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La Iglesia Católica predica, enseña y practica la no violencia absoluta.

Esta declaración no es correcta sobre la Iglesia Católica de hoy. Pero fue una descripción exacta y verdadera de la Iglesia Católica durante sus primeros 300 años.

Las primeras generaciones de cristianos, incluso durante épocas de intensa persecución, tomaron muy en serio los mandamientos de Jesús: “Yo les digo a ustedes que me escuchan: amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los maltratan… Traten a los demás como quieren que ellos les traten a ustedes”.

La literatura cristiana de los tres primeros siglos afirma que los primeros seguidores de Jesucristo rechazaron completamente todas las formas de violencia y derramamiento de sangre: el aborto, la eutanasia, la pena de muerte, y la guerra.

Pero esto cambió drásticamente cuando el emperador Teodosio I emitió el Edicto de Tesalónica en el año 380 A.D., que convirtió el cristianismo católico en la religión del Imperio Romano. Este matrimonio de la iglesia y el estado abrió las puertas a la participación cristiana en la milicia del Imperio Romano, y, por desgracia, los cristianos han luchado por los imperios desde entonces.

Pero los pontífices de la era moderna han llevado paso a paso a la Iglesia Católica de regreso a sus inicios no violentos; a sus raíces evangélicas, fundamentadas en la paz.

Desde San Juan XXIII hasta el Papa Francisco, los papas han condenado enérgicamente la violencia, la guerra y todo tipo de derramamiento de sangre. 

El arzobispo Celestino Migliore, ex nuncio (embajador) de la Santa Sede a las Naciones Unidas, dijo que la actitud del Vaticano durante siglos fue: "La guerra es inevitable, así que pongamos algunas condiciones estrictas para limitar sus efectos [la teoría de la guerra justa]. En las últimas décadas hemos adoptado una perspectiva distinta ,y declaramos que la paz es posible, así que trabajemos sin descanso por soluciones pacíficas".

Durante su Asamblea Nacional el 3 de agosto, la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos (CMSM, por su sigla en inglés), que representa al liderazgo de 17.000 sacerdotes religiosos y hermanos en los EE.UU., aprobó abrumadoramente una resolución titulada "Gospel Nonviolence: The Way of the Church" (La No Violencia del Evangelio: La Manera de la Iglesia" http://bit.ly/2wm4Ujx).

Esta resolución es otro paso importante para restablecer los cimientos no violentos de la Iglesia Católica. Se trata de una respuesta de apoyo al mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz 2017, que afirmó que "los verdaderos seguidores de Jesús acogen su enseñanza sobre la no violencia" y "hacen de la no violencia activa nuestro modo de vida".

En su resolución, la CMSM resuelve orar y educar para la conversión a la no violencia del Evangelio en la Iglesia Católica y más allá, incluidos sus programas de formación, sus escuelas y su prédica.

Y a quienes declaran equivocadamente que la práctica de la no violencia permite que los que utilizan la violencia causen daño libremente y maten sin resistencia, la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos ofrece alternativas eficaces no violentas a la guerra y a todas las demás formas de violencia.

La CMSM se comprometió con fomentar prácticas de "justicia restaurativa" basadas en el daño realizado y en cómo sanarlo (http://bit.ly/2wouZOF); en la "protección civil desarmada" que brinda una protección directa, no violenta, de acompañamiento (http://bit.ly/2wyY0HZ); en la "resistencia no violenta" que se opone a la injusticia y la violencia a través de la no cooperación, como la del Rev. Martin Luther King, Jr. y el movimiento por los derechos civiles (http://bit.ly/2xdd4YM); y la "defensa civil no violenta" que organiza una defensa no violenta, como se realizó en las Filipinas durante el régimen represivo de Marcos (http://bit.ly/2xd4vwW).

El Reverendísimo Brian Terry, presidente de la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos, resume bien el desafío no violento de Jesús que enfrenta la Iglesia Católica: "Siempre debemos tener presentes las palabras del Papa Francisco, que nos recuerdan que si no damos testimonio del Evangelio de Cristo, estamos dando testimonio de otra cosa.”

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