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Las Muchachitas de Villa María tienen su calle en Miami

Para que la historia del éxodo de los 14 mil menores cubanos no acompañados no se olvide

Algunas integrantes del grupo de Las Muchachitas de Villa María posan con el comisionado de la ciudad de Miami, Manolo Reyes, con los letreros donde se muestra la designación de una calle de la ciudad con el nombre de su grupo, el 12 de abril de 2022.

Fotógrafo: Courtesy Donaida Lashbrook

Algunas integrantes del grupo de Las Muchachitas de Villa María posan con el comisionado de la ciudad de Miami, Manolo Reyes, con los letreros donde se muestra la designación de una calle de la ciudad con el nombre de su grupo, el 12 de abril de 2022.

Desde la izquierda, Marilú Cantón, Donaida Lashbrook, Ángela López, Carmen Zamora, Nancy González y atrás Nelly González, integrantes de Las Muchachitas de Villa María, posan con el letrero donde muestra la designación de una calle de la ciudad de Miami con el nombre de su grupo, el 12 de abril de 2022.

Fotógrafo: Courtesy Donaida Lashbrook

Desde la izquierda, Marilú Cantón, Donaida Lashbrook, Ángela López, Carmen Zamora, Nancy González y atrás Nelly González, integrantes de Las Muchachitas de Villa María, posan con el letrero donde muestra la designación de una calle de la ciudad de Miami con el nombre de su grupo, el 12 de abril de 2022.

MIAMI | Para no olvidar la historia de la situación que obligó a miles de padres cubanos, hace 60 años, a enviar solos a sus hijos a Estados Unidos, huyendo del régimen comunista, la ciudad de Miami homenajeó a un grupo de ellos nombrando una calle como: Las Muchachitas de Villa María.

El homenaje a este grupo de 40 mujeres, que llegaron cuando eran adolescentes a través del programa Pedro Pan, patrocinado por la Iglesia Católica, fue para “mantener la historia de lo que pasaron la juventud y nuestros padres”, dijo el comisionado de la Ciudad de Miami Manolo Reyes, también de origen cubano, el 12 de abril, el día de la develación de la placa ubicada en la intersección de la 25 Calle del Suroeste y la 24 Avenida del Suroeste.

Estas menores, al llegar a Miami, fueron enviadas a San Antonio, Texas, a una casa de hospedaje para jovencitas, llamada Villa María.

“Es un honor haber realizado la gestión de que esta calle perpetúe la odisea que ustedes pasaron”, dijo Reyes, subrayando que los padres de estos menores “tuvieron que tomar una decisión extremadamente dolorosa” cuando mandaron a sus hijos fuera de Cuba, “para que no fueran adoctrinados”.

María Doval, una activista comunitaria e integrante de Pedro Pan, ayudó a que fuera posible este reconocimiento.

El reconocimiento “nos tocó a todas el corazón de ver que estamos ahí, en una calle. Ahí está la historia de nosotras”, dijo Donaida Lashbrook, integrante del grupo de Las Muchachitas de Villa María.

“Muy agradecida, muy sorprendida, porque no esperábamos tanto”, dijo Rosa Sueiro, otra integrante del grupo de Las Muchachitas de Villa María. Agregó que ha sido algo muy grande la distinción que han recibido, “nosotras, que llevamos tantos años juntas”.

60 años para ser exactos. Tanto Sueiro como Lashbrook tenían 16 años cuando llegaron a Miami en 1962, y después de pasar semanas en el campamento para niñas de Florida City, las enviaron a Villa María.

“Tuve la gran dicha y la suerte que nos enviaron para San Antonio, Texas, a un pensionado dirigido por monjitas”, dijo Lashbrook.

Fotografía de las Muchachitas de Villa María cuando vivían en la casa de hospedaje Villa María, en San Antonio, Texas, hace 60 años.

Fotógrafo: Courtesy

Fotografía de las Muchachitas de Villa María cuando vivían en la casa de hospedaje Villa María, en San Antonio, Texas, hace 60 años.

