
Nueva traducci�n del misal en ingl�s quita el 'plural mayest�tico'
El Credo: Yo creo
Monday, October 31, 2011
*Msgr. Richard Antall
El Credo es �Yo creo�. Por eso, durante la misa, voy a profesar mi fe ante la comunidad que comparte las misma creencias pero espera mi afirmaci�n personal. Esto no es un cambio en la traducci�n, porque en sentido estricto, �credo� no se traduce como �nosotros creemos�. La palabra �credo� en lat�n significa �yo creo�.
Por lo tanto, el cambio en el lenguaje de la nueva traducci�n de la misa representa un regreso al significado original del Credo. Es una correcci�n, y nos debe hacer pensar sobre lo que estamos diciendo. �Esto es lo que creo�.
Una vez asist� a un funeral de un familiar luterano, una mujer que hab�a sufrido mucho en su vida por la ingratitud de alguien muy cercano a ella. El ministro incluy� el Credo en el funeral, diciendo que la difunta hab�a vivido la creencia que profesar�amos. Me pareci� que expresar el credo en el servicio fue muy emotivo y significativo, porque dec�a: �Esto es lo que le motivaba�, y a la misma vez, �Estamos con ella. El Credo da sentido a nuestras vidas tambi�n�.
Esto ocurri� poco despu�s que una amiga m�a dijo que su sacerdote, uno de esos �creativos� de los �60, hab�a prescindido del Credo en la misa porque �la mayor�a de la gente no sabe lo que significan las palabras�. Quiz�s ten�a raz�n, pero debi� haber recordado que su trabajo era ayudar a que la gente entendiera el significado de las palabras.
Toda la reforma lit�rgica se trata de la �participaci�n activa y consciente�. Como escribi� el cardenal Joseph Ratzinger, mejor conocido ahora como el Papa Benedicto XVI, eso implica un proceso de interiorizaci�n. En cuanto a la liturgia, dijo que todos necesitamos �una educaci�n hacia la interioridad�.
Interiorizar el Credo significa que mi visi�n del mundo, mi entendimiento fundamental es que Dios existe; �l es el Padre y Creador del mundo; su Hijo se encarn� y comparti� nuestra naturaleza humana, y sufri� y muri� y vendr� de nuevo en gloria para juzgarnos, y su reino no tendr� fin; el Esp�ritu Santo es Se�or, el dador de vida; la Iglesia, una, santa, cat�lica y apost�lica, es parte de la dispensa divina; el perd�n divino se experimenta en el bautismo; y vivimos esperando la resurrecci�n de los muertos y la vida del mundo futuro.
Viktor Frankl, el famoso psiquiatra vien�s que sobrevivi� los campos de muerte nazis, observ� que los otros sobrevivientes casi siempre eran personas que creyeron en algo m�s all� de ellos. Sus conclusiones, escritas en el libro �El Hombre en Busca de Sentido�, son muy compatibles con el entendimiento cristiano de la esperanza, y se aplican hasta el simple acto de recitar el Credo en comunidad una vez a la semana en compa��a de otros creyentes.
En el mundo de hoy, ha habido un resurgimiento del ateismo que es perturbador por su vulgaridad crasa. Un prominente escritor ateo ha escrito un ataque sobre la beata Teresa de Calcuta con un t�tulo de doble sentido sexual.
Aunque esta no es la primera vez en la historia en que el no creer ha estado de moda en los llamados c�rculos cultos, es algo bastante nuevo en Am�rica. Voltaire y Diderot son nombres conocidos por nosotros. A�n Bertrand Russell, famoso por la frase �Creo que cuando muera me pudrir�, y nada de mi yo sobrevivir�, es un personaje. El hecho de que, en nuestros d�as, ateos genuinos llenan las librer�as y firman copias de sus funestos escritos para sus a�n m�s tristes fan�ticos, es algo verdaderamente alarmante.
Por eso es que nuestra propia profesi�n de fe debe ser tomada en serio. Recuerdo que cuando era un ni�o, me preocupaba el ateismo de Kruschev y la mortal lucha entre el comunismo y la democracia. Un autob�s p�blico en el que yo viajaba de vez en cuando, ten�a un r�tulo con la foto del ruso y su famosa amenaza a Am�rica: �Te enterraremos�. Ese es el rostro del ateismo. Ahora, el que viene a la mente cuando hablamos del rechazo a Dios es otro rostro.
En palabras de un antiguo director espiritual de mi seminario, hay un �ateismo pr�ctico� que amenaza nuestra tierra. Muchos act�an �como si� no hubiese Dios. En la traici�n diaria de la verdad y la caridad que es nuestra vida social, se toman muchas decisiones �como si Dios no existiera�.
Un pol�tico cat�lico, o aun un votante cat�lico, cree en Dios y admite que no tolerar�a la destrucci�n deliberada de la vida en el vientre. Estas personas dicen: �El aborto es malo�, pero no hacen nada al respecto. No se puede fumar en lugares p�blicos por el da�o que provoca a otras personas, pero el ni�o en el vientre � aun aquel ni�o que podr�a sobrevivir fuera del vientre � puede ser destruido por capricho en nuestro pa�s.
El �ateismo pr�ctico�, en otras palabras, el �ateismo en pr�ctica�, permite que alguien est� personalmente convencido de un mal que causa sufrimiento a personas inocentes, pero no hace nada porque, hipot�ticamente, Dios ha sido removido de la ecuaci�n. La pretensi�n es que otros no tienen fe en lo trascendente y, por lo tanto, pueden violar los valores que yo considero absolutos, pero ellos no. La realidad es: act�o como si no creyera que Dios nos cuida, o que �l existe.
Nuestra profesi�n de fe es un ant�doto al ateismo pr�ctico de nuestros tiempos. Nuestra b�squeda de un prop�sito ha llegado a una conclusi�n feliz. Eso no significa que no se luche por creer. La fe exige sacrificios. Si alguien quisiera conocer nuestras creencias fundamentales, no tienen por qu� ir m�s all� del Credo de la misa.
Cambiar �creemos� por �creo� quiz�s no marque una gran diferencia en el mundo. Sin embargo, si nos hace pensar en lo que verdaderamente creemos y enfatiza un compromiso personal, puede producir un cambio en nosotros.

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