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Se ordenan cinco nuevos sacerdotes en una alegre ceremonia

Senderos serpenteantes trajeron a un haitiano, un cubano, un mexicano, un colombiano y un miamense a servir a la Iglesia

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MIAMI | Un haitiano, un cubano, un mexicano, un colombiano y un miamense: Los graduados que se ordenarán este año llegaron al sacerdocio de lejos y de cerca, algunos serpenteando más que otros en el camino.

Cuando el Arzobispo Thomas Wenski les impuso las manos el 11 de mayo, se unieron a las filas de los 214 sacerdotes que actualmente sirven en el ministerio activo en el Sur de La Florida. Aquí están sus historias, junto con las fotos del alegre rito de ordenación de este año.

 

 
 

 

Padre Reynold Brevil, 38 años: `Ya no es mi vida’

El Arzobispo Thomas Wenski impone sus manos sobre el Diácono Reynold Brevil, ordenándolo sacerdote para la Arquidiócesis de Miami.

Fotógrafo: ANA RODRIGUEZ-SOTO | FC

El Arzobispo Thomas Wenski impone sus manos sobre el Diácono Reynold Brevil, ordenándolo sacerdote para la Arquidiócesis de Miami.

Más de una vez el P. Brevil se salvó de la muerte, aunque no estaba seguro de por qué. Tuvo un accidente automovilístico cuando tenía 18 años; el vehículo se le cayó encima pero salió ileso. En el terremoto de 2010 en Haití estuvo atrapado bajo los escombros durante cinco minutos. "Diez minutos más y hubiera volado al cielo", recordó. "Lo único que podía decir era Jesús, Jesús".

Después del accidente de auto, recuerda que pensó: "Esta ya no es mi vida. Tengo que dársela a Dios". Entonces entró en la comunidad Redentorista justo después de terminar la escuela secundaria, atraído por el carisma de su fundador, San Alfonso de Ligorio. "Se fue a los pobres, a los márgenes", dijo el P. Brevil. "Me encanta".

Pero después de 10 años de estudios en su natal Haití, en la República Dominicana y en Colombia, donde aprendió español, en la cúspide de la ordenación, se fue.

El menor de diez hermanos, vivió con su hermana mayor después de la muerte de su padre. Él tenía 6 años y ella 28. Más tarde, su hermana se mudó a Estados Unidos para reunirse con su hijo, que luego falleció. Era el 2013 cuando el P. Brevil vino al funeral. "Para recompensarla, Dios me dio la oportunidad de venir aquí", dijo. "Yo estaba aquí para ella, para ayudarla a entender que no es el final".

Pero él también sufría y estaba inseguro de qué hacer después de dejar a los Redentoristas. Oró ante el Santísimo Sacramento, suplicando a Dios: "¿Qué quieres de mí?” y prometiendo: "Todo lo que venga a mí, yo lo escogeré".

Dios le envió algunas señales. Conoció a una mujer hispana que había sido católica pero que se había unido a otra iglesia. Motivada a hablar con él, le dijo: "Tú eres un hombre de Dios. Tenemos que hacer algo". Ella le dio dinero y lo llevó a su iglesia, donde rezaron por él. Luego hubo una mujer haitiana que lo dejó vivir en su casa y lo ayudó con el papeleo de inmigración.

Esas experiencias lo llevaron a "una renovación vocacional", y entró al Seminario St. John Vianney. Esperaba tener que estudiar otros nueve años, pero resultaron ser sólo cinco.

"No elegí la diócesis de Miami. Creo que la diócesis de Miami me eligió a mí", dice ahora. Y todas esas experiencias le enseñaron a ser paciente. "Todas las cosas por las que tuve que pasar, todas esas cosas sucedieron para prepararme para ser quien soy. Alguien que pueda entender y ayudar".

Ha sido asignado como vicario parroquial en St. Mary Cathedral, Miami.

 

 
 

 

Padre Yonhatan A. Londoño, 32 años: `Estoy aquí para amarte’

El Arzobispo Thomas Wenski impone sus manos sobre el Diácono Yonhatan Londoño, ordenándolo sacerdote para la Arquidiócesis de Miami.

