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Nuevas expresiones nos ayudan en nuestro encuentro personal con Cristo en la Eucarist�a


Otro de los cambios en la nueva traducci�n del misal latino al ingl�s tiene que ver con la invitaci�n del sacerdote a orar �para que este sacrificio m�o y de ustedes sea agradable a Dios, Padre todopoderoso�. La respuesta permanece igual: �Que el Se�or reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia�. Sin embargo, las palabras del celebrante han cambiado.

�Por qu� el cambio de �nuestro sacrificio� a �este sacrificio m�o y de ustedes�? �Es s�lo cuesti�n de una traducci�n m�s literal? La respuesta no hace referencia alguna a que el sacrificio sea del sacerdote, del pueblo, o de ambos, pero s�lo pide que sea �por nuestro bien y el de toda su santa Iglesia�.

La oraci�n original, en lat�n, hace la distinci�n entre meum ac vestrum. Me parece que el cambio puede hacernos pensar en tres aspectos particulares de la Eucarist�a.

El primero es el del �sacrificio�. Luego del Concilio Vaticano Segundo, algunos profesores deseaban pasar por alto la idea del sacrificio para decir que la Eucarist�a era una cena com�n de los fieles. Eso implica que un sacrificio nunca incluir�a una cena compartida, lo que result� ser incorrecto. En la Biblia, la mayor�a de los sacrificios incluyen el elemento de la cena porque, en casi todos, tanto los sacerdotes como las familias que ofrec�an el sacrificio consum�an lo que se hab�a sacrificado, de acuerdo con el protocolo que le otorgaba a los sacerdotes las porciones m�s selectas.

En el Antiguo Testamento, los sacerdotes eran bastante carn�voros, y me imagino que algunos de ellos hasta se parec�an a los carniceros  que visten delantales llenos de sangre, imagen que nos puede hacer sentir inc�modos debido a nuestra experiencia con sacrificios en los que no se derrama sangre. La sangre se ofrec�a en el altar, la grasa se quemaba, y luego la familia y los sacerdotes recib�an la carne. S�lo los sacrificios del holocausto se quemaban por completo y no se consum�an; por eso los sacerdotes eran quienes ten�an buenas raciones de carne.

En su libro "La Fiesta de la Fe", que debiera ser lectura obligatoria en los seminarios y las rector�as, el cardenal Joseph Ratzinger public� un ensayo sobre la tendencia al �nfasis exagerado en la �cena� de la liturgia, mientras no se toma en cuenta o se resta importancia al elemento del sacrificio. Si s�lo es una cena, aunque sea una que convierta en realidad el �gape (el amor compartido de Dios con la comunidad), asistir sin consumir es algo absurdo.

He escuchado a sacerdotes decir que una misa sin comuni�n no tiene sentido; es como ir a la casa de un amigo a cenar y no comer. Pero la asistencia a la misa, aun sin la comuni�n, vale la pena. Obviamente, no es la manera ideal de participar en la liturgia, pero estar presente mientras se ofrece el sacrificio, tiene significado, aun sin la comuni�n. Visitar a un amigo, aunque no se comparta una comida, contin�a siendo una muestra de amistad.

La misa es la renovaci�n de la gracia del sacrificio del Hijo al Padre para la comunidad de los creyentes, que se encuentra presente espiritualmente al pie de la cruz. La oraci�n tiene m�rito, aunque no estemos dispuestos a recibirla por la raz�n que sea. Puede ser por motivos de salud, o porque no calculamos el ayuno, o porque algo en nuestra vida impide que participemos en la comuni�n plena.

Recuerdo un d�a en que un l�der comunitario en El Salvador no recibi� la comuni�n en la misa, y le pregunt� en privado cu�l era la raz�n. �Es que no llevaba puesto mi vestido nupcial�, me respondi�, aludiendo a la Biblia. En esos casos, participar en la misa, a�n si s�lo se hace la comuni�n espiritual, es un momento importante de oraci�n en el que la Iglesia se une a la acci�n salv�fica de Jesucristo en la cruz. Mi experiencia en el ministerio me ha convencido de que algunos hacen  comuniones espirituales en la misa que son mucho m�s meritorias que otras sacramentales.

