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De palmas a cenizas

¿De dónde viene la ceniza y qué significa? Las fogatas y los entierros ayudan a prepararse para la Cuaresma

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HALLANDALE BEACH | El sábado pasado, literalmente, enterraron el Aleluya en la iglesia St. Matthew.

Los niños del programa de educación religiosa llevaron un cartel del Aleluya a la iglesia, lo doblaron y lo colocaron dentro de una cajita de madera. El cartel permanecerá ahí hasta la Vigilia Pascual, porque el Aleluya no se oirá durante los próximos 40 días.

Luego salieron y vieron como su párroco, el P. Robert Ayala, prendió fuego a dos canastas llenas de palmas — las mismas que la congregación agitó en las Misas del Domingo de Ramos del año pasado.

El P. Juan Hernández, párroco de la iglesia Mother of Our Redeemer, en Miami, prende fuego a las palmas mientras el Diácono Orlando Rojo y los estudiantes de la escuela observan.

Fotógrafo: ANA RODRIGUEZ-SOTO | FC

El P. Juan Hernández, párroco de la iglesia Mother of Our Redeemer, en Miami, prende fuego a las palmas mientras el Diácono Orlando Rojo y los estudiantes de la escuela observan.

Las palmas quemadas se convirtieron en la ceniza que se distribuyó en las liturgias del Miércoles de Ceniza de este año.

Convertir las palmas en ceniza no es un rito prescrito por la Iglesia. Es un asunto puramente práctico que solía hacerse en privado en iglesias individuales, de la misma forma que se hacían la hostias para la comunión — localmente.

El P. Juan Hernández, párroco de Mother of Our Redeemer, en Miami, recuerda cuando era un joven sacerdote en España, y viajaba de pueblo en pueblo, de parroquia en parroquia, para quemar las palmas o ramas de olivo antes de la Cuaresma. No era una ceremonia pública, sino algo que se hacía en privado con el sacristán.

Ahora, la velocidad de la vida moderna y las comodidades que la acompañan hacen que las palmas sean quemadas — y las hostias hechas — por monjes o monjas que las envían a las iglesias en paquetes bien envueltos. No hay humo. No hay desorden. No hay palmas que guardar de año en año.

Muchas iglesias arquidiocesanas compran sus cenizas en tiendas de suministros litúrgicos. Pero el P. Hernández y el P. Ayala están entre un puñado de párrocos del sur de la Florida que han elegido convertir una necesidad práctica en una oportunidad para la catequesis.

Este es el segundo año que el P. Hernández lo hace en su parroquia, y lo hizo después de la misa matutina del 20 de febrero, justo a la entrada de la iglesia, frente a los alumnos de sexto, séptimo y octavo grado de la escuela parroquial.

Este es el primer año que el P. Ayala quema las palmas en público. Explicó que lo ha hecho en privado en el pasado, ayudado por la persona de mantenimiento. Pero este año creó una ceremonia para involucrar a los estudiantes de educación religiosa de la parroquia.

"¿Qué estamos quemando en realidad en esas palmas?" preguntó. "¿Estamos quemando simplemente las palmas? ¿Y si lo usamos como un simbolismo para nosotros mismos mientras nos preparamos para la Cuaresma? ¿Y si quiero quemar cosas en mi vida que ya no pertenecen? ¿Y si quiero quemar los vicios que ya no son parte de lo que quiero ser? ¿Y si quiero quemar una conducta que tal vez me ha alejado de Cristo?"

El P. Robert Ayala, párroco, y los estudiantes del programa de educación religiosa en la iglesia St. Matthew, en Hallandale Beach, observan mientras las palmas del Domingo de Ramos pasado se convierten en las cenizas del Miércoles de Ceniza de este año.

Fotógrafo: ANA RODRIGUEZ-SOTO | FC

El P. Robert Ayala, párroco, y los estudiantes del programa de educación religiosa en la iglesia St. Matthew, en Hallandale Beach, observan mientras las palmas del Domingo de Ramos pasado se convierten en las cenizas del Miércoles de Ceniza de este año.

Convertir las palmas en cenizas sirve para recordar la conexión entre el Domingo de Ramos del año pasado y el Miércoles de Ceniza de este año; entre cómo acogimos a Cristo en nuestras vidas el año pasado y cómo fallamos en cumplir con su llamado desde entonces, dijo el P. Hernández.

“No es la ceniza la que borra nuestros pecados. Eres tú, soy yo, quien tiene que convertirse, pedirle perdón al Señor. Y cuando dejamos que el Señor entre en nuestra vida con su gracia, a través de la penitencia, del sacramento de la reconciliación, pues recibimos el perdón.”

El P. Hernández añadio que las cenizas significan “que yo soy polvo y al polvo tengo que volver, porque un día moriré, y me tienen que enterrar. Pero mi alma vive. Entonces, que Cristo destruya mi pecado, nuestros pecados, y nos salve y redima nuestras almas”.

Convertir las palmas en ceniza es un proceso relativamente simple. Tomas las palmas del año pasado — o incluso las más antiguas — y las colocas en un recipiente de metal. Luego le prendes fuego. Una vez que se oscurezcan, cúbrelas con una tapa para apagar el fuego.

El P. Ayala dijo que la tapa es el secreto. Esperar a que las palmas sean totalmente consumidas por el fuego les dará una palidez demasiado blanca y una textura demasiado arenosa para colocarlas en la frente de las personas.

El siguiente paso es simplemente molerlas para convertirlas en un polvo pegajoso. El P. Ayala dijo que las pone en una licuadora. El P. Hernández dijo que las aplasta con una cuchara para romper los grumos, y luego las pasa por un colador para eliminar cualquier hebra o partícula extraña.

Pero aparte de eso, no se necesita otros ingredientes. Sólo un salpicar de agua — para bendecirlas — antes de distribuirlas el Miércoles de Ceniza.

“No es una obligación recibir la ceniza. No es pecado mortal ni pecado venial no recibir las cenizas. Es simplemente un gesto que nos invita a la oración, al arrepentimiento, a recibir el perdón del Señor”, subrayó el P. Hernández.

Para aquellos cuyas iglesias utilizan cenizas preparadas comercialmente y se preguntan qué hacer con las palmas que se han mantenido en casa durante años, el P. Hernández dijo que se pueden quemar en casa; o tirarlas o enterrarlas en el jardín.

El P. Ayala tenía otra sugerencia: "Llévelas al P. Robert. Yo las quemaré”.



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