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Homilies | Thursday, February 28, 2019

Seamos buenos testigos y no causa de esc�ndalo

El Arzobispo Thomas Wenski se retrata con las Madres Carmelitas Descalzas después de celebrar la Misa en su monasterio en Hialeah. Pronto esperan mudarse a un monasterio mucho más amplio que están construyendo en Homestead.

Photographer: COURTESY

El Arzobispo Thomas Wenski se retrata con las Madres Carmelitas Descalzas después de celebrar la Misa en su monasterio en Hialeah. Pronto esperan mudarse a un monasterio mucho más amplio que están construyendo en Homestead.

El Arzobispo Thomas Wenski predicó esta homilía durante una Misa con las Madres Carmelitas Descalzas en su Monasterio de la Santísima Trinidad en Hialeah, el 28 de febrero de 2019.

Queridas hermanas en Cristo, 

Que alegría compartir con ustedes este maravilloso don del amor de Dios y poder darle gracias por todas las bendiciones que derrama sobre nosotros. Dejémonos iluminar hoy por su Palabra salvadora y nutrir nuestro espíritu con el Pan que da la vida eterna, para que al participar de este banquete eucarístico crezcamos en la fe y la esperanza, y reforcemos los lazos de caridad que nos unen a nuestros hermanos y hermanas.

La primera lectura que hemos escuchado nos presenta a un Dios clemente y compasivo, pero ante el cual también tendremos que rendir cuentas tarde o temprano. Se trata de una invitación a no confiar en nuestras propias fuerzas de manera arrogante; a no posponer indefinidamente nuestra conversión personal, nuestro encuentro con Él, y a saber confiar sobre todas las cosas en su justicia y amor misericordioso.  De ahí, la oportuna recomendación del salmista que llama dichosos a quienes saben poner su confianza en el Señor.

Por su parte, en el Evangelio el propio Jesús nos recuerda la primacía de lo eterno sobre lo temporal para que no perdamos de vista las exigencias de su seguimiento. Con palabras fuertes nos exhorta a no poner en peligro nuestra salvación eterna, siendo causa de escándalo para nuestros hermanos, a quienes deberíamos edificar con nuestro buen testimonio de vida. Una clara llamada a todos los creyentes, especialmente a quienes tenemos el encargo de guiar al Pueblo de Dios, para que seamos buenos testigos de su amor y no causa de escándalo y sufrimiento para otros.

Como todos sabemos, los últimos tiempos han sido difíciles para la Iglesia, y han sido motivo frecuente de escándalo los abusos a menores por parte de sacerdotes. Por ello, la pasada semana tuvo lugar un encuentro de presidentes de conferencias episcopales de todo el mundo, convocado por el Papa Francisco, para debatir y tomar medidas que garanticen la protección a los menores y a otras personas vulnerables. Y por supuesto, reafirmar en el seno de la Iglesia el compromiso de cero tolerancia frente a unos abusos que provocan grave dolor, y son causa de escándalo para los cristianos y tantas personas de buena voluntad. No olvidemos la dureza de las palabras de Jesús en este día: “El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar.” Un recordatorio de que su seguimiento exige compromiso, renuncias y radicalidad evangélica.

Queridas hermanas, ante estos y otros tantos desafíos que enfrentamos como Iglesia resulta necesario ofrecer a nuestro pueblo un testimonio de fe que sea fruto de una relación personal con Jesús, de manera que El siempre sea el centro de nuestras vidas, de nuestras familias y de nuestras comunidades. Una amistad con el Señor que se alimente cada día en la oración y en la contemplación de sus misterios. Ese es, precisamente, el valioso testimonio que ofrecen ustedes cada día desde esta clausura, en el mismo corazón de la Iglesia. Fue esa la intuición espiritual de Teresa de Lisieux al descubrir su lugar en la Iglesia, y esa sigue siendo la vocación que con la guía espiritual de Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz sigue animando su consagración al único Esposo y Maestro, Jesucristo el Señor.

Las Madres Carmelitas Descalzas comulgan durante la Misa que celebró el Arzobispo Thomas Wenski en su monasterio en Hialeah. Pronto esperan mudarse a un monasterio mucho más amplio que están construyendo en Homestead.

Photographer: COURTESY

Las Madres Carmelitas Descalzas comulgan durante la Misa que celebró el Arzobispo Thomas Wenski en su monasterio en Hialeah. Pronto esperan mudarse a un monasterio mucho más amplio que están construyendo en Homestead.

Es esta la misión de la vida consagrada contemplativa en nuestro tiempo, como bien lo ha expresado el Santo Padre en la Constitución Apostólica “Vultum Dei quaerere”: “Corazón orante, guardián de gratuidad, riqueza de fecundidad apostólica y de una misteriosa y multiforme santidad, es la vida contemplativa femenina en la Iglesia. Ésta continúa enriqueciendo a la Iglesia de Cristo con frutos de gracia y misericordia” (Papa Francisco, Constitución Apostólica “Vultum Dei quaerere” sobre la vida contemplativa femenina, Roma, 22 de junio de 2016).

Es por tanto un motivo de acción de gracias el poder contar en el corazón de nuestra Arquidiócesis de Miami con la presencia de esta querida comunidad de Hermanas Carmelitas, dedicadas a orar por todas las almas, por su Iglesia, y de manera particular por los sacerdotes. Gracias a cada una de ustedes por su vocación, y por la generosidad demostrada al dejar su antiguo convento y comunidad del Dulce Nombre de Jesús, en Querétaro, y hacer realidad esta nueva fundación que ya ha cumplido 17 años de presencia providente en medio de nuestro pueblo. Gracias por sus oraciones y por su apoyo espiritual a la labor apostólica de la Iglesia. Que el Señor les anime a seguir irradiando con alegría su mensaje de amor y a continuar ofreciendo cada día un testimonio creíble de la infinita bondad de Dios.

Así sea.

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