'Dios nunca deja de sorprendernos'
Monday, August 5, 2013
*WYD2013 Pilgrims
Fotógrafo: COURTESY PHOTO
Fue una gran alegria para los peregrinos cubanos encontrarse con el Padre Ariel, quien fue formador de varios en Cuba.
Fotógrafo: COURTESY PHOTO
Karen Huezo saludando al Papa Francisco - una demostraci�n de la creatividad en la feria vocacional.
Antes que nada, les pido disculpas por no haber podido seguir escribiendo desde la Jornada Mundial de la Juventud.
No tengo palabras para expresar lo vivido en la JMJ. En todo lo que les pueda expresar, me quedar� corta. Dios nunca deja de sorprendernos, y Sus planes son mayores de lo que nosotros nos podemos imaginar.
Me llevo grandes lecciones de confianza en el Se�or a pesar de las dificultades y pruebas y ejemplos de amor y servicio al pr�jimo.
El domingo, al enviarnos, el Papa Francisco nos dijo: �Evangelizar es dar testimonio en primera persona del amor de Dios, es superar nuestros ego�smos, es servir inclin�ndose a lavar los pies de nuestros hermanos como hizo Jes�s.�
Esto lo viv� en carne propia durante la Jornada, gracias al testimonio y amor de mis hermanos, y doy gracias a Dios por las experiencias vividas, por mi familia de peregrinos y por todas aquellas personas que nos acompa�aron con sus oraciones.
Ahora, regresamos con renovadas fuerzas y la gracia de Dios, para cumplir con la misi�n a la cual Jes�s, por medio de Su Vicario, el Santo Padre Francisco, nos env�a:
�Vayan, sin miedo, para servir. Siguiendo estas tres palabras experimentar�n que quien evangeliza es evangelizado, quien transmite la alegr�a de la fe, recibe alegr�a. Queridos j�venes, cuando vuelvan a sus casas, no tengan miedo de ser generosos con Cristo, de dar testimonio del evangelio.�
Les pido sus oraciones para que podamos responder fielmente a este llamado.
Aqu� les comparto algunas fotos de nuestras experiencias.
Si quieren ver nuestro album completo de fotos, pueden visitar www.facebook.com/sepimiami
Fotógrafo: COURTESY PHOTO
Ronald Rivas y su hermana Maria se retratan, contentos, tras subir a la estatua de Cristo Redentor en Corcovado.
Parroquia de Prince of Peace
Si buscan aventura, dejen que les gu�e el Esp�ritu Santo. Pero tengan presente que aprender�n una o dos lecciones durante la jornada. �
Cuando se acercaba la 28va celebraci�n de la Jornada Mundial de la Juventud, en R�o de Janeiro, Brasil, los miembros de nuestro ministerio decidimos ir donde nos guiara el Esp�ritu Santo. Sab�amos que quer�amos visitar exhibiciones como la de �Madre Teresa�, participar en misas con los grupos de los Estados Unidos en Vivo R�o, escuchar las catequesis impartidas por los cardenales Sean O�Malley, de Boston, o Timothy Dolan, de Nueva York, y celebrar con el Papa Francisco y el resto de los j�venes y j�venes adultos del mundo, pero tambi�n quer�amos salir y explorar las sorpresas que estaban guardadas para nosotros.
Fotógrafo: COURTESY PHOTO
Miembros del grupo de Prince of Peace veneran la cruz que el Beato Juan Pablo II les entreg� a los j�venes despues de la primera Jornada Mundial de la Juventud.
El �rea de bienvenida de la oficina parroquial tiene un hermoso cuadro grande de Nuestra Se�ora de la Paz a un lado del edificio, y al otro, uno del Papa Francisco salud�ndonos con su mano. Ese maravilloso saludo nos emocion� mucho, pero nunca imaginamos lo que nos esperaba dentro de la iglesia.
Llegamos a la parroquia para pasar tiempo en oraci�n, y de inmediato, un grupo de damas que rezaban el rosario, nos llam�. Posaban sus manos sobre un libro con p�ginas doradas y lo que parec�a un vial. En el mismo se encontraba una reliquia del beato Juan Pablo II � como si nos esperara para orar con �l y darnos la bienvenida al iniciar nuestra jornada.
Recibimos sorpresas maravillosas a lo largo de la semana: adoraci�n despu�s de la misa con el cardenal Dolan; que el Papa Francisco pasara cerca de nosotros en su autom�vil mientras est�bamos en el autob�s (�dos veces!); que el Padre L�zaro, de la parroquia de Santa Teresa, nos invitara a pasar tiempo y dialogar con �l mientras �bamos a Copacabana. Pero lo mejor estaba por llegar.
El s�bado, mientras tres de nosotros camin�bamos hacia el lugar de la vigilia, pudimos dar un vistazo a Cristo Redentor en la cima del Corcovado. All� fue donde se nos record� que la vida terrenal es una peregrinaci�n hacia la eternidad, y que ��l nos espera con brazos abiertos�, como nos dijo Michael, nuestro hermano en Cristo.
Continuamos hasta que al fin llegamos a Copacabana, junto con aproximadamente 3.5 millones de personas. Aunque no pudimos hallar un espacio desde el cual seguir la vigilia, Dios ten�a otra lecci�n para nosotros. Hab�a un espacio peque�o disponible al cruzar la calle enfrente de la playa, donde colocamos nuestras mochilas y sacos de dormir, e intentamos dormir.
La temperatura baj� r�pidamente. Al ser de Miami y no contar con lo suficiente para mantenernos calientes, vivimos lo que muchos de nuestras hermanas y hermanos desamparados deben sentir al vivir en la calle. El suelo era duro e inc�modo, el fr�o era insoportable, y en un momento durante la noche nos dimos cuenta de que est�bamos rodeados por basura que la gente hab�a arrojado a nuestro alrededor.
Nada m�s nos hubiese preparado para vivir el mensaje del Papa Francisco de servir a quienes s�lo tienen su pobreza. Algo se conmovi� y renov� profundamente en nuestros corazones. Dese�bamos salir y servir, llevar alegr�a a estos hombres y mujeres que merecen tanto s�lo por ser hijos de Dios, y propagar la Buena Nueva para que otros puedan hacer lo mismo.
Fue en ese momento cuando desarrollamos un plan para no perder un minuto m�s y servir lo mejor posible seg�n nuestras capacidades. De regreso de la vigilia con el Papa Francisco, regalamos nuestros sacos de dormir y dimos algo de beber a los sedientos. �En nuestro �ltimo d�a en R�o, los miembros de nuestro grupo hicieron emparedados para alimentar a los desamparados, evangelizaron y se detuvieron en Nuestra Se�ora de la Paz para orar por nuestro ministerio y un buen viaje de regreso.
Por supuesto, nos esperaba una �ltima sorpresa: en la parroquia se encontraban el icono de Nuestra Se�ora y la Cruz Peregrina, los mismos que el beato Juan Pablo II encomend� a los j�venes en la primera Jornada Mundial de la Juventud para que los llevaran a trav�s del mundo.
Cuando pens�bamos que nuestra jornada estaba por terminar, nos dimos cuenta de que el Esp�ritu Santo apenas comenzaba sus planes para nosotros. La Jornada Mundial de la Juventud es s�lo el comienzo. Ahora m�s que nunca antes, les pedimos sus oraciones pues a los j�venes del mundo y de nuestra Arquidi�cesis se nos ha confiado el �ir y hacer disc�pulos de todas las naciones�.
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