By Archbishop Thomas Wenski - The Archdiocese of Miami
El Arzobispo Thomas Wenski predicó esta homilía en la Misa de clausura del Jubileo por el V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Ávila, celebrada el 15 de octubre de 2015 en la iglesia de la Inmaculada Concepción en Hialeah.
Queridos hermanos y hermanas,
Llenos de fe y alegría, nos unimos para celebrar la vida y las virtudes de Santa Teresa de Ávila, Virgen y Doctora de la Iglesia, y para dar gracias al Señor, de modo particular, al clausurarse el Año Jubilar por el V Centenario de su nacimiento. Este Año Jubilar declarado en su honor por el Papa Francisco el 15 de octubre del pasado año, ha sido un tiempo de gracia dedicado a conocer, profundizar y difundir el enorme legado espiritual que nos dejó esta gran mística española del siglo XVI, nacida en Ávila un 28 de marzo de 1515. Una santa a quien muchos han llamado Teresa la Grande, y que en tan sólo 20 años de su azarosa vida como "andariega de Dios", habiendo ya cumplido los 45, se dio a la tarea de reformar el Carmelo con el deseo de una vivencia más auténtica del evangelio de Jesucristo.
No cabe la menor duda que la intensa labor realizada por Teresa en la reforma de la Orden carmelitana, es una de las epopeyas más impresionantes en la historia moderna de la Iglesia, impulsando una renovación profunda de la vida consagrada de su tiempo, y mostrando a los cristianos de todos los tiempos la necesidad de dejarse transformar por la acción del Espíritu Santo, y de buscar saciarse de esa “agua viva” de la que nos habla hoy el evangelio, y que es el mismo Jesucristo.
La Palabra de Dios en esta fiesta nos muestra la honda experiencia de fe, vivida por aquella mujer samaritana junto al pozo de Jacob. Es toda una lección de divina misericordia, y una muestra de los milagros que Dios puede obrar en nosotros, cuando con humildad y confianza abrimos nuestros corazones a su gracia y nos dejamos saciar de su amor y de su paz. Este pasaje evangélico que nos invita a desear siempre esa “agua viva”, capaz de calmar nuestra sed de eternidad, es uno de los más queridos y meditados por Teresa de Jesús. Y es que ella recibió del Señor, como un don privilegiado, la gracia de descubrir en el interior de su propia alma, esa fuente de agua viva que podía saciar su sed de felicidad verdadera.
Hermanos y hermanas, el lema de este Año Jubilar ha sido: "Para Vos nací", y está tomado de una de sus conocidas poesías en la que concibe toda su vida como un regalo de Dios y como una ofrenda total a El:
"Vuestra soy,para vos nací:
¿Qué mandáis hacer de mi?"
Son palabras que resumen magistralmente el sentido y el propósito de la vida de esta santa, que al igual que la samaritana del evangelio, no cesó nunca de decirle a su Señor: “Dame de beber”. Y es bebiendo de esa sabiduría divina que brota del mensaje de Jesús como Teresa de Ávila logra alcanzar las más altas cumbres de la vida espiritual. Se trata de una sabiduría, que como nos recuerda la primera lectura, no se puede comparar con ninguna riqueza de este mundo y le es concedida a los que viven en comunión con Dios.
Siendo aún joven, Teresa no estuvo exenta de las tentaciones del mundo, sin embargo, muy pronto sintió lo mismo que el salmista cuando exclama: "Mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo". En efecto, ella supo optar por la entrega total a su Creador, experimentado un camino de perfección que ha sido modelo para miles de creyentes a lo largo de 5 siglos, y que tiene total vigencia en nuestros días. Un camino que la llevó a renovar la Iglesia de su tiempo en medio de muchas incomprensiones y sufrimientos, en una sociedad que relegaba a las mujeres a un segundo plano. Su figura, por lo tanto, también quiere ser un recordatorio de la importancia de la mujer en la vida de la iglesia y de su necesario rol en la edificación del Reino de Dios.
Su ejemplo nos recuerda, además, la urgencia de una sólida vida espiritual que debe preceder todas nuestras acciones, y de una relación con Dios tan cercana como la que se debe tener con un Amigo. Por eso daba un sabio consejo a sus hermanas, a las que recordaba que, para orar "no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho", (Moradas IV,1,7). Esa pasión de Santa Teresa por su Amado Jesús, debería contagiarnos también a nosotros para con ella decir:
"Vivo sin vivir en mí,Y tan alta vida espero,
Que muero porque no muero".
Como una mística, en medio de lo cotidiano de la vida diaria, nos legó una escuela de espiritualidad que sigue inspirando a muchos creyentes, dentro y fuera de la Iglesia, y sus escritos, frutos de su experiencia interior, constituyen un invaluable tesoro espiritual para el pueblo de Dios. En efecto, fue tan profunda su huella en el corazón de la Iglesia y tan patente su testimonio de santidad, que 40 años después de su muerte en 1582, es elevada a los altares por el Papa Gregorio XV en el año 1622. Siglos después sería proclamada como Doctora de la Iglesia en el año 1970 por el Papa Pablo VI.
Queridos hermanos y hermanas, Miami también se ha beneficiado durante años de la espiritualidad teresiana, gracias a la destacada labor de las religiosas y los religiosos carmelitas, que siguiendo las huellas de Santa Teresa y San Juan de la Cruz se entregan a diario en esta porción del pueblo de Dios. Gracias a ustedes, a sus oraciones y trabajos; y gracias a toda la familia teresiana, tan bien representada en esta celebración, por el testimonio de espiritualidad y servicio que ofrecen a diario en nuestra iglesia arquidiocesana de Miami.
El Papa Francisco, en su mensaje con motivo del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa, recuerda las palabras de la santa, poco antes de morir: "¡Ya es tiempo de caminar!", para luego añadir con sus propias palabras: �Ya es tiempo de caminar, andando por los caminos de la alegría, de la oración, de la fraternidad, del tiempo vivido como gracia! Recorramos los caminos de la vida, de la mano de Santa Teresa. Sus huellas nos conducen siempre a Jesús.�
Que la intercesión de Santa Teresa de Ávila nos acompañe siempre, y que en medio de las dificultades y pruebas que atraviesa nuestro mundo, nuestra sociedad y nuestra vida personal, sepamos orar confiadamente diciendo:
"Nada te turbe;nada te espante;
todo se pasa;
Dios no se muda,
la paciencia todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene,
nada le falta.
Solo Dios basta"
¡AMÉN!