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Benedicto XVI: Un pastor al encuentro de su pueblo

Benedicto XVI ora ante la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, durante su visita a Cuba en marzo de 2012.

Fotógrafo: Archivo

Benedicto XVI ora ante la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, durante su visita a Cuba en marzo de 2012.

Muchos aún recordamos aquella cuenta regresiva para declarar vacante la sede del Papa. Este hecho insólito lo vivieron todos los fieles cuando el Papa Benedicto XVI renunció a ejercer sus funciones, después de ocho años de pontificado.

Fue así que, desde las veinte horas del jueves 28 de febrero del 2013 en Roma, se dispondría todo para la elección del sucesor número 266 de San Pedro.

Si bien en su momento hubo sorpresas y aun críticas, lo que tuvo más peso fue que el Papa se iba después de dar lo mejor de sí y que hubiera reconocido sus limitaciones.

Hoy a este teólogo, ex prefecto pontificio y Papa emérito, lo recuerda el mundo por su setenta aniversario de ordenación sacerdotal. Por lo tanto, también hay que resaltar sus dones de buen pastor, con una vida consagrada a la Iglesia y que, en su etapa de papado, lo llevó a encontrarse con sus ovejas en muchos lugares del mundo, dejando un gran legado con sus gestos y palabras.

 

LAS RAÍCES FAMILIARES

El pontificado de Benedicto XVI, a pesar de haber sido corto en el tiempo, se extendió mucho, mediante las diferentes visitas que realizó para confirmar en la fe al pueblo de Dios y entablar un diálogo con el mundo contemporáneo.

Parte de este tiempo, el pastor universal lo dedicó a viajar y visitar a su grey alrededor del orbe. En efecto, su recorrido alcanzó treinta viajes por Italia —sin contar las muchas parroquias romanas visitadas en su condición de Obispo de Roma—, y veinticuatro viajes a veinticinco países, incluyendo la región de Palestina.

En el primer viaje de agosto de 2005 a Colonia, en su país natal, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), las miradas se centraron en el carisma que “tendría” que demostrar ante los miles de jóvenes que llegaron a escucharlo. Y así se rompió un nuevo mito, donde el Papa encandiló, emocionó, se hizo escuchar... Allí dio un mensaje al mundo al incluir, desde el inicio de sus viajes apostólicos, una audiencia a los representantes de las comunidades musulmanas.

Otro evento de suma importancia fue el V Encuentro Mundial de las Familias, en la ciudad española de Valencia, en el que estuvo presente en julio de 2006. En dicha visita fue inolvidable el encuentro festivo y testimonial con las familias, donde habló y escuchó.

Apenas pudo, programó un nuevo viaje, en septiembre de 2006 a Alemania, el país que lo vio nacer, y volvió sus pasos por los lugares de la infancia, de su vida como consagrado y como catedrático.

Durante dicha visita a Alemania, volvió a su antiguo centro de enseñanza, esto es, a la Universidad de Ratisbona, para el famoso encuentro con los representantes de la ciencia, donde dijo ideas nunca escuchadas de un pontífice sobre Mahoma.

 

EL ISLAM, AMÉRICA Y OCEANÍA

Por ello se destacó que, en un clima de fraternidad con los musulmanes, organizara luego una visita a Turquía a fines de noviembre del mismo año 2006.

Esta tierra, rica de tradición apostólica, fue el escenario para que el Papa tuviera un encuentro privado con el patriarca de Constantinopla, Bartolomé I, que sería el inicio de una fecunda relación sostenida durante todo su pontificado.

También visitó y oró en la Catedral Armenia Apostólica y tuvo un encuentro con Su Beatitud el Patriarca Armenio Mesrob II. Otros encuentros memorables fueron con el Metropolita siro-ortodoxo y con el Gran Rabino de Turquía.

Con motivo de la V Conferencia general del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en Aparecida, Brasil, el Santo Padre realizó su primer viaje transoceánico en mayo de 2007. Allí tuvo la oportunidad de hacerle sentir al continente latinoamericano lo cerca que estaba de su corazón, y donde lo rebautizó como el “Continente de la Esperanza y de la Caridad”.

Posteriormente, en abril de 2008, el Papa Benedicto XVI volvió a cruzar el océano para llegar hasta tierras norteamericanas, donde tenía previsto intervenir ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York.

Allí dirigió un importante discurso en la sede diplomática, donde hizo un llamado a “proteger a la humanidad”, y pudo despedirse de los presentes con un mensaje de paz en varios idiomas, lo que fue acogido con admiración y respeto.

