El catequista: Un 'artista-disc�pulo'
Monday, July 9, 2012
*Peter Ductram
Cuando comenz� el Instituto de Verano 2012, muchos catequistas y maestros de escuelas cat�licas dialogaban sobre los cambios en el curr�culo de Certificaci�n de Catequistas para la Arquidi�cesis de Miami, la importancia de la formaci�n en la fe, y el panorama cambiante de la sociedad en los Estados Unidos. Una de las conversaciones m�s importantes fue sobre la prioridad de la formaci�n sistem�tica para los catequistas. Algunos comentaban sobre �la importancia de vivir nuestra fe�, a lo que otros a�ad�an la prioridad de conocer la fe y el arte de compartirla con nuestros ni�os y j�venes en nuestros programas de educaci�n religiosa y en las escuelas cat�licas.
�Qu� nos ense�a la Iglesia sobre la catequesis? �Cu�l es la diferencia entre la evangelizaci�n y la catequesis? En 1977, el s�nodo de obispos se reuni� en Roma para discutir estas mismas preguntas. (Esta reuni�n prosigui� al S�nodo sobre la Evangelizaci�n que se hab�a realizado tres a�os antes, y en el que se emiti� el documento sobre la evangelizaci�n, Evangelii Nuntiandi, que despert� un nuevo entusiasmo por la propagaci�n del mensaje cristiano.) Gracias al trabajo de los s�nodos, se definieron con claridad los t�rminos �evangelizaci�n� y �catequesis�.
�La obra de la catequesis, si se quiere llevar a cabo con rigor y seriedad, es hoy d�a m�s ardua y fatigosa que nunca a causa de los obst�culos y dificultades de toda �ndole con que topa, pero tambi�n es m�s reconfortante que nunca a causa de la hondura de las respuestas que recibe por parte de los ni�os y de los j�venes. Ah� hay un tesoro con el que la Iglesia puede y debe contar en los a�os venideros�. [Catechesi Tradendae, 40.]
Evangelizaci�n es el primer encuentro con el Cristo vivo, una experiencia transformadora y continua que cambia la manera en que se percibe la vida, el mundo y la humanidad; un cambio en el paradigma, un giro total que nos impulsa a vivir nuestras vidas como disc�pulos de Cristo. Catequesis es lo que le sigue, idealmente, la formaci�n sistem�tica que busca provocar crecimiento, madurez y el entendimiento de nuestro encuentro con Cristo. En otras palabras, el fin de la catequesis es poner a la gente en una intimidad din�mica, en comuni�n con Cristo (Catechesi Tradendae, 5).
�C�mo se entra en comuni�n con Cristo? A trav�s de una profundizaci�n de su conocimiento de la doctrina una vez se ha tomado la decisi�n de la fe. La catequesis produce disc�pulos informados (Directorio General de la Catequesis, 56) de manera sistem�tica con el fin de cumplir con el llamado misionero de la Iglesia para transformar el mundo. Para el disc�pulo, la fe debe ser conocida, celebrada, vivida y expresada en la oraci�n (Directorio Nacional de la Catequesis, p. 60).
�La catequesis es una responsabilidad de toda la comunidad cristiana� (DGC, 220). A trav�s del bautismo y de la confirmaci�n, el Esp�ritu Santo nos otorga una variedad de dones que deben ser utilizados en el servicio a los dem�s. Un catequista responde al llamado del Esp�ritu Santo. La comunidad de fe discierne cu�les miembros poseen este don y les llama a ejercer el ministerio de la catequesis para habilitar a otros con las verdades y los misterios de la fe.
El ministerio catequ�tico es un arte, el arte de transmitir la fe. Los artistas tienen materiales que les capacitan a comunicar realidades interiores. Algunos usan tinta, pintura, escalas musicales o telas para transmitir el significado. Nosotros, como catequistas, hacemos lo mismo cuando utilizamos la Sagrada Escritura con toda su belleza y estilo; cuando usamos la liturgia sagrada con su riqueza, s�mbolos y ritos; cuando usamos la tradici�n de nuestra Iglesia con las historias de los fieles disc�pulos de Jes�s como testigos valientes que han llevado a cabo su misi�n con fidelidad y alegr�a; y cuando utilizamos fielmente la ense�anza del magisterio a pesar de los desafiantes panoramas, tiempos y contextos.
