Columns | Monday, October 12, 2026

Lo que damos —y lo que recibimos

El arzobispo Wenski reflexiona sobre la fe y la solidaridad en el centenario del Domingo Mundial de las Misiones

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El Domingo Mundial de las Misiones, que este año se celebra el 18 de octubre, marca el centenario de esta jornada mundial de oración y generosidad en apoyo de las actividades de la Iglesia en las “tierras de misión”. El Papa León XIV ha elegido un lema que expresa bellamente el significado del Domingo Mundial de las Misiones: “Uno en Cristo, unidos en la misión”.

Nuestra unidad en Cristo significa que nos pertenecemos unos a otros y que compartimos una misión común: llevar el Evangelio a todas las naciones. El Domingo Mundial de las Misiones nos permite expresar una solidaridad afectiva con quienes trabajan en tierras de misión para difundir el Evangelio; y la colecta que se realiza en todas las Misas alrededor del mundo también nos permite expresar una solidaridad efectiva con ellos, ayudándolos a contar con los recursos necesarios para llevar a cabo su misión.

Las Obras Misionales Pontificias administran y distribuyen, en nombre del Papa, lo recaudado durante el Domingo Mundial de las Misiones.

“Uno en Cristo, unidos en la misión”; se nos pide apoyar a quienes trabajan en “campos de misión”, lejos de nuestras parroquias. Hoy, en más de 1,100 territorios de misión alrededor del mundo, las iglesias locales dependen de las oraciones y la generosidad de los católicos de otros lugares. Mediante la colecta del Domingo Mundial de las Misiones, ayudamos a formar seminaristas y religiosos, apoyamos a catequistas, sostenemos a sacerdotes y diócesis, y proporcionamos los recursos básicos que permiten a la Iglesia proclamar el Evangelio en comunidades de todo el mundo.

El Papa León XIV, quien conoce personalmente la vida misionera por sus más de 20 años de servicio en Perú, nos recuerda en su mensaje para el Domingo Mundial de las Misiones de este año que la Iglesia está llamada a llevar el amor fiel de Dios “a todas las personas, especialmente a las más necesitadas”.

Durante cien años, el Domingo Mundial de las Misiones ha ofrecido a los católicos una manera concreta de responder juntos a ese llamado.

Como joven sacerdote, al igual que el Papa León, yo también fui sacerdote misionero, pero un sacerdote misionero en mi propio “patio”. Después de un breve tiempo en Haití, dediqué casi 20 años de mi ministerio en el sur de la Florida a los católicos haitianos, mientras luchaban por construir una nueva vida en este país.

Una de las grandes lecciones de mi sacerdocio fue que la misión nunca es un camino de una sola dirección. Como otros misioneros, aprendí que recibí más de lo que di de las personas a quienes serví. La distinción entre una Iglesia que “da” y una Iglesia que “recibe” nunca es tan sencilla como podría parecer.

Aquí, en la Arquidiócesis de Miami, hemos dado generosamente, pero hemos recibido mucho más. Que somos miembros de una Iglesia “universal” que abraza a “todas las naciones” es algo visible cada día. Nuestra Iglesia local se ha enriquecido inmensamente gracias a los católicos que llegaron aquí desde Haití, Cuba, Nicaragua, Venezuela y países de toda Hispanoamérica y el Caribe. Trajeron consigo sus idiomas, devociones y tradiciones, pero, sobre todo, su fe.

Mis encuentros con su fe resiliente y con su profunda confianza en la providencia de Dios, que permaneció firme incluso en medio de enormes dificultades, me ayudaron a comprender mejor lo que significa pertenecer a una Iglesia verdaderamente universal.

Este año del centenario tiene un significado especial para la Iglesia en Estados Unidos. El 24 de septiembre celebramos la beatificación del arzobispo Fulton J. Sheen, quien durante 16 años fue director nacional de las Obras Misionales Pontificias, que supervisan la colecta del Domingo Mundial de las Misiones en nombre del Papa.

El arzobispo Sheen trabajó incansablemente para ampliar la visión misionera de los católicos estadounidenses. Quería que comprendiéramos que la Iglesia se extiende mucho más allá de los límites de nuestra propia parroquia o país, y que las necesidades de los católicos que se encuentran al otro lado del mundo nos conciernen precisamente porque son miembros del mismo Cuerpo de Cristo.

Ese mensaje debería resonar profundamente entre nosotros en el sur de la Florida. Sabemos, por nuestras propias familias y parroquias, que las fronteras no dividen el Cuerpo de Cristo.

En la Iglesia no hay extraños. Solo hay hermanos y hermanas, llamados juntos a ser uno en Cristo, unidos en la misión.

El 18 de octubre, les pido que recen por los misioneros y por las comunidades a las que sirven. Y cuando se realice la colecta del Domingo Mundial de las Misiones en su parroquia, por favor, den generosamente de acuerdo con sus posibilidades.


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