By Archbishop Thomas Wenski - The Archdiocese of Miami
Homily by Archbishop Thomas Wenski at Mass for the 25th anniversary of the Carmelite cloistered monastery in Homestead, FL. Oct. 13, 2026.
Alabado sea Jesucristo, ahora y por siempre.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo: hoy nos reunimos con el corazón lleno de gratitud para celebrar un acontecimiento hermoso y sereno en nuestra Iglesia local: el 25.º aniversario de la llegada de las religiosas carmelitas descalzas de clausura a Miami.
Hace un cuarto de siglo, ocho religiosas partieron de Querétaro (México) respondiendo a una llamada providencial para arraigarse aquí, en el sur de Florida. Durante décadas, han vivido ocultas entre nosotros: primero en South Miami, luego en Hialeah y ahora en los tranquilos campos agrícolas de Redlands. A lo largo de todo este tiempo, su misión única y radical ha sido orar por el pueblo de Miami y por sus sacerdotes. Llegaron ocho – pero ahora hay 12 monjas y dos postulantes.
Las lecturas de hoy nos invitan a contemplar profundamente la realidad interior de esta vocación monástica. En la primera lectura, san Pablo declara: «Llevamos este tesoro en vasijas de barro». Miremos más allá de la imagen física de las vasijas de barro para comprender lo que san Pablo nos revela verdaderamente. Él habla de la profunda tensión de la condición humana. Somos frágiles, mortales y finitos; sin embargo, por la gracia de Dios, somos capaces de albergar la presencia infinita y eterna del Dios vivo.
La vida de clausura carmelita no oculta esta fragilidad humana; la abraza. Cuando una hermana cruza el umbral de la clausura, se aparta de las redes de seguridad en las que se apoya el mundo: la riqueza, el reconocimiento público y la autosuficiencia. Se expone voluntariamente a su total dependencia de Dios. Y es precisamente en esta dependencia desnuda donde ocurre el milagro. Al no poseer nada propio, la hermana queda libre para ser plenamente colmada por Dios. Su vida se convierte en prueba viviente de que la grandeza suprema del poder pertenece a Dios y no a nosotros.
Este misterio se encuentra en el corazón mismo de la espiritualidad carmelita teresiana. Santa Teresa de Ávila escribió aquellas célebres palabras: «Nada te turbe, nada te espante. Todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada le falta. Solo Dios basta». Si, la paciencia todo lo alcanza: después de 10 años, consiguieron este terreno; y después de otra década, terminaron de construir este monasterio. Como decía Santa Teresa, Quien a Dios tiene, nada le falta. Solo Dios basta.
Durante 25 años, nuestras madres y hermanas carmelitas han vivido esa misma verdad. Nos muestran que perder la vida por Cristo es, en realidad, encontrarla. San Juan de la Cruz enseñó que el lenguaje primordial de Dios es el amor silencioso, y que es en lo profundo de un silencio interior deliberado donde el alma encuentra verdaderamente al Creador. En una ciudad como Miami —siempre en movimiento, siempre gritando y siempre construyendo—, el Carmelo de la Santísima Trinidad se erige como un santuario de ese amor silencioso. Las hermanas no proclaman el Evangelio a gritos en las esquinas; viven el Evangelio en el profundo silencio de la contemplación.
Esto nos lleva directamente a las palabras de Jesús en el Evangelio de hoy: "No se preocupen diciendo: '¿Qué comeremos?', '¿qué beberemos?' o '¿con qué nos vestiremos?'". Cristo nos aparta de la ansiedad y nos manda: "Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura".
Las hermanas son un signo visible y vivo de esta promesa. Cuando llegaron a Miami, no tenían un gran plan arquitectónico ni recursos económicos garantizados. Tenían su regla, sus hábitos y su confianza absoluta en la divina providencia. Como los lirios del campo, permitieron que el Padre Celestial las vistiera y alimentara. Y miren cómo Dios ha provisto. A partir de un espacio conventual prestado, Él les ha construido un hermoso monasterio permanente en Homestead, consagrado como un "pedacito de cielo" en nuestra diócesis. Dios cuidó de ellas porque ellas eligieron ocuparse únicamente de su Reino.
Al no buscar más que a Dios, nada les ha faltado. Su estilo de vida es una medicina sanadora para nuestro mundo preocupado. Vivimos en una cultura profundamente agobiada por el mañana, consumida por temores económicos, la necesidad de control y el constante ruido digital. Pero las carmelitas hacen eco de la sabiduría radical de Cristo: "No se preocupen por el mañana, pues el mañana se preocupará por sí mismo". Ellas nos enseñan a permanecer en el momento presente, donde la gracia de Dios siempre es suficiente.
Queridas hermanas, al celebrar sus bodas de plata, les damos las gracias. Hoy les expresamos nuestra más profunda gratitud, muy especialmente por la maternidad espiritual que ejercen sobre nuestros sacerdotes y seminaristas. Santa Teresa de Ávila fundó las Carmelitas Descalzas con la misión explícita de orar por la santificación del clero. Durante 25 años, su penitencia oculta ha sido un escudo para nuestros pastores. Cuando nuestros sacerdotes están agotados, sus oraciones los sostienen. Cuando nuestros seminaristas afrontan la batalla espiritual o luchas de discernimiento en su formación, su intercesión silenciosa lucha por ellos. Ustedes llevan en su penitencia cotidiana la muerte de Jesús, para que la vida de Jesús fluya abundantemente en nuestras parroquias, en nuestras familias y en nuestras almas.
Que el Señor continúe bendiciendo, sosteniendo y protegiendo a las Hermanas Carmelitas Descalzas de Miami. Que su comunidad siga creciendo y que su testimonio silencioso nos recuerde siempre buscar primero el Reino de Dios, confiando en que todo lo demás se nos dará en su tiempo perfecto.