Edificio de la casa de hospedaje para jóvenes, Villa María, en San Antonio, Texas, en la época en que las muchachitas se hospedaban. Posteriormente, el edificio fue destruido para construir un edificio más moderno.

Fotógrafo: Courtesy

Edificio de la casa de hospedaje para jóvenes, Villa María, en San Antonio, Texas, en la época en que las muchachitas se hospedaban. Posteriormente, el edificio fue destruido para construir un edificio más moderno.

Logo de Las Muchachitas de Villa María creado para el reencuentro de las integrantes a los 25 años de la formación del grupo.

Fotógrafo: Courtesy

Logo de Las Muchachitas de Villa María creado para el reencuentro de las integrantes a los 25 años de la formación del grupo.

Las adolescentes, entre las edades de 14 a 17 años, llegaron a San Antonio a finales de mayo y principios de junio y las clases no empezaban hasta septiembre, “así que tuvimos tres meses ahí todas juntas, todo el tiempo”, dijo Sueiro.

“Teníamos grandes emociones, extrañamos todo; la familia, las amistades, el país, la comida, todo, y hablábamos de todo”, contó Sueiro.

Las cartas se demoraban mucho en llegar de Cuba, a veces dos o tres meses, y las llamadas telefónicas eran muy difíciles por las restricciones que ponía el régimen cubano.

En un principio, no tenían tanto contacto con el exterior; la trabajadora social les dijo a las monjas que, en Cuba, las muchachitas no salían solas. “Nos volvimos hacia nosotras mismas. Si alguien se sentía mal, si estaba llorosa, íbamos para allá (a consolarla). Si alguien recibía una carta del novio con una noticia fabulosa, todo el mundo se alegraba; era casi como una familia”, dijo Sueiro.

Pero también hubo momentos muy emotivos, como la visita del cantante chileno Lucho Gatica, que en aquella época era conocido como El Rey del Bolero. “Fue una gran emoción”, dijo Sueiro. En el cuarto piso, donde estaban las muchachitas, había solo dos duchas y todas corrían de un lado a otro tratando de entrar al baño primero. Las monjas llamaron a los bomberos al escuchar tanto ruido, pensaron que estaba pasando algo malo.

Otra experiencia similar fue ir al teatro a ver a un cuarteto que se llamaba Los Rufinos. “Fueron cosas muy grandes que pasamos juntas”, dijo Sueiro.

También se prestaban la ropa entre todas, porque para salir de Cuba solo podían llevar la ropa que llevaban puesta y tres mudas más y un par de zapatos. “De alguna forma era como si fuéramos (hermanas). De ahí surge yo pienso esa hermandad”, indicó Sueiro.

Para Lashbrook, lo que las unió fue que “todas estábamos por lo mismo, estábamos solas, sin padres, sin familia, en un lugar extraño, ya no era ni en La Florida, ni Miami, estábamos en San Antonio”.

“Si hubiéramos sabido la importancia o la repercusión que iba a tener al cabo de los años, creo que hubiéramos escrito un diario”, indicó Lashbrook, agregando que cree que nadie lo hizo en ese momento.

A medida que iban llegando los padres de las adolescentes de Cuba, las muchachitas se iban yendo del programa en el que podían permanecer hasta que cumplieran los 19 años.

Sueiro se casó y se fue con la familia de su esposo cuando cumplió 19 años. Lashbrook, por su parte, regresó a Miami a vivir con una tía hasta que, ocho años después, pudo reencontrarse con sus padres, con su hermana mayor y su familia.

Después de salir de San Antonio, “las muchachitas” se dispersaron por todo el país; fueron a donde estaban sus familiares, pero se mantenían en contacto en grupos pequeños, con las más allegadas.

El nombre de las Muchachitas se los dio “una monjita española que nos llamaba ‘muchachitas’, y era las muchachitas para aquí, las muchachitas para allá”, dijo Lashbrook.

