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Homilies | Saturday, February 15, 2014

�Nuestro evangelio 'es dulce como la miel o amargo como el vinagre'?

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El Arzobispo Thomas Wenski predic� esta homil�a el 15 de febrero durante una misa en St. Timothy con miembros de la comunidad Nueva Jerusal�n que estaban celebrando su 30 aniversario.

Recientemente, el Papa Francisco public� su primera exhortaci�n apost�lica titulada, Evangelii Gaudium, la Alegr�a del Evangelio. En ella, se lamenta de que demasiados cristianos est�n "amargados". Como San Francisco de Sales observ�, se pueden atrapar m�s moscas con miel que con vinagre. �Es el evangelio que predicamos dulce como la miel? �O es amargo como el vinagre?

Esto es algo que debemos tener en cuenta a la luz de las lecturas b�blicas de hoy. Jes�s nos dice que no vino a abolir la ley sino a cumplirla. En el Nuevo Testamento, no s�lo el asesinato sigue siendo un pecado, sino tambi�n los pensamientos de ira; no s�lo el adulterio es condenado, sino tambi�n los deseos lujuriosos que albergamos en nuestros corazones. Hoy en d�a, algunos esperan que el Papa Francisco cambie algunas de las ense�anzas de la Iglesia, las ense�anzas que son cada vez m�s impopulares, ya que van en contra del esp�ritu de la �poca. Y as� vemos como se le da tanta publicidad a las encuestas que dicen que algunos cat�licos quieren que la Iglesia cambie sus ense�anzas sobre el matrimonio, que no es solamente acerca de los sentimientos de dos adultos que consienten, sino m�s bien el futuro y las condiciones necesarias para el florecimiento humano � en otras palabras sobre los ni�os que est�n mejor criados por una madre y un padre que est�n casados entre s� en una relaci�n permanente y exclusiva. Algunos quieren que la Iglesia cambie sus ense�anzas acerca de la anticoncepci�n, del aborto y cualquier n�mero de otras cosas.

Para todos aquellos que esperan que el Papa haga tales cambios, les recuerdo que el Papa sigue siendo cat�lico. Como cat�licos, as� seamos el Papa o simplemente alguien sentado en el banco de la Iglesia, nuestro papel no es cambiar el evangelio, sino permitir que el evangelio nos cambie.

Por supuesto, el Santo Padre ha cambiado el tono � y con raz�n. La Iglesia, y el Evangelio, no es principalmente acerca de un mont�n de "noes". �l ha criticado justamente aquellos que parecen obsesionados con algunos de estos "no", obsesionados hasta el punto de que parecen unos amargados, llenos de vinagre y no de miel.

Como dijeron los obispos latinoamericanos en Aparecida en mayo del 2007, "ser cristiano no es una carga sino un don y conocer a Jesucristo es nuestro gozo�.

Los mandamientos no son una carga. S�, ellos nos obligan a decir "no" a muchas cosas � a la ira, la lujuria, la envidia, el ego�smo. Y porque somos personas cuya voluntad ha sido debilitada y cuyo intelecto se ha ofuscado a causa de la fragilidad humana y el pecado, el decir "no" puede ser dif�cil. El vicio esclaviza, pero la virtud nos hace libres. Los mandamientos son una escuela de virtud, en lugar de ser un "no", son un gran "s�", un s� a la vida, a la solidaridad, a la verdad.

Obedecer los mandamientos no limita o restringe nuestra libertad. Obedecer los mandamientos hace posible la verdadera libertad. Pero la libertad no es una licencia � no demostramos que somos libres haciendo lo que nos place, pero s� haciendo lo que debemos.

El Papa Francisco quiere que recordemos que la alegr�a del Evangelio se encuentra en ese " s�" que le hemos dado a Jesucristo. Ser amigo de Jes�s es un gran regalo, conocerlo es nuestra mayor alegr�a � una alegr�a que no debemos guardar para nosotros, pero que debemos compartir con los dem�s. Sin duda, el decir " s�" a Jes�s tambi�n requiere que digamos " no" a muchas otras cosas. Pero, estos "no" tienen sentido, pueden ser aceptados e incluso abrazados, si entendemos el "s�".

Con demasiada frecuencia, nos encontramos con "amargados" en la Iglesia. Ellos nos cuentan acerca de los " no" pero se olvidan del "s�". El Papa Francisco quiere que el mundo vuelva a descubrir la alegr�a del Evangelio. �l nos llama a cada uno de nosotros como cat�licos bautizados a ser disc�pulos misioneros que compartimos nuestra alegr�a con los dem�s.

Hoy, en esta Misa , reconocemos al grupo, la Nueva Jerusal�n. Durante 30 a�os, se han mantenido activos en sus respectivas parroquias, y se han esforzado por crecer en su amistad con Jes�s. De este modo, son testigos de que ser un cristiano es un gran regalo y no una carga. Para ellos, y para cada uno de nosotros, el conocer a Jesucristo es nuestra mayor alegr�a.

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