Cómo un cambio inesperado de planes se convirtió en una invitación a descubrir la paz y la providencia de Dios


Llegó el tiempo de vacaciones, una oportunidad para alejarnos del ritmo acelerado de nuestra vida cotidiana. Es el momento de hacer una pausa y renovarnos mental, física y espiritualmente.

Sin embargo, bajar el ritmo durante las vacaciones puede ser todo un desafío. Hay tantas cosas que queremos hacer, lugares que visitar y personas que ver. Eso fue precisamente lo que les ocurrió a mi esposo y a mí el mes pasado, cuando planeábamos nuestro viaje anual a Francia. Teníamos previsto recorrer el país en tren para visitar a varios amigos en distintas regiones, lo que suponía un itinerario de cinco etapas.

Disfrutábamos de las dos primeras etapas del viaje cuando descubrimos que, debido al alto precio de la gasolina, cada vez más personas estaban utilizando el tren. Conseguir los boletos que necesitábamos se convirtió en una tarea complicada y estresante.

Cuando llegó el momento de emprender la tercera etapa del viaje, le comenté a mi esposo que, si seguíamos adelante con el plan original, íbamos a necesitar unas vacaciones después de las vacaciones. Nuestro itinerario terminaría por frustrar el verdadero propósito del descanso: renovarnos.

Decidir cancelar esa tercera etapa fue una desilusión tanto para nosotros como para nuestra querida amiga que vive en el sur de Francia. Sin embargo, al reflexionar con mayor profundidad, comprendimos que era más importante seguir el camino hacia el que nos conducía la paz de Dios.

Proverbios 16:9 dice: «El corazón del hombre traza su rumbo, pero el Señor dirige sus pasos». Eso era exactamente lo que nos estaba sucediendo mientras luchábamos con esta decisión. Finalmente, renunciamos a viajar al sur de Francia.

En cambio, tomamos un tren hacia Tours, alquilamos un automóvil y condujimos hasta la casa de campo de unos amigos franceses, donde permanecimos más tiempo del que habíamos planeado originalmente. Ese lugar siempre nos ha parecido un pequeño pedazo del cielo en la tierra, ¡y eso sí que son vacaciones!

Marcos 6:31 lo resume perfectamente: «Vengan ustedes solos a un lugar tranquilo para descansar un poco». ¡Eso fue exactamente lo que hicimos! Seguimos la inspiración de dirigirnos al campo, sin saber entonces lo que Dios había preparado para nosotros.

Tan pronto como llegamos a la casa de campo, fuimos al pueblo vecino para comprar algunas provisiones. También aproveché para hacer mi visita anual a la iglesia de San Pedro y encontrarme con Jesús en el Sagrario, una tradición que he mantenido durante más de veinte años.

Lamentablemente, la iglesia estaba cerrada. Sin embargo, en la puerta había un aviso que anunciaba una Misa de Primera Comunión para el sábado por la tarde, en la que también se celebraría la solemnidad del Corpus Christi.

Participar en esa Misa en honor al Corpus Christi, con la adoración al Santísimo Sacramento y una bendición especial que el párroco impartió a mi esposo y a mí, fue uno de los momentos más significativos de mi estancia en Francia.

Fue un verdadero signo de esperanza ver a una hermosa niña, de seis o siete años, recibir por primera vez a Nuestro Señor y escuchar la hermosa oración que había escrito para Jesús y que leyó ante una asamblea de unas cuarenta personas. Creo que esa oración puede adaptarse para que cualquiera de nosotros la rece antes de recibir la Eucaristía.

La oración, traducida, dice así:

«Señor Jesús, preparo mi corazón de niña para recibirte. Gracias por este gran día de mi Primera Comunión.

Ven y llena mi vida con tu amor y tu gracia. Bendice a mi familia, a mis amigos y a mi comunidad.

Protégelos y mantennos siempre cerca de ti. Tú me llamas a tener un corazón de niño; ayúdame a servirte con alegría y respeto.

Haz que mi vida dé abundantes frutos para ti. Te amo, Jesús. Quédate siempre conmigo. Amén.»

Fue después de vivir esta experiencia cuando comprendí por qué nos sentimos inspirados a cambiar nuestros planes de viaje. Si hubiéramos ido al sur de Francia como estaba previsto, nos habríamos perdido esta santa y especial celebración del Corpus Christi, y yo no tendría hoy esta hermosa oración para compartir con ustedes.

He querido contarles esta experiencia personal porque quizá ustedes también estén planificando sus próximas vacaciones. Mientras organizan sus viajes, dejen espacio para escuchar el suave susurro de la voz de Dios, que tal vez los esté guiando hacia algo aún mejor de lo que habían imaginado.

¡Buen viaje!


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