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'El médico de los pobres' ya es beato

El Papa Francisco sugiere imitar el ejemplo del primer beato venezolano, José Gregorio Hernández

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ACI Prensa 

CIUDAD DEL VATICANO | El Papa Francisco invitó a imitar la vida del nuevo Beato venezolano José Gregorio Hernández, conocido como “el médico de los pobres”, para que “su ejemplo nos ayude a cuidar a los que sufren en cuerpo y espíritu”.

Después de reflexionar en el pasaje del Evangelio dominical y de dirigir el rezo del Regina Coeli el 2 de mayo de 2021, el Santo Padre recordó que el viernes pasado fue beatificado el fiel laico José Gregorio Hernández Cisneros en Caracas, Venezuela.

“Fue un médico lleno de ciencia y de fe: supo reconocer en los enfermos el rostro de Cristo y, como el Buen Samaritano, los ayudaba con caridad evangélica”, destacó el Papa.

El doctor José Gregorio Hernández se convirtió en el primer beato laico de Venezuela el 3 de abril de 2021.

Fotógrafo:

El doctor José Gregorio Hernández se convirtió en el primer beato laico de Venezuela el 3 de abril de 2021.

En esta línea, el Pontífice pidió “un aplauso para el nuevo Beato” y deseó que “su ejemplo nos ayude a cuidar a los que sufren en cuerpo y espíritu”.

La Misa con el rito de beatificación se llevó a cabo en la mañana del 30 de abril en la capilla del Colegio La Salle, localizado en la zona de la ciudad donde el Beato realizó gran parte de su labor, y fue presidida por el Nuncio Apostólico en Venezuela, Mons. Aldo Giordano y concelebrada por el Administrador Apostólico de Caracas, Cardenal Baltazar Porras y el Arzobispo Emérito de Caracas, Cardenal Jorge Urosa.

Debido a la emergencia sanitaria provocada por el COVID-19, la ceremonia contó con un aforo máximo de 150 personas, incluido el clero.

El doctor Hernández es el primer beato laico de Venezuela. (Lea más sobre él aquí.)

Antes de la beatificación, el Papa Francisco envió un video al pueblo venezolano en el que afirmó que el acontecimiento eclesial es “una bendición especial de Dios” que invita a revivir Venezuela a través de la solidaridad y reconciliación.

En este sentido, el Santo Padre indicó que “la beatificación del doctor Hernández es una bendición especial de Dios para Venezuela, y nos invita a la conversión hacia una mayor solidaridad de unos con otros, para producir entre todos la respuesta del bien común tan necesitada para que el país reviva, renazca después de la pandemia, con espíritu de reconciliación”.

Además, en el video mensaje el Papa alentó a seguir el admirable ejemplo del Beato venezolano “de servicio desinteresado a los demás”.

“Creo sinceramente que este momento de unidad nacional, en torno a la figura del médico del pueblo, supone una hora singular para Venezuela, y exige que ustedes vayan más allá, que den pasos concretos en favor de la unidad, sin dejarse vencer por el desaliento”, afirmó entonces.

José Gregorio Hernández nació el 26 de octubre de 1864 en el pequeño pueblo campesino de Isnotú, estado Trujillo (Venezuela). Su madre falleció cuando él tenía solo ocho años.

Estudió medicina en Caracas y tuvo tanto éxito que el presidente venezolano lo envió a estudiar microscopía, histología normal, patología y fisiología experimental en París (Francia).

Al volver fue profesor en la Universidad Central de Caracas. Después de llevar a su familia a la capital, quiso ser monje de clausura en Italia, para dedicarse solo a Dios.

En 1908 entró a la Cartuja de Farneta con el nombre de hermano Marcelo. Sin embargo, algunos meses después se enfermó y su superior le ordenó volver a Venezuela para recuperarse.

Llegó a Caracas en abril de 1909 y ese mismo mes recibió permiso para ingresar en el Seminario Santa Rosa de Lima, pero siguió anhelando la vida monástica. Volvió a Roma luego de tres años, hizo algunos cursos de Teología en el Colegio Pío Latinoamericano, pero una vez más enfermó y tuvo que volver a Venezuela.

Comprendió que Dios lo quería laico y ya no intentó volver a la vida religiosa. Decidió convertirse en un católico ejemplar siendo médico, sirviendo al Señor en los enfermos. Dedicaba dos horas diarias a servir a los pobres.

Un día, mientras cruzaba la calle para comprar medicinas para una anciana muy pobre, fue atropellado y llevado a un hospital donde un sacerdote pudo impartirle la Unción de los Enfermos, antes de morir el 29 de junio de 1919.

Caracas se conmovió y muchos decían: “Ha muerto un santo”. Fueron tantos los que asistieron a su velorio que las autoridades tuvieron que intervenir para organizar a la multitud que quería despedirse de él. 

El 27 de abril de 2020, la Comisión Teológica del Vaticano había aprobado por unanimidad el milagro que permitiría la beatificación del “médico de los pobres”: la curación inexplicable de la niña Yaxuri Solórzano, que recibió un balazo de escopeta en la cabeza en marzo de 2017 cuando delincuentes intentaron robar la moto de su padre. El hecho ocurrió cerca de su vivienda en el caserío Mangas Coveras del estado venezolano Guárico.

En aquel entonces, en el Hospital Pablo Acosta Ortiz, donde fue internada, los médicos decidieron realizarle una cirugía de pronóstico reservado. En el improbable caso que sobreviviera a la herida de bala y a la cuantiosa pérdida de sangre, masa encefálica y huesos, los doctores pronosticaron que quedaría con discapacidad motriz, lingüística, pérdida de memoria y visión.

“A pesar de muchas circunstancias adversas: lugar lejano, mucho tiempo transcurrido entre el incidente y la llegada al hospital, y del pronóstico inicialmente negativo de los médicos, la niña se curó totalmente, de manera inexplicable por causas naturales”, dijo el Arzobispo Emérito de Caracas, Cardenal Jorge Urosa, a ACI Prensa en una entrevista en enero de 2019.

Anteriormente, una fuente eclesial reveló al medio local Panorama que “el hecho fue calificado como inexplicable por el tribunal cuando una tomografía realizada el pasado diciembre (2018), ordenada por el tribunal, mostró que la niña tenía la lesión en el cerebro pero se encuentra totalmente asintomática, sin secuelas, cuando –21 meses después de haber recibido el balazo, ahora con 12 años– debía presentar discapacidad, según el pronóstico del neurocirujano”.

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