By Archbishop Thomas Wenski - The Archdiocese of Miami
El Arzobispo Thomas Wenski predicó esta homilía durante la Misa de clausura de la Semana Social Católica, organizada por los Caballeros Católicos. La Misa se celebró el 12 de febrero de 2022 en la Ermita de la Caridad.
Queridos hermanos y hermanas,
Es motivo de gozo y bendición reencontrarnos una vez más a los pies de la Virgen de la Caridad, dándole gracias al Señor por los múltiples dones que derrama sobre su Iglesia, y de manera particular, por los frutos de esta VII Semana Social Católica. Momento especial de reflexión sobre el compromiso cristiano en la búsqueda del bien común bajo la sabia guía del Magisterio Social de la Iglesia. Una enseñanza enraizada en la Palabra de Dios y en la tradición de la Iglesia, que nos compromete en la defensa y promoción de valores esenciales como el cuidado de la vida y la familia, la dignidad y el respeto por los derechos de toda persona humana, la solidaridad y el compromiso con los más necesitados, la defensa de los derechos de los trabajadores, etc.
Es por tanto, deber y compromiso de todos los bautizados y especialmente de los laicos, por propia vocación, tomar parte activa en la búsqueda de la justicia con el apoyo y la guía de sus pastores. Como nos recordaba el Papa Francisco en su Encíclica Evangelli Gaudium (n. 183), “Si bien el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política, la Iglesia no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia”. De ahí la importancia de un mejor conocimiento del magisterio social, y de estas jornadas de reflexión que desde el año 2010 convoca en Miami la Asociación de Caballeros Católicos. Una iniciativa inspirada en el fecundo legado de las semanas sociales realizadas en Cuba, desde aquella primera que tuvo lugar en Sagua la Grande en 1938.
Hermanos y hermanas, estoy seguro de que al igual que en ocasiones anteriores, la celebración de esta Semana Social Católica ha sido ocasión para profundizar en la necesidad de un orden más justo y fraterno en medio de la sociedad en que vivimos. Una sociedad herida por actitudes egoístas y excluyentes ya sea por motivos religiosos, étnicos, raciales o migratorios, así como por una creciente intolerancia y polarización ideológica que va poniendo en peligro la paz social. A todo ello se agrega una cierta incertidumbre frente a las previsiones económicas, junto a un extendido sentimiento de cansancio y desesperanza a causa de la prolongada pandemia que aún nos afecta.
Y es precisamente en este contexto que el Señor cuenta con nosotros y nos convoca a ser mensajeros de esperanza y fermentos de amor, justicia y reconciliación en medio de nuestras comunidades y de la misma sociedad. Pero, ante la magnitud de tales retos y desafíos, pudiéramos caer en la tentación del desánimo y pensar que no seremos capaces. Por supuesto, no serán sólo nuestras fuerzas sino la gracia de Dios, la que nos permitirá llevar a término la misión encomendada. De eso precisamente nos habla la Palabra de Dios.
Hoy el pasaje de la multiplicación de los panes y los peces nos presenta a los discípulos ante una situación que aparentemente no están en capacidad de resolver. Al parecer, Jesús les ha encomendado una misión imposible. Sin embargo, el mismo Señor que los envía es quien los capacita para enfrentar el reto, y al final, lograr alimentar a aquella multitud. La gracia de Dios, y nuestra generosidad para compartir los recursos disponibles, hacen siempre posible el milagro.
Por lo tanto, no nos desanimemos frente a los graves desafíos que presenta nuestra realidad y con la ayuda del mismo Jesús y su enseñanza, no dejemos de proclamar en todos los ambientes posibles el mensaje de la verdad y de la caridad hecha justicia. Como dijera en su momento el Papa San Pablo VI, “la caridad, que significa amor fraterno, es el motor de todo progreso social” (Discurso en la sede de la FAO, Roma, 16 de noviembre de 1970).
Que al nutrirnos con el alimento eucarístico, pan de vida eterna, encontremos la fortaleza necesaria para continuar construyendo el Reino de la justicia, la solidaridad y la paz. Y que María de la Caridad nos ayude con su ejemplo y nos cubra con su manto. Amen.