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Fue padre dos veces

Homilía del Arzobispo Wenski en los funerales del P. Antonio Silió

El Arzobispo Thomas Wenski predicó esta homilía el 13 de agosto de 2019 en la iglesia St. Boniface, en Pembroke Pines, durante la Misa fúnebre por el P. Antonio Silió, quien fue párroco de la iglesia de 1995 a 2013.

Queridos hermanos y hermanas,

Celebrar la Eucaristía es siempre motivo de alabanza y acción de gracias a Dios por todas las bendiciones que continuamente nos concede, y de manera particular por el maravilloso don de la fe. Es esa fe la que hoy nos congrega en torno a este altar, para dar gracias por el maravilloso don de la vida de quien supo ser en este mundo, padre dos veces: nuestro querido hermano Antonio Silió, sacerdote de Jesucristo, padre por muchos años de su querida familia parroquial de San Bonifacio, y al mismo tiempo, padre ejemplar de la hermosa familia que un día fundó junto a su esposa Elda; hijos, nietos y bisnietos que hoy nos acompañan en la súplica y la plegaria. Un hombre de Dios entregado a su ministerio, al que dedicó 31 años de su vida desde que fuera ordenado sacerdote en Murcia, España, un 17 de abril de 1988.

Poco después de su ordenación, ya instalado en la Arquidiócesis de Miami, sirvió como vicario en la parroquia de San Isidro, y ya a partir de 1992 lo encontramos como párroco en medio de las tareas de recuperación de San Joaquín, después del paso devastador del huracán Andrew. Tiempo de retos e iniciativas pastorales como la “Operación Esperanza”, esforzándose en acompañar la misión evangelizadora con diferentes servicios sociales, buscando aliviar la difícil situación de tantas familias en aquella área. Una labor que continuó hasta que fue nombrado pastor de esta parroquia de San Bonifacio, donde hoy celebramos su vida, y donde sirvió ejemplarmente al pueblo fiel por los siguientes 18 años.

Aunque de muy joven, siendo estudiante Marista, en La Habana, ya había sentido el deseo de consagrarse a Dios, supo sin embargo, realizarse plenamente en otra vocación; la del matrimonio. Comprometido en diferentes movimientos eclesiales desde su llegada a Miami en 1961, vivió entregado por muchos años a su matrimonio, a su amada familia y a su vida profesional. Es la triste pérdida de su querida esposa Elda lo que le mueve a reflexionar una vez más, en la posibilidad de compartir todo ese amor de Dios que ardía en su corazón con una familia más amplia, extensa: la Iglesia de Cristo.

Padre dos veces, su vida nos recuerda que los caminos del Señor suelen ser sorprendentes y que en cada etapa de nuestras vidas, Él tiene un plan perfecto para nosotros. Nos toca estar atentos a su incesante llamada y a responder con la misma generosidad del Padre Silió, de manera que muriendo a nosotros mismos en este mundo, podamos como él, gozar un día de la cosecha eterna en la casa del Padre celestial.

El mismo Jesús nos recuerda en el Evangelio proclamado que si el grano de trigo no muere, queda infecundo. Solamente después de sepultada y destruida la semilla, es posible contemplar la belleza de las espigas doradas del trigo. De la misma manera, el sacrificio de Cristo en la cruz fue capaz de producir frutos abundantes de redención para todo el género humano. Nosotros, unidos a ese sacrificio y a través de la entrega continua de nuestras vidas por los valores del Reino, estamos también llamados a participar un día de esa cosecha de salvación eterna. Para ello, debemos ser capaces de negarnos a nosotros mismos, de renunciar al egoísmo; de abrir nuestros corazones a la voluntad de Dios y ofrecer cada día nuestras vidas en beneficio de los hermanos.

Este es el modelo de vida cristiana que debe impulsar nuestro seguimiento de Jesús, si queremos realmente ser los discípulos que El hoy necesita. Es el ideal que animó la vida y la entrega de nuestro querido sacerdote, y que hoy le permite estar disfrutando de la cosecha eterna en el cielo, junto a su hija, su esposa, y en compañía de todos los que nos han precedido en el camino de la fe. Elevemos, pues, nuestras súplicas, junto a toda la familia del P. Antonio Silió, para que purificado de sus pecados y recibido en brazos del Buen Pastor, esté gozando eternamente del lugar de la luz, del consuelo y de la paz. Dale Señor a tu sacerdote el descanso eterno y que brille por siempre para él la luz perpetua. Amen.

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