En un nuevo viaje por la JMJ en Sydney, realizado en julio de 2008, el Papa pudo descubrir el rostro de otros jóvenes, que eran los nativos y aborígenes australianos. Una actividad que introdujo en esta y para las siguientes JMJ, fue la celebración del Via Crucis, a través del cual quiso acercar a la juventud a una antigua práctica de piedad y de revalorización de la pasión de Cristo. También empezó a incluir en sus programas apostólicos, la visita a centros de labor socio-caritativa de la Iglesia.

 

EUROPA, ÁFRICA Y TIERRA SANTA

Sin temor, sino sabiendo confrontar los tiempos actuales, el Papa visitó por primera vez a un país de Occidente con fuerte identidad laica, como fue Francia en setiembre de 2008. Allí, el Santo Padre sentó las bases de lo que quería decir al mundo occidental, cuando se encontró con el presidente de la república francesa en el Elíseo, al respecto del rol de la religión, de las Iglesias y del Estado.

Con corazón de padre, Benedicto XVI se dispuso a llegar a tierras africanas en marzo de 2009, esto es, a Camerún y Angola. Allí pudo escuchar y ver las manifestaciones alegres y vivaces de un catolicismo que alaba a Dios con su vida, su arte, y con una liturgia y teología particulares que ha ido madurando bajo el influjo directo del Vaticano II.

Con una actitud que podría decirse de avanzada, y consciente de los retos que afronta la población femenina en Angola y los demás países africanos, se encontró con los movimientos católicos para la promoción de la mujer, que alzaron ante el Papa sus banderas en pro de los derechos humanos, aun en riesgo de sus vidas.

Junto al viaje a Tierra Santa de mayo de 2009, tuvieron mucho simbolismo las visitas a Malta y Chipre en el 2010, reconocidas como cunas del Evangelio. En estas islas del Mediterráneo europeo, el Papa se refirió siempre a la gran relación que ambas tuvieron con el apóstol Pablo. En el caso de Malta, allí pudo orar en la denominada “Gruta de San Pablo”, en Rabat, lugar en que vivió el Apóstol de los Gentiles y desde donde emprendió su plan de evangelización de la isla.

Su visita a la otra isla de tradición paulina, fue Chipre, una isla europea hoy de mayoría cristiana ortodoxa, donde el Santo Padre abrió los brazos de par en par, al invitar a los jefes cristianos a una celebración ecuménica donde, según la tradición, fue azotado San Pablo.

Mención aparte significó el multitudinario encuentro con los jóvenes en la JMJ de Madrid, en agosto de 2011, donde ni la amplia agenda ni la lluvia limitó su acercamiento y conexión con la juventud del mundo entero.

En sintonía con su aprecio por África fue a Benín en noviembre de 2011, donde firmaría la exhortación apostólica postsinodal de la Segunda Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos “Africæ Munus” que tanto aliento y esperanza ha dado a la Iglesia africana.

 

CUBA Y EL LÍBANO

Luego, en marzo de 2012, cruzaría los mares para hacer un inolvidable viaje en dos etapas, a México y a Cuba. En actitud de padre amoroso, les contó a los pequeños mexicanos cómo tres niños mártires en tiempos de la primera evangelización de México —los beatos Cristóbal, Antonio y Juan, de Tlaxcala— descubrieron “que no había tesoro más grande que Jesús”.

Ya en la siguiente parte del viaje, es decir Cuba, en torno al Santo Padre se reunieron —contra todos los pronósticos— miles y miles de cubanos para participar de la Misa en la plaza Antonio Maceo, de Santiago de Cuba, con ocasión del 400 aniversario del hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre en las aguas del Caribe.

Luego el Papa visitaría, de forma privada, el santuario de la Patrona y Señora de Cuba para rezar. Se supo después que uno de los frutos inmediatos de su visita fue la restitución del Viernes Santo como día no laborable en Cuba.

Con su corazón cercano a los pueblos de Oriente Medio, en setiembre de 2012, el Papa llegó hasta el Líbano para hablar de Dios, de paz, de unidad. Sería su último viaje fuera de Italia.

Se recuerda aún el encuentro con los jóvenes en la explanada frente al Patriarcado Maronita de Bkerké, adonde, según los organizadores, llegaron también grupos de una juventud musulmana que exige paz, al igual que sus hermanos cristianos.

El mundo entero tiene la convicción de que el Papa Emérito Benedicto XVI, al cumplir setenta años de ordenación sacerdotal, sigue llevando en su corazón de pastor a cada una de las comunidades eclesiales con las que se encontró durante su pontificado, y sigue rezando por ellas.


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