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Poco después de que le diagnosticaran la enfermedad de Parkinson, el Papa San Juan Pablo II inició la celebración de la Jornada Mundial del Enfermo para mostrar su solidaridad con los enfermos y los que los atienden, y para exhortar a los fieles a orar por ellos. Treinta años después, continuamos la conmemoración anual de este día especial el 11 de febrero.

Como preparación para la Jornada Mundial del Enfermo de cada año, el Papa publica un mensaje en el que se establece el tema de la jornada. Este año el Papa Francisco ha hecho un reconocimiento especial a los que atienden a los enfermos: "Pienso en los médicos, los enfermeros, los técnicos de laboratorio, en el personal encargado de asistir y cuidar a los enfermos, así como en los numerosos voluntarios que donan un tiempo precioso a quienes sufren".

El Papa les anima a reconocer la belleza de su misión. "Queridos agentes sanitarios, su servicio al lado de los enfermos, realizado con amor y competencia, trasciende los límites de la profesión para convertirse en una misión", escribe. "Sus manos, que tocan la carne sufriente de Cristo, pueden ser signo de las manos misericordiosas del Padre. Sean conscientes de la gran dignidad de su profesión, como también de la responsabilidad que esta conlleva".

Agradezco las palabras de aliento del Papa Francisco a los trabajadores de la salud, pues merecen nuestra admiración y gratitud.

A medida que entramos en el tercer año de la pandemia de COVID-19, me preocupa cada vez más el personal tan dedicado en nuestros hogares en todo el país y en todo el mundo, así como la escasez generalizada de cuidadores en el ámbito de la atención a las personas mayores. La falta de cuidadores geriátricos cualificados ha alcanzado ya proporciones de crisis y no hace más que empeorar.

Las personas mayores que viven en entornos comunitarios han sufrido de forma desproporcionada durante la pandemia, al contraer el COVID en mayor proporción que las personas más jóvenes, experimentar trastornos en sus rutinas diarias, y soportar largos períodos de aislamiento y separación de sus seres queridos.

Pero los cuidadores geriátricos también han soportado una carga pesada, pues a menudo han tenido que cubrir turnos prolongados en condiciones inciertas y con poco personal, y con frecuencia han tenido que tratar de cuidar a sus propios familiares al mismo tiempo.

En ocasiones, los ancianos frágiles han sufrido debido a la escasez de personal causada tanto por la enfermedad de los cuidadores como por el éxodo a gran escala del personal de muchos centros en todo el país.

En un artículo publicado en diciembre de 2021, Skilled Nursing Home News informó que el 14% del personal especializado en enfermería, es decir, 220,000 cuidadores, ha dejado la profesión desde el comienzo de la pandemia.

Antes de la pandemia ya había escasez de cuidadores geriátricos y, con una población de ancianos en rápido aumento, los expertos en gerontología estiman que la necesidad de personal asistencial cualificado aumentará en 2.5 millones para 2030. Una fuerza de trabajo geriátrica inadecuada e inestable conducirá definitivamente a un aumento en los costos y a preocupaciones significativas sobre el acceso y la calidad de la atención.

Desde hace tiempo se dice que una sociedad se puede juzgar por la manera en que cuida a sus ciudadanos mayores, y en Fratelli Tutti el Papa Francisco se refiere al "descarte" del mundo de los ancianos en la opinión pública.

En otro documento reciente del Vaticano, leemos: "Unas particulares atenciones merecen aquellos que viven al interno de las estructuras residenciales: escuchamos cada día noticias terribles sobre las condiciones en que se encuentran, y ya son miles de personas que han perdido la vida. La concentración en el mismo lugar de tantas personas frágiles y la dificultad de obtener los instrumentos de protección, han creado situaciones dificilísimas de gestionar no obstante la abnegación y, en algunos casos, el sacrificio del personal dedicado a su asistencia".

Al igual que las propias personas mayores, quienes las atienden merecen una atención y un apoyo especiales. Esto se puede realizar de muchas maneras:

  • Prestar nuestras voces a la defensa de una mejor capacitación, salarios y beneficios para el personal de centros de cuidados de ancianos, además de una mejor financiación de esos centros y condiciones de trabajo más positivas, incluyendo la provisión de suficienteequipo de protección individual (EPI).
  • Aprovechar la oportunidad de mostrar a los cuidadores nuestra estima, aprecio y gratitud por todo lo que hacen. Al igual que agradecemos a los miembros del ejército por su servicio, agradezcamos a los cuidadores el servicio indispensable que prestan en la sociedad.
  • Compartir con los cuidadores el mensaje del Papa Francisco sobre la dignidad de su profesión.
  • Fomentar los encuentros intergeneracionales en nuestras familias, y animar a los jóvenes a considerar las carreras de asistencia sanitaria geriátrica.

Por último, este 11 de febrero, únanse a mí para orar por el fin de la pandemia, por la sanación de los enfermos y los ancianos, y por la transformación de nuestra sociedad en una cultura que aprecie toda vida humana, sin importar su edad o su fragilidad.

Comments from readers

Valli Leone - 02/07/2022 01:28 PM
Thank you, dear sister Constance, for reminding us of the importance and the joy of tending the poor, sick and the elderly And of our need to pray for all caretakers and caregivers daily. We are all his sheep in need of the Good Shepherd, so may we never forget to pray with them and to share the Gospel message with them and their patients. Too often, we are the only Jesus that some will ever see or hear. And when we leave the room, Jesus never does! What a mighty God we serve! Holy Spirit, rain down – – and continue to impel us to do these corporal and spiritual works of mercy wherever we go. Jesus never fails! ✝️⚓️💜

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