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El Papa León XIV y el llamado a ejercer un periodismo ético, responsable y libre


Desde hace tiempo, se premia a los periodistas que se han destacado por su profesionalismo y responsabilidad ética.

En los Estados Unidos existe el Día Nacional de los Médicos, el 30 de marzo. El 3 de febrero les toca homenaje a los profesionales del Derecho, con el Día Internacional del Abogado.

Así como hay días especiales que honran a las diferentes profesiones, también existe el Día Internacional del Periodista, el 8 de septiembre. Y el 3 de mayo se celebra algo relacionado con la profesión: el Día Mundial de la Libertad de Prensa.

En el mundo de la comunicación escrita, radial y televisiva existen comunicadores al servicio de instituciones específicas, como las de carácter religioso. La Iglesia Católica tiene sus propios medios de comunicación. A los que se destacan por su calidad se les premia. La Asociación de Medios Católicos de Estados Unidos y Canadá (CMA, por su sigla en inglés) otorgó 28 premios a La Voz Católica y a Florida Catholic de Miami en el año 2023.

Además, premió al Arzobispo Thomas Wenski por la Mejor Columna Regular de un Obispo. Al año siguiente, en 2024, la periodista Ana Rodríguez-Soto fue distinguida con el prestigioso Premio de San Francisco de Sales.

La ética periodística incluye el profesionalismo y la competencia en el uso de las herramientas básicas del oficio, como la ortografía, la precisión gramatical y sintáctica, así como el dominio del vocabulario. Al arte de redactar y de hablar bien pertenece también la sobriedad en la expresión. Se deben evitar los aumentativos y superlativos, así como los diminutivos. No hay que exagerar ni por exceso ni por defecto.

La ética del periodismo se revela en la búsqueda de la verdad. Parece fácil dar con ella, pero no lo es. Pesan mucho sobre las personas los condicionamientos psicológicos, ambientales y culturales. El periodista debe, por tanto, ser consciente de que quizás arrastre prejuicios que le dificulten la percepción objetiva de la realidad.

De ahí que el periodista responsable deba investigar meticulosamente los temas o sucesos que aborda. Debe consultar diferentes fuentes sobre ellos, tratando de discernir la verdad. Nunca debe presentar como seguro lo dudoso. Debe distinguir lo cierto de lo opinable. Y mantenerse alerta para que no se le infiltren datos falsos, como los que ahora se llaman “fake news” (noticias falsas).

Cuando descubra comportamientos impropios en individuos o instituciones, se sentirá obligado a dar la voz de alarma y a ofrecer los correctivos de lugar. Ahora bien, debe hacerlo ceñido a argumentos éticos; no se deje llevar por apasionamientos que lo impulsen a insultar y a poner apodos denigrantes.

A los comunicadores les resulta imposible cumplir su misión donde gobiernan las dictaduras. Si la conciencia les impide escribir servilmente a favor del régimen autocrático, lo mejor que pueden hacer es exiliarse para ejercer su profesión donde se respiren aires de libertad. De lo contrario, se arriesgan a perder la libertad (ir a prisión) o la vida.

Pero en todas partes, incluso en los países democráticos, la ética periodística enfrenta retos. Nunca faltan poderosos en el ámbito de las finanzas y de la política partidista que ofrezcan jugosas “recompensas” (léase sobornos) a competentes periodistas para que apoyen sus tortuosas ambiciones. Es el momento de preferir la verdad y la moralidad al vil metal. Niéguese a vender su profesión.

Desde que comenzó su servicio petrino, el Papa León XIV ha dirigido varios mensajes de aliento a los periodistas. Los anima a ser “sembradores de luz”, es decir, de la verdad. En cuanto al estilo de comunicación, el Sumo Pontífice exhorta a “desarmar las palabras”. Y el compasivo Papa no se olvida de orar por los periodistas presos y exigir su liberación. Él nos recuerda que la libertad de prensa es un bien común irrenunciable.


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Comments from readers

Rafael Maria Calvo Forte - 05/12/2026 04:13 PM
Gracias, padre, qué bueno está su penúltimo párrafo. Y qué doloroso es saber que muchos sufren acoso y hasta prisión, por no decir la vida, en países dictatoriales. El periodismo es una excelente y necesaria profesión de difícil praxis.

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