Fotógrafo: ANA RODRIGUEZ-SOTO | FC

El Arzobispo Thomas Wenski impone sus manos sobre el Diácono Yonhatan Londoño, ordenándolo sacerdote para la Arquidiócesis de Miami.

Viene de una familia muy pobre de Medellín, Colombia. Sus padres no saben leer ni escribir. Pero se sacrificaron por él, su único hijo. Y eso le enseñó el amor. Eventualmente, lo llevó al sacerdocio, donde define su papel de esta manera: "No estoy aquí para apalearte. Estoy aquí para amarte".

"Mi generación no sabe nada sobre el amor. Sabemos lo que es el placer. Sabemos lo que es divertido. Pero no sabemos qué es sacrificarse", dijo el P. Londoño. "Cuando no sabemos cuál es el verdadero significado del amor, es ahí donde nos perdemos. Es cuando Jesucristo no tiene sentido para nosotros".

Y no es sólo un problema de los jóvenes. "Vemos católicos a quienes Dios no les dice nada", para quienes Dios es "parte de mi rutina pero no de mi espíritu", dijo.

A través de su sacerdocio, espera cambiar eso. Pero el sacerdocio no estaba entre sus planes, aunque a los 16 años, un párroco le dijo que podría tener vocación. A los 21 años, "era un tipo normal", con una novia y a punto de entrar a la escuela de medicina, cuando un vecino que era sacerdote —  viendo su compromiso con la iglesia y su franqueza en materia de derechos humanos—  le invitó a entrar en el seminario de la diócesis de Tyler, en Texas.

A pesar del choque lingüístico y cultural — "Allá hay mexicanos. Y yo ni siquiera como comida picante". — dijo que sí. Seis meses después, el seminario cerró, y el obispo lo envió a St. John Vianney, en Miami, para estudiar para esta Arquidiócesis. Fácilmente pudo haber sido enviado a su casa, en Colombia. Pero, "si Dios abre todas las puertas, es ahí donde te quiere", dijo el P. Londoño.

El obispo de Tyler tenía un amigo aquí, el P. Christopher Marino, ahora rector de la Catedral St. Mary, en ese entonces párroco de St. Michael, en Miami. Él y su asociado en St. Michael, el P. Richard Vigoa, ahora administrador de St. Augustine, en Coral Gables, lo apadrinaron. Le hicieron sentirse bienvenido. "Creyeron en mí. Caminaron conmigo".

Por eso, dice, "creo en el poder de la sanación. Creo en el poder del amor". Quiere ser "un sacerdote que camina con el pueblo de Dios. No soy el salvador del mundo, pero quiero ser parte de la sanación de la Iglesia".

Ha sido asignado como vicario parroquial en St. Louis, Pinecrest.

 

 
 

 

Padre José Enrique López, 28 años: `Quiero eso para mi vida’

El Arzobispo Thomas Wenski impone sus manos sobre el Diácono José Enrique López, ordenándolo sacerdote para la Arquidiócesis de Miami.

Fotógrafo: ANA RODRIGUEZ-SOTO | FC

El Arzobispo Thomas Wenski impone sus manos sobre el Diácono José Enrique López, ordenándolo sacerdote para la Arquidiócesis de Miami.

Crecer como católico en Cuba no fue fácil, recordó el P. López. En su escuela, con un alumnado de entre 500 y 600 alumnos, "conocí sólo a una chica que también era católica".

Las circunstancias se hicieron más difíciles por el hecho de que sus padres habían estado tratando de salir de la isla desde que él podía recordar. Pero siempre tuvo una "inclinación hacia la Iglesia", dijo.

La idea de la vocación surgió después de visitar el claustro de las monjas Carmelitas Descalzas en su Habana natal. "Recuerdo que pensé que esto debía ser horrible. Esas mujeres deben estar tristes, amargadas, sufriendo". En cambio, encontró mujeres que eran más felices que cualquiera que él conocía. "La pregunta surgió en mí: ¿Cómo esta fe puede mantener a esta gente feliz aquí? Quiero eso para mi vida".

