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Los hispanos: esperanza para la sociedad y la Iglesia de EE.UU.

Homilía del Arzobispo Wenski durante misa en el SEPI para despedir al P. Rafael Capó

El Arzobispo Thomas Wenski predicó esta homilía durante una misa en el SEPI, el Instituto Pastoral del Sureste, para despedir al P. Rafael Capó y darle la bienvenida a los nuevos directores, el P. Escolapio Emilio Sotomayor, y Olga Villar.

Esta noche cerramos un capítulo y abrimos uno nuevo en la historia de SEPI, el cual es un ministerio de los obispos del sureste de los Estados Unidos. Ciertamente vivimos en tiempos difíciles — nos enfrentamos con una crisis global de la salud, nos amenaza una catástrofe económica, y nos preocupa la cantidad de disturbios sociales en todo el país. Así como se sintieron los discípulos — también nosotros nos podemos sentir que estamos a la deriva — sin timón, y como ellos quisiéramos gritar “Señor, sálvanos, que perecemos.”

Pero como el Señor le dijo a los discípulos durante aquella fuerte tempestad, también Él nos dice hoy: ¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?

Recordemos que los hispanos no son “hombres de poca fe”. Como dijo el Papa Benedicto XVI en Aparecida en el año 2007, el tesoro más rico del continente Latinoamericano, su patrimonio más valioso, es “la fe en Dios que es Amor”, el cual reveló su rostro en Jesucristo. Y ese pueblo Latinoamericano es un pueblo que cree en el Dios que es Amor. La fe hizo de Latinoamérica el continente de la esperanza. No es una ideología política, ni un movimiento social, como tampoco un sistema económico; es la fe en Dios que es Amor, encarnado, muerto y resucitado en Jesucristo, el auténtico fundamento de esta esperanza que produjo frutos tan magníficos desde la primera evangelización hasta el día de hoy.”

Y uno de estos tan magníficos frutos por más de tres décadas es SEPI. Los hispanos ya son la minoría más grande en los Estados Unidos. Los hispanos actualmente son el grupo más grande de católicos — bautizados (aunque no practicantes) — en este país. Casi componen el porcentaje más grande de más de 40 millones de inmigrantes que han llegado a estas costas — legal o ilegalmente desde mediados de los años 60, cuando las restricciones de inmigración de la era de los años 20 fueron levantadas.

Tomados como un todo, los hispanos representan una gran oportunidad y esperanza para la sociedad de los Estados Unidos y para la Iglesia Católica en América. Sus valores están formados por su cultura religiosa católica. Y es por eso, que yo creo que los inmigrantes hispanos pueden renovar la sociedad americana, porque representan un antídoto para el individualismo y el relativismo moral que ha infectado la cultura popular norteamericana.

Para no perder esa oportunidad, para no defraudar esa esperanza, el SEPI trabaja en las dioceses del sureste de los Estados Unidos para que el hispano, el latinoamericano, encuentre su lugar dentro de la Iglesia norteamericana. Podemos decir que la misión del SEPI es hacer que el latino sea visible en medio de la Iglesia católica estadounidense; y que la Iglesia sea visible en medio del pueblo Latino – muchas veces, marginados, pobres, sin los recursos para que los de la cultura dominante les tengan en cuenta. En la vida cotidiana del hispano aquí en los Estados Unidos, vemos un testimonio vivo de las palabras de San Pablo: “Todo lo puedo con aquel que me fortalece.”

Que no pierdan su fe en Dios, en ese Dios que es amor. Porque esta fe — a pesar de las sombras actuales – iluminará el camino hacia la esperanza. El amor de Dios no tiene fronteras.

Hechos a la imagen y semejanza de Dios, cada ser humano tiene un mismo destino — ser amigo de Dios.

El latinoamericano, por ser de un pueblo criollo y mestizo, tiene como vocación propia la de anunciar a todos este destino común. Frente a los que quieren dejarse llevar por el miedo a construir muros – muros de racismo y de incomprensión —, tenemos que ser testigos de un Dios que es Amor, un Dios compasivo, un Dios que es Padre de todos — tengan papeles o no los tengan.

Hoy, nos despedimos del Padre Capó, quien por casi 10 años ha dirigido el SEPI según las prioridades de los obispos — no sólo los del sureste sino todos los obispos en el plan pastoral desarrollado por el V Encuentro.

Gracias, Padre Capó. Ahora, viene un nuevo equipo, pero no son desconocidos. El Padre Sotomayor y Olga conocen muy bien la mística del SEPI — y son capaces de tomar las riendas. En estos tiempos del coronavirus hace falta mucha imaginación — y también valentía pues ese virus no es de juego. Sin embargo, contamos con la ayuda del Señor que nunca va a dejarnos solos, o a la deriva, pues, como decía el versículo antes del evangelio: “confío en el Señor, mi alma espera y confía en su palabra.”

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