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Los horóscopos y demás agüeros

Cuando el católico entra al lado oscuro

Fotógrafo: ROCIO GRANADOS | LVC

Cuando uno inicia la carrera de periodismo, conoce muchos secretos de la profesión que te hacen amarla o rechazarla. Entiendes cómo se redacta una noticia, cómo se modulan las voces y dónde están tus fuentes informativas. Hasta allí lo bueno. Pero el cuestionamiento viene al saber que, en el peor de los casos, puede ser una profesión dedicada a la manipulación, la distorsión o el engaño.

De esto último me enteré muy pronto y en varios tópicos. Pero lo que me dio más tristeza fue cuando conocí a un compañero que ya realizaba sus prácticas en un periódico y que le habían asignado la “redacción” de los horóscopos. Recuerdo cómo se reía mientras nos contaba, en medio de un café, la forma en que anticipaba el “futuro” de sus incautos lectores, a quienes les invertía su “suerte” entre uno y otro, cuando se le acababa la creatividad o tenía flojera.

A partir de entonces me empecé a preguntar ¿Qué sería de algunos, si no existieran los horóscopos? Y caí en la cuenta de que muchos no hubieran podido sobrevivir sin este tipo de sortilegios que han acompañado a la humanidad casi desde su inicio. Allí estarían los descifradores de las estrellas o astrólogos, que conseguían trabajo rodeando a monarcas, califas y quizá a algunos papas.

Y habrían navegantes o jefes militares, que no se aventurarían sin saber en qué posición estaban los astros y si su estrella favorita estaba lo suficientemente luminosa como para confiar en su protección. Hay quienes dicen que reyes y presidentes contemporáneos siguen teniendo algún tipo de estos consultores, en algunos casos más requeridos que los propios ministros y asesores.

 

LOS ASTROS Y SU INFLUENCIA

Es evidente que los astros tienen una influencia en ciertos fenómenos de la naturaleza, como es el mar, que se altera cuando la luna está llena. Se dice también que el cuarto creciente es favorable para la agricultura y que la luna nueva es propicia para la pesca. Realmente parece que los astros y las estrellas tienen una incidencia en toda la creación y sería necio negarlo a rajatabla. Y aunque la astronomía (no confundir con la astrología, que es el desciframiento o adivinación) es una verdadera ciencia, esta no pretende decir -ni científicos como Pitágoras o Galileo lo hicieron- que las posiciones de los astros tengan una influencia tal, que pasen de afectar nuestro entorno natural, a fijar el temperamento o a regir la “suerte” de los que nacieron en esos días cercanos.

Definir el temperamento exacto, de quienes dieron su alarido de nacidos en la semana que corresponden a tal o cual signo del zodiaco, es una grave afirmación y muy rentable charlatanería. ¿Acaso nuestro carácter se impregna el día que nacemos? ¿No es sabido que se forma durante todo el periodo de gestación?

Otro hecho que desbarata esta creencia es la personalidad de muchos de nuestros amigos que son gemelos o mellizos (nacer más próximos, imposible), y que sin embargo son tan diferentes y disímiles en casi todos los casos. Agua y aceite, los llaman algunos; luz y sombra, otros. Tales casos excepcionales de la naturaleza acostumbran a tener aficiones y gustos distintos, presentan temperamentos opuestos y antagónicos en muchos casos y hasta “suerte” contraria.

 

CONFIANZAS VANAS

Volviendo a nuestro asunto inicial, cabe suponer que muchos no funcionarían si los horóscopos desaparecieran como por decreto. Fulana no saldría de su casa, pues no atinaría qué hacer sin el consejo del horóscopo. Zutano no sabría qué color de la suerte escoger para su corbata y Mengana no sabría qué número de la lotería comprar, porque no habría a quién consultarle, ni cábala que se lo susurre.

Y hasta Perencejo andaría desorientado, al comprobar cómo bajaron las ventas en su puesto esotérico de consejería o cómo los perfumes y dijes portadores de la buena suerte, se le quedaron sin vender.

Esto es el mismo cuento chino para el tarot, la lectura de la mano, del cigarro, de las hojas de té, de las piedras, entre otros negocios que se han convertido en parte de la sociedad del “consumismo"... Con su-mismo discurso, su-mismo amuleto, su-mismo predicador, así como el mismo y trillado consejo para las 10,270 personas que aproximadamente coincidieron en nacer el mismo día en Estados Unidos en el 2019 o los 1,550 en el Perú ese mismo año. Llevado esto a cifras mundiales, sería risible pensar que alguna cábala podría ser coincidente para los nacidos el mismo día, ni siquiera en el mes, como promete el horóscopo.


ADIVINACIÓN: UN RECHAZO A DIOS

Aunque la Iglesia ha tipificado -y muy bien-, como pecado la entrega confiada a los consejos de los horóscopos, estas costumbres siempre fueron consideradas como algo desacertado y su dependencia hasta pecado mortal, pues es jugarle a Dios a dos caras e ir contra el primer mandamiento. Pues algunos leen un horóscopo o las cartas, para asegurar mi futuro y poder tomar decisiones precavidas “por si Dios falla”.

La Biblia lo dice claramente en Deuteronomio 18,10-12 y existen pasajes en los que Isaías desafía a los astrólogos babilonios de la época, por ser adoradores de los cielos. Hay que tener claro que Dios no es un azar, sino que Él es la roca firme, el dueño de la vida del creyente. Es quien camina a su lado y aquel del salmo 139: “Señor, tú me examinas y conoces, sabes si me siento o me levanto, tú conoces de lejos lo que pienso”.

Entonces, con tamaña seguridad y compañía ¿para qué un horóscopo, un amuleto o un baño de florecimiento? ¿Por qué rechazar a Dios con tal desconfianza? Basta saber que “Él dispone todas las cosas para el bien de los que le aman” (Rom. 8,28) . Y de otro lado, ¿por qué no predicar y catequizar un poco más y mejor sobre “el verdadero abrigo” y “la auténtica certeza” que es el mismo Dios?

Miremos más bien los astros, incluidas las estrellas, con humildad ante el creador, para admirar su gran obra y agradecerle continuamente. Dios siempre se ha mostrado celoso, no hay razón para pensar que hoy no sienta lo mismo, pues no se puede servir a dos señores ni vivir de supersticiones -un vacío en la fe, del que podremos escribir en otro artículo. Dios quiere que lo amemos y confiemos en Él sobre todas las cosas y en sus enseñanzas, a la vez que escuchamos sus promesas. Esto, en lugar de leer los horóscopos o las líneas de las manos...

Periodista peruano


Comments from readers

antonio jesus freire arcos - 04/01/2021 03:45 AM
que la iglesia deje ya vivir tranquila a la gente y de je de prohibir cosas que no se meta en la vida de la gente,bastante daño ha hecho la iglesia a lo largo de la historia

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