Tenía 17 años, comenzó a leer más la Biblia y a conocer la vida de los santos. Pensó en el sacerdocio, pero la idea de vivir una vida "pobre, casta y célibe" resultó ser un obstáculo. Aun así, la idea seguía girando en su cabeza hasta que se le olvidó por completo.

Fue como si se hubiera apagado un interruptor, dijo, unos meses antes de que él y sus padres dejaran Cuba para ir a Miami. Tenía 19 años cuando se establecieron en Miami Beach y comenzó a trabajar en el McDonald's de la calle 79 y Biscayne Boulevard. Un día, estaba viendo la televisión y apareció un sacerdote. Pensó: puedo probar el sacerdocio, y entró en el Seminario St. John Vianney.

A lo largo de sus cuatro años allí, le decía a la gente: "Dios me llamó mientras veía la televisión". Hasta que su madre le recordó otra cosa. "Dios me había llamado a través de esas monjas".

Su experiencia como persona de fe en una isla oficialmente atea le ha dado un propósito en el sacerdocio.

"El gobierno cubano ha sido muy efectivo en destruir la religión en Cuba", dijo, señalando que ocurrió en menos de tres generaciones. Para sus contemporáneos de la isla, "la fe nunca ha sido parte de sus vidas". Estados Unidos no es oficialmente ateo, pero muchos de sus contemporáneos aquí prácticamente lo son. Espera promover la fe entre ellos.

"El Señor me llamó a traer a la gente al Reino y mi pueblo es el que está más lejos de él", dijo. "Si uno no trata realmente de promover la fe, en dos o tres generaciones se acaba".

Ha sido asignado como vicario parroquial en St. Gregory, Plantation.

 

 
 

 

Padre Martín Muñoz, 35 años: `Ok, yo voy donde Dios me llame’

El Arzobispo Thomas Wenski impone sus manos sobre el Diácono Martin Muñoz, ordenándolo sacerdote para la Arquidiócesis de Miami.

Fotógrafo: ANA RODRIGUEZ-SOTO | FC

El Arzobispo Thomas Wenski impone sus manos sobre el Diácono Martin Muñoz, ordenándolo sacerdote para la Arquidiócesis de Miami.

Originario de México, el P. Muñoz dijo que nunca se le había ocurrido ser sacerdote. Creció en una familia católica practicante, devota de Nuestra Señora de Guadalupe. Trabajó como mecánico de automóviles en la empresa familiar y quería seguir estudiando ingeniería de motores.

"Tuve muchas novias. Me gustaban mucho. Pero al final, nunca estaba satisfecho. La felicidad era parcial. Faltaba algo", dijo. Sentía “esos espacios donde yo veía que Dios me llamaba a algo, pero no sabía a qué".

Hasta que peregrinó a la basílica de Guadalupe, en el Tepeyac, y escuchó el Evangelio de Lucas describiendo la anunciación, cuando María escuchó las palabras del ángel y creyó. "La primera cosa que vino a mi mente fue la imagen de un cura", recordó.

Tenía 23 años y no le dijo nada a nadie. Pero, continuó deseándolo. “Es un deseo muy profundo que cambia la vida".

A los 26 años, decidió probar. El seminario diocesano y la vida religiosa no lo llamaban. Pero leyó un libro sobre la vida de San Ignacio de Loyola y "me encantó esa idea de ir en misión". Más o menos al mismo tiempo, se involucró en el Camino Neocatecumenal, un camino de formación cristiana de toda la vida.

"Esto fue completamente nuevo. A mí me encantó. Quedé enamorado", dijo. Su participación en grupos neocatecumenales también le proporcionó mucho apoyo para discernir y evitar la tentación. "Me sostuvo siempre y me sigue sosteniendo ahora".

Finalmente, participó en un retiro Neocatecumenal en Italia, donde él y otros con vocación fueron "enviados" — en su caso al Seminario Neocatecumenal en Guam. Recuerda que fue muy difícil dejar su casa, aprender otro idioma y adaptarse a otras culturas.