La segunda idea tiene que ver con el hecho de que, de alguna manera, el sacrificio del sacerdote es distinto al del laicado. Es el mismo sacrificio, y es el de Cristo, pero s�lo el sacerdote puede ofrecer la misa y, por lo tanto, su participaci�n es esencial. Esto se reconoce al asignar una �intenci�n� a la misa. Se ha especulado que el origen de la costumbre de darle un estipendio al sacerdote que ofrece el sacrificio tiene que ver con el hecho de que algunos miembros de la primera comunidad cristiana tomaban turnos para proveer el pan y el vino que se usar�a en la Eucarist�a. De esta manera, los �anfitriones� honorarios participaban de manera especial en la oraci�n de la comunidad y lo consideraban de beneficio particular. Este beneficio ser�a definido m�s adelante como una intenci�n particular, y en la pr�ctica actual casi siempre se asocia con la oraci�n por los difuntos.

Ofrecer una misa por una intenci�n es una manera de garantizar un beneficio espiritual. Es un distintivo del catolicismo. Hasta el cism�tico Enrique VIII dej� dinero para misas perpetuas por su alma. En la famosa historia La Misa del Ateo, de Honor� Balzac, el autor analiza los curiosos actos de un prominente m�dico de Par�s, un ateo que cada a�o asist�a a una misa ofrecida en la iglesia de Saint-Sulpice. Seg�n la historia, el m�dico deb�a su carrera profesional a un pobre obrero que le ayud� a pagar sus estudios, y cada a�o rend�a honor a la memoria de su benefactor con una misa. El obrero era un creyente; por eso el m�dico, fielmente y en secreto, ofrec�a una misa por su alma en el aniversario de su fallecimiento.

Recientemente le� Mi Enemigo Mortal, una novela de Willa Cather, bautista convertida a episcopal pero siempre fascinada por el catolicismo. En la obra, una cat�lica alejada, que hab�a ca�do en la extrema pobreza, le dice a un familiar que hab�a escondido dinero sin que su esposo lo supiera, con el prop�sito de que fuera utilizado para las misas por su alma tras su fallecimiento. Las monedas de oro no se utilizar�an con prop�sitos materiales, sino espirituales. Como en el ejemplo de Balzac, a veces vemos con m�s claridad el significado de nuestra fe a trav�s de los ojos de gente que no la comparte.

Pero el sacrificio no es s�lo de la Iglesia o del sacerdote, sino de cada uno de sus miembros. Ser�a �til preguntar a cada cat�lico cu�l es su relaci�n con el sacrificio. Eso es lo que tambi�n destaca el nuevo lenguaje. �En qu� consiste el sacrificio de ustedes?

Esto me recuerda una de las m�s desgarradoras historias del Antiguo Testamento: el sacrificio de Isaac. Abraham lleva a su hijo amado a la monta�a para ofrec�rselo a Dios. El ni�o se da cuenta de que algo falta. �l lleva la madera (de la misma manera que Jes�s carg� la cruz al subir otra monta�a) pero no hab�a un animal para el sacrificio. Abraham, cuyo coraz�n deb�a estar quebr�ndose, le dice: �Dios proveer�.

En la misa, Dios provee el sacrificio, su propio hijo. Pero nos pide un sacrificio interior para que podamos adorarle completamente. Es lamentable la espiritualidad que depende de la homil�a o de la m�sica de la misa, de las flores o la decoraci�n � independientemente de lo importante que sean � para que el culto tenga sentido. Si alguien se aburre en la Misa, �qu� le est� ofreciendo a Dios?

Si ustedes llegaron para ofrecerse a s� mismos al Se�or en la comuni�n con el sacrificio m�s importante de todos los tiempos � el de Jes�s en la cruz � �c�mo pueden decir �No obtuve nada�? Yo estar�a tentado a responder que quiz�s ustedes no dieron nada.

No olviden que la misa tambi�n es su sacrificio. �Mi sacrificio y el de ustedes� puede ayudarnos en nuestra distracci�n para encontrar verdadera y personalmente al Se�or en la Eucarist�a.

Comments from readers

Lisbeth - 12/21/2011 06:01 PM
Msgr. Antall
Dios quiera y este sea uno de los muchos articulos que usted escriba relacionado con las diferentes partes que componen la Santa Eucaristia.
Que bonito lo explico!!! Esperare por el proximo!!!
Que el Ninito Jesus le colme de bendiciones!!!

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