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Una carta de amor urgente

Imagen de la Virgen María y el Niño Jesús en la iglesia St. Matthew, en Hallandale Beach.

Fotógrafo: Maria A. Rivas

Imagen de la Virgen María y el Niño Jesús en la iglesia St. Matthew, en Hallandale Beach.

¿Quién no cantó alguna vez de niño: El 13 de mayo la Virgen María, bajó de los cielos a Cova de Iría. Ave, ave...”? Y junto a eso, las emociones se desbordaban cuando nos enterábamos en la casa, la escuela o la parroquia, de que la madre de Dios había escogido en 1917 a tres pastorcitos — ¡sí, a unos niños como nosotros!— para transmitirle varios mensajes a la humanidad.

“El santo rosario constantes rezad, y la paz al mundo el Señor dará…”, era otra de las sencillas estrofas del canto. Esta nos llevaba a valorar la práctica piadosa y catequética del santo rosario, que consistía en rezar un grupo de diez avemarías, mientras se contemplaba un misterio de la vida de Cristo.

 

ESTO NO ES DE AHORA

Hablar del santo rosario es remontarse al siglo IX, cuando los monjes benedictinos (y después los cartujos del siglo XI) incluyeron en sus oraciones un salterio simple con el ya antiguo Ave María. Ya hacia el siglo XIII, el rigor y la devoción pública lo daría Santo Domingo de Guzmán, presbítero español fundador de la Orden de los Predicadores en Francia, conocida hoy como los dominicos.

Fue esta familia religiosa la que fomentó más la práctica del rosario a través de los años, basándose en el testimonio de su fundador; este aseguró haber recibido las cuentas del rosario de la misma Virgen María, junto a una serie de promesas y gracias para quienes lo rezaran, incluida la conversión de los pecadores.

Domingo de Guzmán lo utilizaría luego junto a sus frailes, como medio de evangelización para propagar los misterios de la madre de Jesús, en contraposición a la prédica de los cátaros, corriente herética de la época, ajena a los dogmas marianos.

 

TODO PAPA ES MARIANO

Esta práctica del cristiano, que es tan piadosa como evangélica y tan reflexiva como de contrición, fue asumida a través de los siglos por los pontífices de la Iglesia. De este modo, vemos cómo ya en el siglo XVI, san Pío V determinó que la fiesta se celebrara cada 7 de octubre, denominándola Nuestra Señora de las Victorias. Fue un gesto de gratitud por su auxilio en la batalla de Lepanto (1571) contra los turcos otomanos, periodo durante el cual se rezó mucho el rosario a favor de la victoria y de la preservación de la cristiandad.

Su sucesor, Gregorio XIII, cambió el nombre de la festividad por el de Nuestra Señora del Rosario. Y sería el Papa Clemente XI quien promulgó que su fiesta se celebrara en toda la Iglesia universal. Debemos reconocer que un “Papa mariano” fue León XIII, quien en el siglo XIX manifestó su gran devoción, al escribir nueve encíclicas referidas al rosario.

El Papa Pío XII, al proclamar en 1950 el dogma de la Asunción de María, dio un poderoso impulso a las devociones marianas en todo el mundo, y con ello al rezo del rosario.

En los siglos XX y XXI, encontramos el testimonio de los papas San Juan Pablo II y Francisco. El santo polaco diría en 1978: “Mi oración preferida es el rosario”, lo que dejó plasmado con la grabación de un disco compacto (CD), mediante el cual él mismo rezó el rosario, lo que convirtió a la pieza en uno de los más grandes best sellers de los que se tenga memoria. Y en el año 2002, decretó que se añadieran los Misterios Luminosos, con el fin de que se rezaran todos los jueves.

En el caso del Papa Bergoglio, el 7 de octubre de 2016 confesó mediante un tuit, que el rosario “es la oración que acompaña siempre mi vida; también es la oración de los sencillos y de los santos…”, promoviendo así un mayor acercamiento al mismo. En los primeros días del mes actual, escribió la carta “A todos los fieles para el mes de Mayo 2020”, en la cual fomenta el rezo del rosario en familia y recomienda que su práctica se extienda durante todo el mes mariano.

 

El Papa Francisco sostiene un rosario después de la audiencia general de los miércoles, dentro del Salón Pablo VI, en El Vaticano, el 7 de agosto de 2019.

Fotógrafo: Catholic News Agency

El Papa Francisco sostiene un rosario después de la audiencia general de los miércoles, dentro del Salón Pablo VI, en El Vaticano, el 7 de agosto de 2019.

UNA CARTA DE AMOR FILIAL

Bastan cuatro párrafos en una carta, para comprender el amor filial del Papa Francisco a la Virgen María y la importancia que el Papa le otorga al rezo del santo rosario en su vida y la de los fieles.

