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Día de reflexión de Tejedores de Comunidad

Para conectar organizaciones con personas que las necesiten

Representantes de agencias y organizaciones sociales de nuestra comunidad se reunieron el 29 de septiembre, en el Instituto Jesuita Pedro Arrupe, en Miami para dar marcha al proyecto Tejedores de comunidad del departamento de Acción Social del Instituto Pedro Arrupe.

Fotógrafo: Sammy Díaz

Representantes de agencias y organizaciones sociales de nuestra comunidad se reunieron el 29 de septiembre, en el Instituto Jesuita Pedro Arrupe, en Miami para dar marcha al proyecto Tejedores de comunidad del departamento de Acción Social del Instituto Pedro Arrupe.

MIAMI | Tejedores de Comunidad es un proyecto del Departamento de Acción Social del Instituto Jesuita Pedro Arrupe. Este proyecto surge de la necesidad de conectar a personas con necesidades en nuestra comunidad, con organizaciones y agencias que puedan ayudarles. Además, en nuestras parroquias, en los grupos apostólicos y comunidades existe un gran deseo, entre muchos bautizados, de servir y trabajar por el Reino de Dios, sin saber cómo ni dónde.

Tejedores de Comunidad no busca ser otro movimiento más, ni crear coaliciones, ni mucho menos interferir con el trabajo pastoral de las parroquias. Simplemente, facilitar las comunicaciones de unos con otros, tejiendo redes, anunciado eventos, conectando a las personas entre sí.

En este encuentro había personas con distintas visiones del servicio social que la Iglesia debe brindar.

Cecilia Vicentini, socióloga asesora del CEI, facilitó este encuentro, dividiendo a los participantes en cuatro mesas de trabajo, donde ellos priorizaron las necesidades más importantes y sugirieron algunas organizaciones de ayuda.

La situación más saliente fue la de los inmigrantes, con o sin documentos. Muchos de ellos no se sienten acogidos. No conocen el idioma inglés, ni tampoco el español, ya que provienen de Europa del Este, Asia, África y Oriente Medio. La primera dificultad es encontrar vivienda a precio asequible; eso provoca que varias generaciones de una familia vivan juntas. Otra es encontrar un trabajo que pueda aportar una remuneración adecuada y permanencia, pues muchos realizan varios trabajos para poder vivir. Esto es causa de que estén alejados de los hijos mucho tiempo y de que algunas veces los dejen solos, sin la supervisión de un adulto.

La situación de los menores detenidos sin sus padres, que están en instituciones donde reciben atención elemental de comida, ropa y educación, también es dramática: como no puede ser tocados por un adulto, se están criando sin el calor humano del contacto. Algunos expertos piensan que, cuando sean adultos, podrían sufrir de problemas emocionales.

Otro problema es la carencia de atención médica y el temor de recibir ayuda por miedo a perder el estatus al convertirse en carga pública; aunque en algunos casos sólo se trate de rumores, el temor es insuperable.

Se habló de que sería bueno contar en las parroquias con una Pastoral de Confianza, a donde los inmigrantes pudieran acudir y sentirse acogidos, recibiendo orientación y un catálogo de agencias a donde dirigirse. Esta idea se discutió en el último Sínodo Diocesano, no sólo para los inmigrantes, sino para todos.

A cada participante se le dio como recuerdo un “bolillo”: una aguja que usan los pescadores para remendar las redes.

Las conclusiones serán publicadas por Tejedores de Comunidad próximamente en Facebook y en el “muro” del instituto. Los participantes solicitaron otra reunión para seguir intercambiando ideas.

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