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Seamos la voz que clama, eco de Jesucristo

Homilía del Arzobispo Wenski durante una Misa con la Orden de Malta

El Arzobispo Thomas Wenski predicó esta homilía el 22 de junio de 2019 durante una Misa con la Asociación Cubana de la Orden de Malta, en St. Mary Cathedral.

El 24 de junio la Iglesia celebra la natividad de San Juan Bautista. Hoy anticipamos esta fiesta tan importante para nuestra Orden.

En esta fiesta la Iglesia nos presenta una figura de la cual tenemos mucho que aprender; uno que ha sido llamado a ser profeta desde el vientre de su madre, y para serlo deberá tener los pies puestos en el presente, mirando al pasado y aprendiendo de él, para así comprender mejor el futuro que se avecina. Es Juan el Bautista, profeta humilde, valiente e incansable, quien nos recuerda la misión a la que nunca la Iglesia podrá renunciar: anunciar al que es el verdadero camino, la verdad que nos salva y la vida que no termina. 

Él es el gran profeta que cierra el Antiguo Testamento anunciando la cercanía del Mesías. Además de Jesús, sólo de María y de este hombre tan singular celebramos litúrgicamente sus nacimientos.

Su irrupción en la historia de la nueva alianza es el gran anuncio de la proximidad del tiempo de la salvación. Juan, hijo de Isabel y Zacarías, predica en el desierto alzando su voz a todo el que quiera oírlo, y sin pelos en la lengua grita sin tapujos ni componendas el mensaje que Dios le ha encomendado. Así, con lengua de fuego, llama “raza de víboras” a los que se creen salvados por ser hijos de Abraham. Desde su auténtica austeridad está convencido de que el camino del Señor no se construye con palabras, sino con acciones; por eso invita a compartir con el pobre, clama por los que pasan hambre, y exige practicar la justicia evitando toda forma de abuso y de opresión. 

Pero Juan el Bautista no ignora que su destino, como el de todo profeta, está marcado por el rechazo que provoca decir siempre la verdad; invitando a una conversión radical, retando incluso al mismo rey Herodes, y denunciando el abuso de los poderosos. Se trata de un clamor urgente porque el tiempo nuevo se avecina; tiempo en que el Señor quemará como paja a los indiferentes y acomodados. 

Como el profeta, hemos sido llamados para gritar el anuncio de la Verdad a tiempo y a destiempo, no poniendo el acento en la eficacia o en los medios que empleamos sino en la gracia siempre actuante de aquel que nos envió.

Y como Juan, nosotros todos, que somos la Iglesia, debemos tener clara conciencia de ser la voz que clama; el eco de una Palabra más fuerte: Jesucristo, el verbo de Dios encarnado.

Se trata de un compromiso con la verdad que no trata de amoldarse o acomodarse a las realidades cambiantes que nos rodean, y que nos lleva necesariamente a ser signos de contradicción, hasta tal punto que por momentos pudiera parecernos estéril todo el empeño que ponemos en la misión. Cuando escuchamos a Juan queriendo saber: "Eres tú o debemos esperar a otro", no podemos pasar por alto que quien habla está encarcelado, con riesgo de perder su vida, viviendo de pura fe.

Y es que ser profeta no significa tener todo bajo control. Se trata ante todo de no callar, aunque nos dejen solos, de gritar en el desierto, aunque vayamos contracorriente, y de asumir con todas las consecuencias, el testimonio de querer ser fieles a Dios, aun cuando no lo entendemos, cuando nos desconcierta, cuando nos saca de nuestras seguridades. Es, a fin de cuentas, no amoldarnos nosotros al "desierto" en que quiere convertirse nuestra sociedad actual, marcada por ideologías que quieren ocupar el lugar de Dios, y herida por el odio, el egoísmo o la violencia. Se trata de un compromiso de fe, con la verdad, con la historia y con la Iglesia.

Así, contra toda esperanza, quiere el Señor que confiemos en su gracia para seguir siendo la voz que, aunque muchas veces le toque clamar en el desierto, nunca desista en el anuncio ni en la misión encomendada.

La Asociación Cubana de la Orden de Malta ha trabajado aquí en el Sur de la Florida y en varios países del Caribe. Pero, al mismo tiempo, la Asociación Cubana sigue con su compromiso con Cuba y con su Iglesia. La Iglesia en Cuba ha llevado adelante su misión evangelizadora, y en tiempos de mayor aceptación y en otros donde nadie escuchaba, se ha mantenido siendo la voz que anuncia la esperanza y el amor misericordioso de Dios. Y aunque este es el papel de la Iglesia en toda circunstancia, contexto y momento, el testimonio de la Iglesia cubana y sus pastores nos ha edificado.

María, profeta de la esperanza, a quien veneramos como Madre del Amor, Virgen de Filermo, es para nosotros un modelo de fe confiada, en medio de la misión que a todos nos ha querido el Señor encomendar. Que la Virgen nos ayude a mantenernos firmes en la fe y en nuestra misión profética, y nos siga animando a trabajar por los mas pobres que, para nosotros, son nuestros amos.

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