El papa León XIV llama a los católicos a cuidar la creación y nuestra casa común


Hace unos 1,600 años, el brillante Doctor de la Iglesia san Ambrosio amonestó a los ricos que se aferraban a su sentido de privilegio: “No le das al pobre de lo tuyo, sino que le devuelves lo que es suyo. Te has apropiado de cosas destinadas al uso común de todos. La tierra pertenece a todos, no a los ricos”.

Con estas palabras proféticas, san Ambrosio destacó elocuentemente y vinculó entre sí los principios de la Doctrina Social de la Iglesia conocidos hoy como la “opción preferencial por los pobres y vulnerables”, el “bien común” y el “cuidado de la creación”.

En la primera carta encíclica dedicada al medio ambiente en la historia de la Iglesia católica, el papa Francisco expresó preocupaciones similares a las de san Ambrosio. En su carta titulada “Laudato Si’: Sobre el cuidado de la casa común” —una lectura imprescindible—, el papa Francisco advirtió: “Cuando no se reconoce en la realidad misma el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad —por poner sólo algunos ejemplos—, difícilmente se escucharán los gritos de la misma naturaleza. Todo está conectado”.

¡Sí, todo está conectado! No tenemos tiempo que perder para reconocer, sanar y fortalecer estas conexiones.

Y no hay mejor momento para comenzar que ahora, durante este “Tiempo de la Creación”, que se celebra del 1 de septiembre al 4 de octubre, fiesta de san Francisco de Asís, patrono de la ecología.

Más que nunca, gran parte de nuestro planeta y muchos de nuestros hermanos y hermanas están sufriendo enormemente.

Según la Organización Meteorológica Mundial, los últimos 11 años han sido los más cálidos de los que se tiene registro, y las temperaturas de los océanos continúan aumentando sin que se vislumbre un cambio de tendencia.

El hambre, la inanición y la sed en el mundo están empeorando debido a numerosos conflictos armados en curso, la codicia empresarial, respuestas gubernamentales sumamente inadecuadas y una indiferencia individual generalizada. El calentamiento global, debido en gran medida al cambio climático provocado por el ser humano, también está agravando considerablemente las crisis de hambre, inanición y sed en gran parte del mundo.

Según Oxfam, anteriormente conocida como el Comité de Oxford de Ayuda contra el Hambre, el cambio climático ha provocado olas de calor, sequías e inundaciones más frecuentes e intensas, mientras que el número de desastres se ha multiplicado por cinco en los últimos 50 años.

Oxfam señala que los ricos “países del G20 se encuentran entre las naciones más contaminantes del mundo y, en conjunto, son responsables de casi el 77% de las emisiones de carbono. Esto contrasta enormemente con las emisiones de los 10 países más afectados por el cambio climático, que representan el 0.1%”.

Oxfam subraya la necesidad de que individuos y gobiernos insten a los líderes del G20 a reducir drásticamente las emisiones y compensar de manera justa a las naciones pobres: ¡las ganancias de 18 días de las compañías de combustibles fósiles podrían cubrir todo el llamamiento humanitario de las Naciones Unidas durante un año completo!

Además, Oxfam afirma proféticamente: “Es extraordinario que, mientras la humanidad enfrenta esta crisis existencial, todavía haya más incentivos para destruir nuestro planeta que para salvarlo”.

El papa León, en su mensaje del 1 de septiembre de 2026 con motivo de la 11.ª “Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación”, comienza con un desafiante pasaje de Isaías: “De sus espadas forjarán arados y de sus lanzas, podaderas”.

El Santo Padre explica: “El profeta Isaías habló de un tiempo en el que las naciones ‘de sus espadas forjarán arados’ (Is 2,4), transformando lo que destruye la vida en aquello que la sostiene. Pero hoy, con demasiada frecuencia, somos testigos de todo lo contrario, mientras los esfuerzos continúan dirigiéndose hacia la violencia y la guerra...

“Las heridas de la guerra y la degradación de la tierra, por tanto, están profundamente vinculadas a la condición del corazón humano. Los conflictos que atormentan a la humanidad son, en muchos sentidos, la expresión exterior de la discordia y la división interiores. Cuando el corazón se distorsiona, las relaciones sufren y las estructuras que construimos comienzan a reflejar ese desorden...

“Por lo tanto, para construir una sociedad pacífica, no sólo debemos reformar las estructuras, sino también renovar nuestros corazones”.

Por favor, lean, individualmente y como comunidad, el inspirador mensaje del papa León para la “Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación”.

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