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La Cuaresma durante este ciclo litúrgico constituye un verdadero itinerario de iniciación o renovación bautismal. A través del Evangelio de San Juan, la Iglesia nos propone tres encuentros personales que transforman la existencia: la samaritana, el ciego de nacimiento y la reanimación de Lázaro. Cada relato representa una etapa del camino que nos lleva de las tinieblas a la luz de la Pascua.

En el tercer domingo, nos detenemos en el pozo de Sicar con la Samaritana. Aquí, Jesús se presenta como el "Agua Viva". El diálogo revela que el ser humano tiene una sed profunda que ninguna realidad material puede saciar. Al ofrecerle el agua que salta hasta la vida eterna, Jesús da respuesta a las inquietudes de la mujer y la convierte en misionera. Es la etapa de búsqueda del agua viva y la conversión.

El cuarto domingo nos presenta al ciego de nacimiento. El barro y el lavatorio en la piscina de Siloé evocan directamente el simbolismo del Bautismo, que en la tradición antigua se llamaba "Iluminación". Jesús no solo cura unos ojos físicos, sino que abre la mirada de la fe. Mientras los que creen ver se quedan en la ceguera del orgullo, el que reconoce su limitación termina viendo y de rodillas ante el Señor. Es la etapa de la luz y la visión nueva.

Finalmente, el quinto domingo llegamos a Betania con la reanimación de Lázaro. Es el signo definitivo antes de la Pasión. Jesús se proclama como "la Resurrección y la Vida". Ante el sepulcro, el llanto de Jesús y su mandato de "quitar la piedra" nos preparan para el misterio pascual. No se trata solo de volver a la vida biológica, sino de ser liberados de las ataduras del pecado por la Palabra de Cristo. Es la etapa de la vida y la victoria final.

Estos tres domingos se articulan en espiral. Primero, el Señor sacia nuestra sed de dar sentido a nuestra vida; después, ilumina nuestra ceguera cotidiana para reconocer y dar testimonio de su presencia; y finalmente, nos arranca de la muerte para darnos una vida que ya no termina.

Para quienes se preparan para el Bautismo o para quienes renovaremos nuestras promesas en la Vigilia Pascual, estos textos de San Juan son el espejo donde deberíamos mirarnos. La Cuaresma es en realidad un ascenso hacia la alegría de saber que tenemos un Dios que sacia nuestra sed, cura nuestras sombras y nos llama por nuestro nombre para salir del sepulcro y gozar de su vida eterna.

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