tantas veces se alzaron para absolver pecados y para consagrar el Pan de Vida, hoy descansan en la paz de quien ha cumplido su misión.

La vida de un sacerdote es un eco de las palabras de Cristo: "Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos". Padre Angulo no solo predicó el Evangelio; buscó encarnarlo. Y aún después de su jubilación como párroco de esta parroquia que tanto amaba, seguía sirviendo al Pueblo de Dios, ofreciendo Misas en varias parroquias y asilos de ancianos.

Como el Buen Pastor, él conoció a sus ovejas y ellas conocieron su voz, que siempre fue un bálsamo de consuelo y una guía hacia la verdad. Cada uno de nosotros guardamos recuerdos gratos de su ministerio entre nosotros. Gracias Padre Angulo por todo lo que representaba para sus compañeros sacerdotes y para sus parroquianos. Murió unos días antes de cumplir sus ochenta años, que fue el Dia de los Enamorados. Como laico se enamoró con el Señor y respondió “si” cuando el Señor lo llamo al sacerdocio.

Cada vez que celebraba la Eucaristía, se ofrecía a sí mismo. Hoy, esa última misa que es la muerte se convierte en la entrada definitiva a la Liturgia Celestial. Ya no necesita signos ni velos; ahora ve cara a cara a Aquel a quien amó y sirvió. 

"Si morimos con Él, viviremos con Él".

Mi sincero pésame a la hermana y cuñado de Padre Raúl y todos que lloran su desaparición. Aún que el dolor es real, nuestra fe es más fuerte. El bautismo nos hizo hijos, pero el orden sagrado lo hizo "otro Cristo". Por eso, nuestra esperanza no es una ilusión. Creemos firmemente que el Señor, al recibirlo, no le preguntará cuánto éxito tuvo, sino cuánto amor puso en cada gesto. 

Hoy le decimos al Señor: "Gracias por habernos dado a este hombre como hermano y padre espiritual". Y le pedimos que purifique cualquier fragilidad humana que haya quedado en él, para que brille con la luz que no tiene fin.

Ponemos el alma del Padre Raúl Angulo bajo el manto de María, Virgen de la Caridad y Reina de los Apóstoles. Ella, que acompañó a Jesús hasta la Cruz, acompaña hoy a este fiel servidor hasta el umbral del Paraíso.

Que descanse en paz y que, desde el cielo, siga intercediendo por esta comunidad que tanto amó. Que su ejemplo suscite en nuestros jóvenes el deseo de decir "sí" al llamado del Señor.

Amén.

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