Cuando se volvieron a reunir, a los 25 años de haber llegado a Estados Unidos, por iniciativa de una de las integrantes, Marilyn Borroto, resurgió el nombre de Las Muchachitas de Villa María. “El esposo de Marilyn, que es arquitecto, hizo el logo”, dijo Lashbrook. Y desde entonces, “las muchachitas” se han seguido reuniendo para diferentes ocasiones, como si fueran familia, incluso durante la pandemia de coronavirus.

 

DE LO DOLOROSO, UNA BENDICIÓN

A pesar del tiempo transcurrido, el dolor de la separación siempre está, “porque a pesar de que sabía lo que estaba pasando en Cuba, sabía por lo que me iba, y que mis padres se vieron casi forzados a sacarnos de Cuba; el dolor de la separación era desgarrador”, dijo Sueiro, quien salió con su hermana menor. Seis años después se rencontró solo con su mamá, pues su papá había falleció de cáncer de pulmón en Cuba.

Para Sueiro, la experiencia de ser parte de estos 14 mil menores que salieron de su país sin sus padres se puede resumir en tres palabras. Primero, “dolor, por el sufrimiento de la separación. Segundo, agradecimiento, inmenso, a este país que nos acogió y a la Iglesia que nos recibió y que nos cuidó. Y tercero, triunfo; este programa fue un triunfo, en general hemos sido mujeres que hemos podido vivir a plenitud en este país, gracias al sacrificio tan absurdo y tremendo que nuestros padres hicieron de desprenderse de sus hijos para buscar lo que más les convenía a ellos”.

Al mismo tiempo, “en mi corazón lo único que hay para el programa de Pedro Pan es agradecimiento. Hubo personas que sufrieron cárcel en Cuba por ayudarnos a escapar. Hubo padres, como los míos, que más nunca volvieron a ver a sus hijos. Hubo momentos muy difíciles, pero el programa para mí ha sido un triunfo absoluto”, expresó Sueiro.

“Le doy gracias a Dios primero, después a mis padres por haber tomado esa decisión, y a este país que nos abrió las puertas para vivir en libertad”, dijo Lashbrook, quien en un principio les guardaba resentimiento a sus padres por haberla separado de ellos, enviándola a otro país sin decirle el por qué. Pero pudo pedirles perdón cuando se reencontraron.

“Como madre y abuela ahora entiendo. Tengo que estar en esos zapatos para ver si puedo tomar la decisión que ellos tomaron, y siempre digo que los héroes de nosotros son ellos, los padres”, dijo Lashbrook.

Catholic Welfare, que hoy en día es Catholic Charities, junto con Mons. Bryan Walsh, que hizo la conexión con el Departamento de Estado, “fueron los artífices de crear un programa para poder sacar a los niños de forma legal y traerlos a este país y cambiarles la vida, el futuro”, dijo Lashbrook.

“Quién iba a pensar que aquella experiencia, que hubiera podido haber sido la peor de nuestra vida y, sin embargo, fue una cosa extremadamente positiva y buena para todos”, señaló Sueiro.

Algunas integrantes del grupo de Las Muchachitas de Villa María posan con los letreros donde se muestra la designación de una calle de la ciudad con el nombre de su grupo, el 12 de abril de 2022. Se les unió el comisionado de la ciudad de Miami, Manolo Reyes y otros invitados a la ceremonia.

Fotógrafo: Courtesy Donaida Lashbrook

Algunas integrantes del grupo de Las Muchachitas de Villa María posan con los letreros donde se muestra la designación de una calle de la ciudad con el nombre de su grupo, el 12 de abril de 2022. Se les unió el comisionado de la ciudad de Miami, Manolo Reyes y otros invitados a la ceremonia.


Comments from readers

Reynaldo Ballon Medina - 05/25/2022 05:28 PM
Las Muchachitas de Villa Maria en San Antonio Texas Maravillosa accion que sucedio y por vez primera me entero Con mi esposa estuvimos hace 10 años en San Antonio por un Congreso Mundial del MFC Movimiento Familiar Cristiano y no nos hicieron conocer esta MARAVILLOSA accion de vida Oremos por ellas