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Los migrantes hondureños

Victor Martell

Fotógrafo:

Victor Martell

El domingo 17 de enero del año en curso, una caravana de nueve mil migrantes hondureños, que tenían como destino Estados Unidos, fue atacada brutalmente por el ejército de Guatemala cuando se disponían a seguir su camino por territorio guatemalteco. Los hondureños fueron obligados a regresar a su territorio, donde se reencontraron con la pobreza, el hambre y la desesperanza. No era la primera caravana que intentaba el mismo sueño, y creo que tampoco será la última.

Como vicentinos latinoamericanos, hemos denunciado la situación de extrema pobreza en que vive el hermano pueblo de Honduras: el tercer país más pobre de América Latina, donde el 48% de la población se encuentra en la pobreza y la desigualdad.

Los niveles de violencia en Honduras son altos. En 2018, el país registró 38 homicidios por cada 100,000 habitantes. A esto le sumamos las catástrofes naturales, como los huracanes, y ahora la pandemia del COVID-19.

En realidad, la situación de Honduras es casi la misma que vive Nicaragua, con la diferencia de que en esta última la violencia es institucionalizada.

Pero el fenómeno de esta caravana es la cantidad de gente que se aglomera para hacer la travesía en busca de una vida mejor.

No puede ser casualidad que miles de personas de origen humilde quieran abandonar su patria y familia argumentando que no tienen trabajo, que no tienen qué comer. La corrupción del gobierno en todos los niveles, por décadas, les roba el futuro a los niños hondureños.

Esta gente, abandonada por su gobierno, quiere irse a Estados Unidos, que está siendo azotado duramente por la pandemia del COVID-19, y que va a la punta de los países con más muertes a nivel mundial. Además, en su recorrido está México, que también está sufriendo la pandemia y no parece tener final. Así las cosas, estaban dispuestos a encontrarse con la pandemia y la posibilidad de la muerte, casi segura, si hubieran llegado a México.

Si ese pueblo ya vive con la muerte en su país, han perdido el miedo a morir o encontrarse frente a frente con ella; eso explica claramente la determinación de viajar bajo un aguacero de peligros.

Como vicentinos, denunciamos nuevamente el abandono en que se encuentra el hermano pueblo hondureño contra la riqueza de unos pocos que se encuentran al amparo del gobierno o del ejército. Esto es sumamente peligroso, porque si el pueblo ya perdió las ganas de vivir, no tiene nada que perder y el futuro es el caos.


El autor lleva más de 35 años como miembro de la Sociedad San Vicente de Paúl y dirige el programa de la Conferencia Radio Paz, que se escucha en vivo todos los domingos de 3:30 a 4:30 p.m. por Radio Paz 830AM. @[email protected]


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