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En medio de represión, Iglesia de Nicaragua acompaña a su pueblo

Obispos entre los atacados por motines progubernamentales mientras la Iglesia busca el diálogo

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Manifestantes antigubernamentales sostienen una imagen religiosa que dice “No matarás” mientras toman parte en una peregrinación en Managua, el 28 de julio de 2018. Miles de nicaragüenses marcharon
recientemente en apoyo del episcopado, acusado por el gobierno de estar a favor de un golpe, en el marco de las protestas que han tenido lugar desde abril y en las que murieron más de 300 personas.

Fotógrafo: MARVIN RECINOS/ Getty Images

Manifestantes antigubernamentales sostienen una imagen religiosa que dice “No matarás” mientras toman parte en una peregrinación en Managua, el 28 de julio de 2018. Miles de nicaragüenses marcharon recientemente en apoyo del episcopado, acusado por el gobierno de estar a favor de un golpe, en el marco de las protestas que han tenido lugar desde abril y en las que murieron más de 300 personas.

MIAMI | Desde el inicio, en abril pasado, de las manifestaciones en contra del gobierno de Nicaragua, la Iglesia Católica se ha mantenido acompañando a la población.

Los obispos y sacerdotes, además de ser los intermediarios en las negociaciones con el gobierno para encontrar una salida a la crisis, han abierto las parroquias para refugiar a los perseguidos y atender a los heridos; han arriesgado sus vidas al permanecer en las zonas atacadas por la policía y los grupos paramilitares, y han salido a las calles a exigir la liberación de los detenidos.

El 9 de julio el Nuncio Apostólico, Waldemar Stanislaw; el Cardenal y Arzobispo de Managua, Leopoldo Brenes. Y el Obispo Auxiliar de Managua, Silvio Báez, junto a varios obispos y periodistas, fueron agredidos por paramilitares encapuchados en la Basílica San Sebastián, en Diriamba, a 26 millas al sur de Managua, cuando intentaban mediar en la liberación de un grupo de enfermeros y misioneros franciscanos que habían sido sitiados en el templo por los paramilitares.

Después de ese ataque, donde los prelados resultaron con heridas y golpes, una parroquia en Jinotepe fue profanada y los sacerdotes agredidos.

La Iglesia en Nicaragua “está siendo perseguida, eso no se puede negar”, dijo el P. Elvis González, director de Vocaciones de la Arquidiócesis de Miami, durante una entrevista con La Voz Católica. Agregó que esta persecución es a la Iglesia en general, a los obispos, a los sacerdotes y a los católicos laicos.

Otro de los ataques más grandes se produjo el 13 de julio, en la parroquia Divina Misericordia, donde se refugiaron los estudiantes de la Universidad Autónoma de Nicaragua (UNAM) que fueron desalojados por la policía antimotines y paramilitares del centro de estudios, donde estuvieron atrincherados desde el inicio de las protestas, Además de los estudiantes, en la parroquia se encontraban periodistas y sacerdotes.

Los paramilitares llevaban armas y atacaron a los estudiantes. “La iglesia quedó desbaratada; incluso se ve la imagen de la Divina Misericordia con muchos tiros. Eso fue impresionante”, indicó el P. González. Como resultado dos jóvenes murieron. En la noche se pudo evacuar a los heridos graves y a un periodista.

Al día siguiente el Nuncio Apostólico y el Cardenal Brenes, acompañados por representantes de los derechos humanos y miembros de organismos internacionales, llevaron ambulancias y un autobús con ayuda humanitaria. Se llevaron a los refugiados a la catedral, donde los familiares llegaron a un acuerdo con la policía.

El Cardenal Brenes responsabilizó al gobierno por estas acciones.

Por su parte, el gobernante Daniel Ortega ha declarado ante medios internacionales que no se ha perseguido a ningún sacerdote, y también negó los ataques ocurridos dentro de las iglesias.

El 21 de julio, durante la celebración del 39 aniversario de la revolución sandinista, Ortega acusó a los líderes católicos de incitar a la violencia y los llamó golpistas.

También dijo que el país ha regresado a la calma y calificó de “terroristas” a quienes participan en las marchas de protesta contra el gobierno. Además, desconoce la legitimidad de las manifestaciones contra su gobierno, y ha acusado a Estados Unidos de apoyar lo que él llama “un intento golpista”.

Ortega quiere convencer a la comunidad internacional que él ha logrado una aparente calma y ha logrado derrotar a los “golpistas”.