Pero había prometido: "Ok, yo voy donde Dios me llame, a cualquier parte del mundo". Y a su madre le aseguró: "Nietos los vas a tener de todas mis hermanas. Y los espirituales, te los voy a dar yo".

Cuando el seminario de Guam cerró en 2017, el P. Muñoz llegó a Redemptoris Mater —el Seminario Neocatecumenal en Hialeah— y completó sus estudios en el Seminario St. Vincent de Paul, en Boynton Beach.

Su meta para su sacerdocio es simple. "Estar disponible siempre con la gente. Rezar con ellos".

Ha sido asignado como vicario parroquial en Nativity, Hollywood.

 

 
 

 

Padre Elkin Sierra, 54 años: De apagar incendios a incendiar corazones

El Arzobispo Thomas Wenski impone sus manos sobre el muy emocionado  Diácono Elkin Sierra, ordenándolo sacerdote para la Arquidiócesis de Miami.

Fotógrafo: ANA RODRIGUEZ-SOTO | FC

El Arzobispo Thomas Wenski impone sus manos sobre el muy emocionado Diácono Elkin Sierra, ordenándolo sacerdote para la Arquidiócesis de Miami.

El P. Sierra recuerda el momento exacto en que se dio cuenta de que tenía vocación al sacerdocio: El 17 de junio de 2006, a las 6 p.m. Su padre había muerto dos años antes, y los dos habían estado muy compenetrados. Decidió: "Tengo que estar en tierra santa" en el aniversario de su muerte.

Se apuntó para ir a una peregrinación a Tierra Santa con el P. Michael Davis, entonces asociado en su parroquia, Our Lady of Lourdes, en Kendall, y ahora párroco de la iglesia Little Flower, en Coral Gables. Al final del viaje, mientras se despedía, el P. Davis "me agarró el brazo y me dijo: 'Considera el sacerdocio'".

"No estaba buscando un cambio", recordó el P. Sierra. Era un católico practicante, muy involucrado en la parroquia, y aún soltero. Pero "tenía una vida que el mundo consideraría muy divertida". Amaba su carrera de casi dos décadas como bombero/paramédico del Departamento de Bomberos de Miami-Dade. Trabajaba dos días a la semana y ganaba $160,000 al año. Tenía tiempo y dinero para divertirse en clubes, salir con las chicas, viajar por el mundo y disfrutar de su hobby, ser piloto.

Pero las palabras del P. Davis se le quedaron grabadas. Buscó en Google el sacerdocio, cómo discernir una vocación, lo que implica el seminario. Después de cuatro años de dirección espiritual, se tomó un año de licencia en su trabajo y decidió intentarlo. Ese primer semestre en el Seminario St. John Vianney "fue miserable". Casi se fue a medio camino. Pero regresó en enero, con una actitud totalmente diferente. "Volví ardiendo".

Ahora tenía que tomar una decisión. Su año de licencia del departamento de Bomberos de Miami-Dade estaba a punto de terminar. Tenía que elegir entre el seminario o su carrera. Entre trabajar dos días a la semana o siete días a la semana, incluyendo los fines de semana, y por mucho menos dinero.

Regresó a su trabajo, pero ya no era igual. "Ya no era tan feliz como antes". A cuatro años de cobrar una pensión completa, decidió: "Yo no inspiraría a nadie como sacerdote si les dijera que hice esperar a Dios durante cuatro años para obtener un poco más de dinero". Volvió al seminario, y "no he mirado atrás ni por un segundo".

Ahora, dice, en lugar de apagar incendios, tratará de incendiar corazones. En lugar de responder a tragedias — la gente no llama al 911 cuando la vida va bien— compartirá momentos alegres: bodas y bautizos.  

"Impartir la misericordia de Dios puede traerme más alegría que revivir a alguien con un paro cardíaco", dijo. Pero quizás, lo mejor de todo es que "mi jefe es directamente Jesucristo. Jesucristo quiere que yo sea él para los demás. Eso es surrealista".

Ha sido asignado como vicario parroquial en Our Lady of Guadalupe, Doral.

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