El documento mencionado tiene como fecha el 22 de abril del presente año, y contiene una breve pero profunda reflexión del santo padre, a lo que se añaden dos oraciones marianas, escritas por él mismo para la propagación universal.

Reconoce al empezar, que en el mes de mayo el pueblo de Dios “manifiesta con particular intensidad su amor y devoción a la Virgen María”. Es consciente de que durante el mes mariano brotan los más profundos sentimientos entre los creyentes; esto es algo que se constata entre quienes se vuelcan a los santuarios marianos en el mundo entero y participan de peregrinaciones multitudinarias. Otros asisten a enseñanzas en las parroquias o a través de los medios de comunicación —incluidas ahora las redes sociales—, los cuales sacan brillo a su oferta, para que destaque la figura de María.

Dado el momento de la pandemia que estamos viviendo, el Papa enfatiza que la práctica del rezo del rosario en familia durante este mes se ha fortalecido. De este modo, invoca a los fieles a que esta buena tradición sea parte de la vida cotidiana, ya sea personal o en familia.

Así lo aconsejó también el siervo de Dios Patrick Peyton, sacerdote irlandés-norteamericano fallecido en 1992 y fundador del Apostolado del Rosario en Familia: “Una familia que reza unida, permanece unida”.

 

EL SECRETO DEL ROSARIO: LA SENCILLEZ

En otra parte de su carta, Francisco propone: “Contemplar juntos el rostro de Cristo con el corazón de María, nuestra Madre”, pues de este modo la familia espiritual, que es la Iglesia, se unirá todavía más y podrá superar esta prueba de la enfermedad global.

Sin embargo, para alcanzar una interioridad y contemplar realmente los misterios cristocéntricos que ofrece el rosario, el secreto que nos confía el santo padre es “la sencillez”.

Entendamos esta virtud como la capacidad del que se acerca a la oración, pero no como algo mecánico ni autorreferencial; sino como aquel que, aunque lo rece mucho, siempre necesitará de la oración y de María, como intercesora de aquellas gracias que Cristo le encarga.

Por otro lado, el rezo del rosario requiere aproximarse a los misterios sin ideas consabidas, sino con la actitud sencilla de quien se deja asombrar aún ante los pasajes de la vida de Jesús, que entonces y ahora son historia de salvación para todos.

Los dos textos de las oraciones que forman parte de la carta, son una invitación del Papa a rezarlas de modo alterno al final del rosario. Se hace una promesa: “Yo mismo (las) diré durante el mes de mayo, unido espiritualmente a ustedes”.

Sería bueno por lo tanto, reconocer que en estos días sí se puede encontrar el tiempo para rezar el rosario, y que también hay fuertes motivos para hacerlo. Algo adicional: quien se anime a empezarlo (o a retomarlo), lo estará rezando a la par que el mismo Papa Francisco.

 

Oraciones que propone el Papa Francisco para rezar al final del rosario

 

1. Oración a María

Oh María,
tú resplandeces siempre en nuestro camino
como un signo de salvación y esperanza.
A ti nos encomendamos, Salud de los enfermos,
que al pie de la cruz fuiste asociada al dolor de Jesús,
manteniendo firme tu fe.


Tú, Salvación del pueblo romano,
sabes lo que necesitamos
y estamos seguros de que lo concederás
para que, como en Caná de Galilea,
vuelvan la alegría y la fiesta
después de esta prueba.


Ayúdanos, Madre del Divino Amor,
a conformarnos a la voluntad del Padre
y hacer lo que Jesús nos dirá,
Él que tomó nuestro sufrimiento sobre sí mismo
y se cargó de nuestros dolores
para guiarnos a través de la cruz,
a la alegría de la resurrección. Amén.


Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios,
no desprecies nuestras súplicas en las necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.

 

2. Oración a Maria

 

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios.


En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.


Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. Sostiene a aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo.


Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas, y que abra sus corazones a la esperanza.


Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los voluntarios que en este periodo de emergencia combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras vidas. Acompaña su heroico esfuerzo y concédeles fuerza, bondad y salud.


Permanece junto a quienes asisten, noche y día, a los enfermos, y a los sacerdotes que, con solicitud pastoral y compromiso evangélico, tratan de ayudar y sostener a todos. Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y mujeres de ciencia, para que encuentren las soluciones adecuadas y se venza este virus.


Asiste a los líderes de las naciones, para que actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad.


Santa María, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares.


Madre amantísima, acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria. Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio y la constancia en la oración.


Oh María, Consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, haz que Dios nos libere con su mano poderosa de esta terrible epidemia y que la vida pueda reanudar su curso normal con serenidad.


Nos encomendamos a Ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.



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