Somos artistas, disc�pulos llenos de fe. Estamos acompa�ados por todos aquellos que nos precedieron contribuyendo a la �obra maestra�: los profetas y los santos, los m�sticos y los m�rtires, predicadores, maestros, mujeres santas y hombres santos. Compartimos en una comuni�n de los santos y en una sola obra que acoge el pasado, el presente y el futuro de la fe en Jesucristo. Como catequistas, artistas y disc�pulos, estamos llamados a ser creativos mientras ayudamos a desplegar el significado de los aspectos de la fe y transmitimos la fe a las nuevas generaciones. Aunque comenzamos con nuestras propias experiencias profundas de Dios, tambi�n debemos conocer nuestras herramientas: la Escritura, la liturgia, la tradici�n y la ense�anza del magisterio para capacitar nuestra imaginaci�n religiosa y los nuevos m�todos.
Quienes servimos en el ministerio catequ�tico del tercer milenio, asumimos nuestro lugar en un linaje de disc�pulos que comienza con Jes�s. En nuestra obra maestra local de la catequesis, anidada en la obra universal, se encuentran las contribuciones �nicas de los artistas individuales que fueron y son el coraz�n del ministerio catequ�tico. Cada uno de nosotros puede nombrar esos artistas, cuyas obras han tocado nuestras vidas y profundizado nuestra fe. Quienes servimos como l�deres de la catequesis y catequistas, contamos historias maravillosas sobre las experiencias personales que dan los distintos matices a la obra maestra, a su forma, y que a�aden a su valor inestimable. Escuchamos las voces que afirman las experiencias de comunidad como algo esencial para nuestro ministerio.
Como catequistas, cada uno de nosotros se convierte en una obra maestra personal. Aceptamos el llamado a convertirnos en �artistas-disc�pulos� de la Palabra. Fieles al dise�o de Cristo, el Maestro Artesano, representado en la persona del Papa y en comuni�n con toda la Iglesia, asumimos la responsabilidad por la manera en que se pinta y se compone la obra maestra para esta y futuras generaciones.
- �Qu� es lo que disfrutan en este ministerio?
- �Qui�n les llev� a notar el detalle y la amplitud de la fe?
- �Cu�les experiencias de fe les llamaron la atenci�n?
- �Qu� capt� sus emociones o conmovi� sus almas?
- Y ustedes, �han considerado convertirse en catequistas?

Comments from readers
Catechesis in an art, an art of tuning up oneself with the first call of God, our humanity, and imaging from there the colors, the melodies, the tools that will be used carefully to craft the ultimate "masterpiece", The Kingdom of God. It is an art because respect is involved, you are the disciple, but you know that the one who will be evangelized also has contribution for your ultimate "masterpiece"; thus, it is a process of combining colors, methods, theories and efforts so that the result can be harmonic and peaceful. In my ministry, many times I am reminded by the words of John Hegerty, a Columban Priest serving in Peru, "let the other evangelize you in order to carry on your mission of evangelization..." great words from him.
You said it very well Peter when you wrote "We, as catechists, do the same when we use sacred Scripture with all its beauty and style; when we use sacred liturgy with its richness, symbols and rituals; when we use the tradition of our Church with the stories of Jesus' faithful disciples as courageous witnesses who have faithfully and joyfully carried on his mission; and when we faithfully use the teaching of the magisterium despite the challenging landscapes, times and contexts. "
Yes, this is what Jesus did!! And so we are called to continue with the mission, the mission of painting, crafting, weaving, etc, the Kingdom of God artistically.
The distinction between catechesis and evangelization has become blurred of late as we encounter learners (that's the South AFrican word for students) who, although baptized, come to us with no grounding in the faith. And so, we must often approach them as if it were their first encounter with the message, which, as the inset of your article states, becomes more difficult by the day.
The systematic formation of our volunteer catechists is a difficult sell, since we are already asking people to make a major sacrifice of time to prepare and teach a weekly class. Sr. Rosa Monique, who held your position for many years, always looked to the day when the tuition for children to attend religion classes would make it possible to pay catechists a small stipend.