Seamos cristianos aut�nticos
Sunday, May 30, 2010
*John C. Favalora
Mis queridos amigos:
Durante la temporada de la Pascua, que finaliz� el Domingo de Pentecost�s, quiz�s notaron que las lecturas de las misas se tomaron de los Hechos de los Ap�stoles. Es un libro maravilloso de la Biblia porque nos presenta a los primeros cristianos. Nos transporta 2,000 a�os hasta aquellos seguidores de Jes�s tan aut�nticos, que atra�an a otras personas al cristianismo y, en el proceso, transformaron al mundo.
Piensen sobre eso: originalmente hubo 12 ap�stoles y un pu�ado de seguidores. Ahora, a trav�s del mundo, hay 1.1 miles de millones de cat�licos; eso no incluye a los que pertenecen a otras iglesias cristianas, como la ortodoxa y la protestante. Eso significa que hay millones y millones de personas que se llaman cristianas.
Mi pregunta es la siguiente: si el trabajo de los 12 ap�stoles y sus seguidores fue tan impresionante que la Iglesia se propag� a trav�s de todo el Mediterr�neo en unos pocos cientos de a�os, lo que provoc� un cambio profundo en el mundo de aquella �poca, �por qu�, con tantos cristianos que hay en la actualidad, hay tanto desorden? �Por qu� contin�an la guerra y el hambre y la injusticia y la inmoralidad? �Por qu� hay a�n tanta infidelidad en el matrimonio? �Por qu� se abusa tanto del hermoso regalo de la sexualidad? �Por qu� existe tanto abuso de drogas, corrupci�n en el gobierno, en los negocios, en la vida familiar, hasta en la Iglesia?
Algo anda mal. Lo que est� mal es que no hay una cantidad suficiente de nosotros que lleve una aut�ntica vida cristiana como la llevaron los miembros de la Iglesia primitiva. Fue, precisamente, la manera en que viv�an aquellos de la Iglesia primitiva, lo que atrajo a otras personas.
Los Hechos de los Ap�stoles lo expresan muy claramente: a aquellos se les llamaba la gente del �camino� por la manera en que viv�an. Viv�an de una manera diferente a la de otros romanos. Viv�an de un modo distinto a los griegos. Hab�a algo diferente sobre ellos. �Qu� era diferente? El hecho de que viv�an de la manera en que Jes�s les ense�� a vivir. Su secreto era que hab�an nacido a una nueva forma de vivir, lo que se supone que nos suceda en el bautismo y a trav�s de los sacramentos. Esa autenticidad de vida es lo que caracterizaba a la Iglesia primitiva.
Yo digo que si los primeros cristianos pudieron lograrlo, nosotros tambi�n. Pero para tener �xito, debemos ser cat�licos aut�nticos, no s�lo cat�licos culturales. Ser un cat�lico cultural significa que uno es cat�lico porque es italiano, y todos los italianos son cat�licos, o porque uno es cubano, y todos los cubanos son cat�licos, o porque uno es haitiano, y todos los haitianos son cat�licos. Uno se bautiza, y ah� termina todo.
Eso es una equivocaci�n. Debemos ser cat�licos practicantes. Tenemos que comenzar a vivir el �camino�. Mientras m�s vivamos el �camino�, m�s cambiaremos la faz de la tierra de la misma manera que los primeros ap�stoles cambiaron el rostro de su mundo.
Desafortunadamente, en estos d�as hay muchas personas que son simples cat�licos culturales, que se diluyen entre el gent�o. No se distinguen como personas que viven el �camino� de Jes�s. Se ven igual que los dem�s, se comportan igual que los dem�s, hablan y tienen valores iguales que los dem�s, y lo consideran correcto.
Pero eso no es seguir el �camino�; eso no es ser aut�ntico. Eso es un acuerdo mutuo, y los primeros cristianos no llegaban a acuerdos mutuos. Por eso mataron a muchos. Desafortunadamente, llegamos a acuerdos mutuos y, como resultado, le tomar� mucho tiempo al Esp�ritu Santo para que �renueve la faz� de nuestro mundo.
Por eso, al iniciar mis a�os de retiro, oro para que todos aprendamos a ser aut�nticos en nuestro llamado cristiano. Vivamos el �camino� de Jes�s, no simplemente el acuerdo mutuo. S�lo entonces cambiaremos el rostro del sur de la Florida y del mundo.
Mientras tanto, les aseguro que continuar� orando por ustedes a diario. Por favor, contin�en orando por m�, y especialmente por su nuevo Arzobispo. �Que Dios les conceda a ustedes, y a sus familias, abundantes bendiciones!

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