Homilies | Saturday, August 15, 2026

Tuitio Fidei

Homilía del Arzobispo Thomas Wenski en la Misa por la Investidura de los nuevos miembros de la Orden de Malta

Homilía del Arzobispo Thomas Wenski en la Misa por la Investidura de los nuevos miembros de la Orden de Malta. Catedral de St. Mary. 15 de Agosto de 2026.

Hoy la Iglesia celebra una de las fiestas más importantes del año litúrgico dedicadas a María santísima: la Asunción. La Virgen Maria (bajo títulos como Nuestra Señora de la Asunción o Nuestra Señor de Filermo es la patrona y guía espiritual fundamental de los caballeros y damas de Malta.

Día de la Asunción de la Virgen María es una fecha litúrgica de gran relevancia donde muchos caballeros y damas renuevan su compromiso espiritual y hoy al recibir la investidura, los nuevos miembros asumen dos misiones históricas inquebrantables:

Tuitio Fidei: La defensa y testimonio de la fe católica; y

Obsequium Pauperum: El servicio y cuidado hospitalario a los enfermos, refugiados y los más necesitados del mundo.

La liturgia de hoy, centrada en la Victoria del Hijo y la Madre, ya que disfruten la gloria de la vida eterna, nos llama a vivir una esperanza firme y una alegría siempre presente en nuestra vida, incluso cuando el dolor nos visita. 

El cristianismo dé una esperanza fuerte en un futuro luminoso y abra el camino hacia la realización de este futuro. Estamos llamados, precisamente como cristianos, a edificar este mundo nuevo, a trabajar para que se convierta un día en el “mundo de Dios”, un mundo que sobrepasará todo lo que nosotros mismos podríamos construir. En María elevada al cielo, plenamente partícipe de la resurrección de su Hijo, contemplamos la realización de la criatura humana según el “mundo de Dios”. Es por esto, que exultantes de gozo y encendidos de esperanza, proclamamos hoy y festejamos a la Bienaventurada Virgen María como aquella que, en estrecha comunión con su Hijo, nos muestra el camino y la meta de nuestro destino final: Vida-sin-sombra-y-para-siempre con quienes nos esperan en la Patria Definitiva.

Al terminar su vida terrena, María fue llevada en alma y cuerpo al cielo, es decir, a la gloria de la vida eterna, a la comunión plena y perfecta con Dios. Este es, por tanto, el núcleo de nuestra fe en la Asunción: creemos que María, como Cristo, su Hijo, ya ha vencido la muerte y triunfa ya en la gloria celestial en la totalidad de su ser, «en cuerpo y alma».  O sea, la Asunción de Maria nos asegura que Dios cumple con sus promesas.  Esperamos gozar lo que Maria ya goza.  Y como en el rezo del Angelus o de la Salve, donde se pide la intercesión de la Virgen María, hoy también decimos con fe y esperanza:

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.

Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor.

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