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Jesús multiplica su gracia, y nos llama a multiplicar nuestra generosidad

Homilía del Arzobispo Wenski en el 50 aniversario de la iglesia St. Raymond y la fiesta de Corpus Christi

El Arzobispo Thomas Wenski predicó esta homilía durante la Misa por el 50 aniversario de la iglesia St. Raymond en Miami, el 23 de junio de 2019.

Queridos hermanos y hermanas,

Con gozo nos reunimos en torno a este altar para dar gracias al Padre celestial en el aniversario 50 de esta querida parroquia, y en el día en que la Iglesia celebra con fe y devoción la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Demos gracias de corazón en esta Eucaristía por tantas bendiciones derramadas sobre esta comunidad de Saint Raymond a lo largo de cinco décadas, y al participar de este sacramento de amor y fe, agradezcamos al Señor su deseo de permanecer en medio de nosotros hasta el fin de los tiempos, en palabras de San Agustín, como “sacramento de piedad, signo de unidad y vinculo de caridad”. Una presencia real, fuente de paz y de gozo, alimento y fortaleza en el camino hacia la patria celestial.

En el Evangelio de hoy hemos escuchado el relato de la multiplicación de los panes y los peces, prefiguración y anticipo del sacramento eucarístico instituido por Jesús en su última cena. El pasaje nos narra cómo una gran multitud se había reunido en torno al Maestro para escuchar su mensaje. Y aunque ya les había nutrido con la Palabra que salva, al momento de despedirlos se compadece de ellos, pues no habían comido nada. Porque Jesús se preocupa de toda nuestra existencia; porque ha venido a ofrecernos una salvación integral que no sólo interesa a nuestra vida espiritual y a nuestra salvación eterna, sino que abarca todos los ámbitos posibles de nuestra vida terrena. 

Por otra parte, la actitud obediente de los discípulos constituye una invitación a los cristianos de todos los tiempos, a creer en las promesas de Jesús y a confiar sin medida en su amor providente. El nos enseña a no desanimarnos en medio de las dificultades, ni a cruzarnos de brazos cuando, aparentemente, no contamos con los medios suficientes para realizar la misión. Con su gracia, que viene siempre en nuestro auxilio, y el humilde aporte de nuestra generosa entrega, siempre será posible el milagro de compartir, multiplicar y repartir amor. 

Esa tarde, junto al mar de Galilea, quedaron todos saciados y aún sobraron doce canastas. El poder de Jesús y la generosidad de un muchacho lo habían hecho posible. El Señor multiplica su gracia y su misericordia, pero espera que también estemos dispuestos a multiplicar nuestra generosidad, así como el deseo de servir a los hermanos.

Queridos hermanos y hermanas, cada vez que participamos del sacramento eucarístico, el mismo Señor se nos da como alimento, capaz de saciar nuestra hambre y sed de eternidad. Pero también, al reconocer su presencia en la sagrada hostia, nos exige y anima a reconocerlo en los otros, y a compartir con ellos nuestros bienes, sean espirituales o materiales. Solo así le estaremos ofreciendo el verdadero culto de adoración y estaremos construyendo una verdadera comunidad de fe.

Hoy nos alegramos por esta comunidad de Saint Raymond que, desde sus humildes inicios hasta el día de hoy, ha sido edificada en torno al misterio eucarístico, fuente de unidad y manantial de caridad para el Pueblo de Dios. Tanto es así, que mucho antes de contar con este templo, dedicado al culto en 1972, ya la comunidad se reunía cada domingo para compartir la Santa Misa y estrechar sus lazos de unión fraterna. Junto al altar del Señor se iba edificando un templo espiritual; una familia de fe, integrada en un solo cuerpo y animada por un mismo Espíritu. Porque la Eucaristía edifica a la Iglesia y al compartir el Pan de Vida nos convertimos en hermanos, y en discípulos misioneros en medio del mundo.

Esa es la misión del cristiano y la razón de ser de la comunidad parroquial. Esa ha sido la labor por más de medio siglo de esta parroquia de Saint Raymond, proclamando cada día a Jesucristo y nutriendo al pueblo fiel con su Palabra, y con su Cuerpo y Sangre. Una casa de acogida en la caridad en la que tantos han sido formados en los valores del Reino, y en cuya pila bautismal tantos han renacido a la vida en Cristo. Un lugar desde donde los enfermos han recibido alivio, los difuntos han sido encomendados a la misericordia divina, y tantas familias, consoladas con el bálsamo de la esperanza.

Que al celebrar hoy el 50 aniversario de esta parroquia,  alimentados con el Cuerpo y la Sangre del Señor, seamos todos renovados en la fe para seguir multiplicando la misericordia y el amor de Dios en medio de nuestro pueblo. Que la Santísima Virgen María nos anime cada día con su ejemplo de amor y servicio generoso. Amen.

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