“Ha creado una ley antiterrorista, a través del Congreso, que ha sido cómplice, y está llamando a los sacerdotes y a los muchachos terroristas”, dijo el P. González.

“¿Hasta cuándo va a durar esta aparente calma? Digo aparente porque él está gobernando a través de la represión, la violencia y la intimidación”, indicó el sacerdote, y agregó que “nadie puede gobernar un país creando miedo y violencia. Eso es como un castillo de naipes: tarde o temprano siempre se cae”.

Multitudinarias muestras de apoyo a la Iglesia Católica

El 28 de julio la población, convocada por la sociedad civil, realizó una marcha multitudinaria en Managua en apoyo a los líderes católicos, quienes se han mantenido firmes en acompañar y defender a los indefensos y a los atacados, pidiendo que se realice un diálogo sin llegar a la violencia. Mons. Báez señaló, a través de sus redes sociales, que “la paz no se impone a fuerza de balas, intimidación, encarcelamiento y juicios injustos”.

Otras ciudades del interior del país también han manifestado su apoyo a los líderes católicos con marchas.

El diálogo

La Conferencia Episcopal nicaragüense, poco después del inicio de las manifestaciones, aceptó la mediación para lograr un diálogo, que permanece estancado desde mayo debido a que las principales condiciones de la Iglesia para la negociación —como el cese de la represión contra los manifestantes que exigen la salida del poder de Daniel Ortega y de su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo; el adelanto de las elecciones a más tardar en marzo de 2019, y reformas a la Constitución y la corte electoral para que se puedan realizar elecciones libres y democráticas— no se están cumpliendo.

Los obispos le están exigiendo al presidente Ortega que se pronuncie sobre si va a continuar en este diálogo de buena fe, indicó el P. González.

Ortega ha declarado que no va a adelantar las elecciones y que se quedará en el poder hasta el 2021.

Al mismo tiempo se ha registrado un elevado número de nicaragüenses que están saliendo del país, huyendo de la violencia, hacia países vecinos como Costa Rica, Panamá, y a Estados Unidos.

Inicio de las protestas

Las protestas y manifestaciones en contra del gobierno de Ortega comenzaron el 18 de abril pasado, luego de que se anunciaran reformas en el programa de seguridad social, con el aumento de las cotizaciones de los trabajadores, y una reducción de las pensiones a los jubilados.

Estas manifestaciones fueron repelidas con gases lacrimógenos y balas de goma. Y grupos pro oficialistas como La Juventud Sandinista también salieron a las calles a atacar a los manifestantes y periodistas, incrementando la violencia y la represión.

Según un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, hasta la fecha han muerto alrededor de 450 personas, en su mayoría jóvenes, como resultado de los enfrentamientos con la policía. El gobierno de Ortega señaló que los muertos son menos de 200.

Varios organismos internacionales y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos han acusado al gobierno de Ortega de realizar “graves violaciones de derechos humanos”. Entre detenciones ilegales y arbitrarias, homicidios, ejecuciones extrajudiciales, malos tratos, posibles actos de tortura, censura y ataques a la prensa, además de realizar otras formas de amedrentamiento.

Recientemente, la Organización de Estados Americanos, OEA, aprobó la creación de una comisión especial para dar seguimiento a la crisis en Nicaragua, con lo cual se pretende contribuir al diálogo de paz.

Es la peor crisis política que ha enfrentado Nicaragua desde el fin de la guerra civil, hace 30 años, señalaron expertos.

Desde el Vaticano, el Papa siempre ha mostrado su apoyo incondicional a la Iglesia nicaragüense.

Al igual que varias Conferencias Episcopales de Latinoamérica. El Arzobispo Thomas Wenski, de Miami, ha enviado su aliento al pueblo nicaragüense a través de las redes sociales. Y diferentes parroquias de Miami han abierto sus puertas a la comunidad nicaragüense en el exilio, que necesita consuelo y esperanza.

Grupos civiles están recaudando fondos para proyectos específicos de ayuda al país centroamericano.

Actualmente, “Nicaragua está sumergida en la incertidumbre, pero al mismo tiempo está mucho más convencida de que el amanecer se acerca”, dijo el P. González.

“La gente tiene miedo y siente la impotencia de no poder hacer nada más. También tienen mucha esperanza y muchas ganas de enfrentar cualquier realidad que se les avecine”, agregó el sacerdote de origen nicaragüense, quien tiene familiares en ese país y amigos sacerdotes con los que mantiene comunicación.

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