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El año pasado fue difícil en muchos aspectos.

El intercambio de insultos y amenazas violentas entre el presidente Donald Trump y el líder norcoreano Kim Jong Un pusieron el mundo al borde de una guerra nuclear cuya posibilidad continúa.

Los mortales conflictos armados plagaron regiones en todo el mundo. Las guerras civiles en Siria, Irak, Libia, Afganistán, la República Democrática del Congo, Sudán del Sur, Somalia y la República Centroafricana causaron cientos de miles de muertes, en su mayoría civiles.

En el Triángulo Norte de Centroamérica, integrado por El Salvador, Guatemala y Honduras, temibles bandas de drogas convirtieron, y continúan convirtiendo, esa región en uno de los lugares más peligrosos del mundo, causando que muchos buscaran refugio en los Estados Unidos, donde les esperaba una barrera de 700 millas que les gritaba: “¡No son bienvenidos!”

En Myanmar, la violenta persecución étnica por parte del gobierno contra el pueblo Rohinyá, y los asesinatos extrajudiciales de presuntos narcotraficantes y usuarios de drogas por parte de la policía y grupos de vigilantes en Filipinas, provocaron miles de muertes.

El bloqueo israelí de Gaza siguió convirtiéndola en la prisión al aire libre más grande del mundo. Y el bloqueo de alimentos y medicinas hacia Yemen, dirigido por la coalición militar árabe y respaldado por los EE.UU., ha causado una de las peores hambrunas en décadas.

El año pasado fue testigo del mayor número de personas desplazadas desde la Segunda Guerra Mundial: sobre 65 millones de personas se vieron obligadas a huir por los conflictos armados y la persecución.

Durante el año pasado, gran parte del mundo estuvo en llamas. Incendios masivos ardieron en los Estados Unidos, Canadá, Rusia, América del Sur y en toda Europa (www.popsci.com/global-wildfire-maps).

Y en 2017, la persecución de nuestros hermanos y hermanas en Cristo fue indescriptible. Según el informe “Persecuted and Forgotten?” (¿Perseguidos y olvidados?) publicado por Aid to the Church in Need (Ayuda a la Iglesia Necesitada), “es claro que la persecución de los cristianos es peor en la actualidad que en cualquier otro momento de la historia”. (https://www.churchinneed.org/news/report-on-persecution)             

De acuerdo con el informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, “The State of Food Security and Nutrition in the World 2017” (Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2017) hay 815 millones de personas que pasan hambre, lo que refleja un nuevo aumento de 38 millones de personas. El informe de la ONU destaca el conflicto, que se complica más por el cambio climático, como uno de los factores principales del resurgimiento del hambre y muchas formas de desnutrición.

Cada vez queda más claro que existe un vínculo entre la pobreza, el hambre, el cambio climático, el conflicto armado y el desplazamiento forzado de los pueblos.

Las barreras artificiales de espíritu mezquino y pecaminoso construidas para separarnos deben desaparecer.

En su famosa carta encíclica ambiental “Laudato Si’, Sobre el Cuidado de la Casa Común”, el Papa Francisco ve el problema ambiental como parte de un problema mucho más grande y más serio: nuestra incapacidad de reconocer consistentemente la verdad de que todo y todos están interconectados.

Explica que “cuando no se reconoce en la realidad misma el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad – por poner sólo algunos ejemplos –, difícilmente se escucharán los gritos de la misma naturaleza. Todo está conectado”.

¡Ese es el principio clave! Darnos cuenta y convertir en realidad la verdad de que todos y todo está conectado – conectado por nuestro Padre amoroso que es el Creador de todo. Y por eso todos somos en realidad hermanos y hermanas. Y, como tan maravillosamente se dio cuenta el místico San Francisco de Asís, incluso el sol, la luna, la tierra – y todo lo que hay en ella – son nuestros hermanos y hermanas.

Por lo tanto, la misión que Dios nos ha dado en 2018 es utilizar nuestro tiempo, talentos y tesoros de manera fiel, creativa, entusiasta, generosa y valiente para difundir esta verdad divina.

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